lunes, 12 de febrero de 2018

Las once magníficas: Robert Capa y el día D

Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, no estabas lo suficientemente cerca.
Robert Capa

El 6 de junio de 1944, el día D, las tropas aliadas lanzaron la operación Overlord. El gigantesco desembarco en Normadía constituía la apertura del tercer frente en Europa, junto al inmenso frente oriental y el estancado frente italiano. Estaba destinado a comenzar la liberación de Francia y abrir el camino de los ejércitos angloamericanos hacia el corazón del Reich.

Entre la mucha nueva tecnología desarrollada en esa guerra no estaban, sin embargo, cámaras de fotos como las que llevamos ahora en nuestros bolsillos. Para registrar de manera visual el desembarco era imprescindible la presencia de fotógrafos; sólo cuatro fueron escogidos para ello: Bert Brandt con las tropas anfibias americanas, George Rodger con las británicas, Robert Landry con los paracaidistas y Robert Capa, también con las tropas americanas.

Robert Capa, como ya sabrán muchos de ustedes, era un pseudónimo que llegó a ocultar a dos personas: al húngaro Endre Ernő Friedmann y la alemana Gerda Taro; adoptaron el alias colectivo durante los años 30 en París, y con él cubrieron la Guerra Civil Española, incluyendo la afamada (y polémica) Muerte de un miliciano. Las fotografías del conflicto mantienen una gran importancia incluso hoy día, por ejemplo con el caso de la vivienda obrera de Peironcely. En general es imposible saber quien realizó realmente cada una de las fotografías firmadas con el nombre de Robert Capa en esos años. Tras la muerte de Gerda en julio de 1937, Friedmann mantuvo el pseudónimo.
Magnum
Llegado el día D, Capa llegó a tierra desde el USS Chase junto a la compañía E del 16ª regimiento de la 1º división de infantería (la Big Red One), en el que se convirtió en el punto más sangriento de la operación y que entró, de hecho, en la leyenda del conflicto y del ejército estadounidense: playa Omaha. La llegada a tierra del fotógrafo se produjo mediante una pequeña ayuda a base de un puntapié en el trasero, debido a que, mientras estaba inmóvil pendiente del desembarco de las tropas que ya avanzaban con el agua por la cintura, el piloto de la barcaza de desembarco pensaba que le estaba dando un ataque de pánico. 

Durante los combates tomó 106 fotografías... de las cuales sólo sobrevivieron once. Tal como cuenta Capa en sus memorias (Ligeramente desenfocado):
Siete días más tarde me enteré de que las fotografías que había tomado en Easy Red se consideraban las mejores del desembarco. Sin embargo, un asistente de laboratorio había aplicado demasiado calor al secar los negativos; las emulsiones se fundieron y se destintaron ante los ojos de toda la oficina de Londres.
A estas once supervivientes (junto a nueve negativos) se las denomina las once magníficas. Magníficas por haberse tomado en la vorágine de la primera oleada del desembarco (imagínense sacando fotos en el entorno que puede verse en la escena inicial de Salvar al soldado Ryan), no porque sean perfectas; de hecho según la revista Life, que publicó las mismas, la baja calidad se debía a que Robert Capa las había tomado “levemente desenfocadas”, expresión que luego se convirtió en el título de sus memorias.
Magnum
Pero, ¿y si esta versión no fuese cierta? John G. Morris, de 98 años, el jefe de Capa durante la contienda como editor de fotografía de Life, parece pensar que realmente sólo se tomaron esas once fotos. 
Ahora parece que tal vez no había nada en los otros rollos. Recientemente, expertos en fotografía han señalado que es imposible arruinar la emulsión en ese tipo de películas solo con el calor. Ahora creo que es posible que Bob mandase todos los carretes a la vez y que sólo en uno de ellos hubiese imágenes.
¿Y como es posible que ocurriera esto? Aunque cuantas menos fotos, más valor tenía cada una de ellas, no parece que hubiera un afán de engaño; es posible que cámaras o carretes sufrieran algún problema, o, simplemente, que la percepción de Capa sobre lo que hacía no se correspondiera con la realidad, con el tremendo estrés que suponía el infierno de playa Omaha. En sus propias palabras: 
La cámara vacía me temblaba en las manos. Era un nuevo tipo de miedo el que me sacudía el cuerpo de pies a cabeza y me crispaba la cara.
Realmente, al llevar dos cámaras distintas (una Rolleiflex de las que se sostienen en la cintura, con negativos de 6x6 cm, para los momentos de calma de los preparativos, y una Contax de 35 mm), sería raro que ambas fallasen, salvo que en el caos del desembarco hubiese algún accidente. Que por cierto, noten que ninguna es la legendaria Leica que tanto asociamos con el fotógrafo.

Hubo tiempo para muchas más fotografías durante la campaña de Normandía, claro; incluyendo alguna que, por suerte, nunca pudo tomarse. Tal como relata Antony Beevor en El día D: La batalla de Normandía, durante la Operación Cobra, destinada a romper el frente en el que estaban atascados los aliados casi dos meses después del desembarco, el bohemio Ernest Hemingway, otro de los cronistas de los hechos, se topó con Robert Capa.
Hemingway escribió a su enésima esposa, Mary Welsh*, hablándole de la «vida muy alegre y divertida [que llevaba], llena de muertos, botines de alemanes, un sinfín de tiros, un sinfín de peleas, setos, pequeñas colinas, caminos polvorientos, paisajes verdes, campos de trigo, vacas muertas, caballos muertos, tanques, cañones de 88 mm, Kraftwagen, y chicos americanos muertos». No tardó en unírseles Robert Capa, al que estuvo a punto de matar cuando se perdieron y toparon con un cañón antitanque alemán. Hemingway, que tuvo que buscar refugio en una zanja bajo un intenso fuego, luego acusó a Capa de no haberlo ayudado en plena crisis sólo para poder «tomar la primera fotografía del cadáver de un escritor famoso».
Magnum
Sea como fuere, las fotografías de Capa son auténticos iconos de los conflictos del siglo XX: Aunque adjuntamos en el post algunas de las once magníficas, pueden ver el trabajo de Capa en Normandía en la página de la agencia Magnum, de la cual fue uno de los confundadores.

*Beevor comete aquí un error, aunque en otros párrafos del libro sí aparece correctamente. Mary Welsh se casó con Hemingway en 1946; durante la guerra el escritor estuvo casado con Martha Gellhorn, si bien desde mayo del 44 ya mantenía un romance con su futura cuarta esposa.  

2 comentarios :

  1. Hola.
    Acabo de descubrir este interesante blog. No soy historiador, pero me encanta la Historia (especialmente, los misterios que en ella podemos encontrar y la Historia militar).
    Tremendas las fotos del gran Capa. Y tremendo lo que tuvo que vivir en aquella maldita playa aquel maldito día.
    Un saludo desde Oviedo.

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    Respuestas
    1. Nos alegra que te haya gustado. Saludos de otro ovetense, aunque exiliado ;)

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