lunes, 30 de enero de 2017

PhD Survivor (V): Qué y cuando publicar en humanidades. Transitando por Calle Melancolía.

En la anterior entrada Miriam nos dio recursos e indicaciones para publicar de manera efectiva y orientada. La verdad es que el primero que aprendió del mismo fui yo y espero que os ayudara a otros muchos. Sin embargo, también despertó una de mis pesadillas más recurrentes en los últimos tiempos, la cual no es otra que la obligación que se nos impone de publicar en una alocada carrera, que no sé muy bien a quien beneficia.

Hay que publicar, pero no en cualquier sitio, pero no cualquier cosa, pero procura que sean cuantos más mejor. Artículos con impacto... ¡Publica, publica y publica!. ¿Pero qué y con qué profundidad? Amigos y amigas, eso es harina de otro costal. Ya he hablado en otras ocasiones que en el ejercicio de la escritura no baja una musa y te dicta al oído el texto. Y ése es un problema y no el primero. Escribir es tarea ardua, lenta, delicada y no siempre grata.

El primer problema, más bien tarea, es documentarse de un tema en concreto. Y documentarse no es pegar un wikipediazo y leer un par de blogs. Documentarse sobre un tema es leer durante años para poder saber sobre el mismo. Saber viene del latín sapere, que es tener inteligencia, tener buen gusto. De la misma raíz que saber viene saborear y, sin consultar ningún diccionario, entiendo que saborear es masticar despacio, intentar sentir todos los sabores que el alimento nos proporciona. Saborear es distinto que engullir, todos estaremos de acuerdo, y engullir lo único que produce disfunciones en nuestro cuerpo. ¿Por qué nos empeñamos en engullir conocimientos?
Los libros se saborean. Fuente: Bibliotecas unileion.es
Saber es saborear conocimientos. Ingerirlos despacio, digerirlos, hacerlos nuestros, razonar y relacionar. No es engullir conocimientos sin criterio alguno. Es obvio que para saber necesitamos tiempo, calma y recursos. Y antes las fuentes eran limitadas, las áreas de saber estaban acotadas. Ahora estas y aquellas llegan casi hasta el infinito. Cada vez que ponemos en redes sociales un nuevo archivo digitalizado, un nuevo recurso en línea, vemos que se comparte mucho. Yo me pregunto cuándo, de qué manera, podremos absorber todo lo que se ofrece. Todos coincidiremos que ni diez vidas valdrían. 

Queremos generar conocimiento y que éste sea de calidad e inmediato. Una cosa o la otra. Como decía mi abuela: ¿echamos arroz o comemos? Cuando inicias un tema en un principio lo tienes acotado, pero pronto te apercibes de que el tema se ramifica casi hasta el infinito. Claro que hay que acotar, pero pronto tienes la sensación que callas más que dices, que tu trabajo tendría mucho más valor si tuviera el tiempo necesario para ello. Si no tienes esta sensación es que algo haces mal. 

Pongo un ejemplo. En la carrera leí, unos libros de esos que marcan, Cultura y melancolía. Las enfermades del alma en la España del Siglo de Oro de Roger Bartra. Y no es un libro que trate de un tema menor, como dice el resumen; "El autor nos ofrece un brillante ensayo sobre la melancolía como piedra fundacional de la cultura moderna y su eclosión en la España del Siglo de Oro". Allí quedó aquella lectura, pero años después, en mis distintas lecturas en torno a la brujería, me he cruzado en muchas ocasiones con el tema de la melancolía. Mi interés sobre el tema renacía y  mucho he leído sobre el tema, pero tengo desde hace años tres libros sobre la melancolía a los que no me he podido ni acercar. Y eso me crea enorme desasosiego. 
Durero, Melancolía I. Fuente: Wikipedia.
Nos empeñamos en asociar conocimiento con productividad. Mercantilizamos el saber, lo cuantificamos, y el saber tiene más que ver con el trabajo de un orfebre que con una hamburguesa de cadena rápida. Su artículo, gracias. ¿Con o sin ketchup?. ¡Siguiente! ¿De verdad que creemos que es un modelo adecuado? 

Stuart Clarck ganó con su libro Thinking with Demons el premio The Gladstone History Book Prize en 1997 y se ha convertido en un libro de inexcusable referencia. ¿Sabéis cuánto tiempo tardó en redactar el libro? ¡Nada menos que treinta años! No ha publicado nada en treinta años y fruto de toda una vida tenemos un libro que tardará décadas en ser superado y que dará lugar a otros muchos trabajos de nuevos investigadores.
Stuart Clark, Thinking with demons.
Oxford University Press
A lo mejor puse un ejemplo extremo. Lo sé, pero creo que un buen trabajo necesita quizá no treinta años, pero sí reposo y tranquilidad. Unido a esto hay una una cuestión que tampoco es desdeñable. ¿Cuánto dinero consigues publicando? Nada o casi nada. Y sabréis que los señores de las empresas de gas, de electricidad o de alimentación tienen la extraña costumbre de cobrar. Con ello quiero decir que escribir y publicar siempre será una tarea complementaria a tu trabajo principal que no tiene por qué estar relacionado con tu área de investigación. Primero la paliza de tu trabajo y luego en tu tiempo libre (¿?) a darle a la tecla. Otra sorpresa; los que escribimos tenemos vida, parejas, hijos o amigos y tenemos la necesidad de dormir unas pocas horas. Lo imprescindible para tirar al día siguiente. 

Alguien podrá decir que nadie nos obliga a ello, que nos dediquemos a otra cosa, pero, sinceramente, es nuestra vida y lo que nos apasiona. A pesar de lo anteriormente dicho, que te inviten a trabajar en un volumen o en un congreso es un privilegio. No lo olvido ni me quejo por ello.  Este artículo es, simplemente, una llamada a la racionalidad. Por el bien de la ciencia, sea histórica o de otro tipo, y por la dignificación de la misma. 

Vuelvo a mis artículos. Feliz Semana a todos. 

jueves, 26 de enero de 2017

Los límites del Imperio. Una arqueología comparada (Museo Arqueológico Nacional, 21/12/16)

Invitación del MAN.
Tras la estupenda experiencia en Arqueonet, el pasado 21 de diciembre nos dejamos caer de nuevo por el Museo Arqueológico de Madrid, esta vez para asistir a una mesa redonda cuya temática llamó nuestra atención casi al punto: ¡Arqueología comparada en la Edad Moderna! 

Los que nos dedicamos al estudio de esta época somos conscientes de que no todo está en las fuentes escritas y que, aunque nos duela levantar la vista de nuestros queridos «papelajos», a veces es preciso mirar más allá de éstos. Pocas veces, sin embargo, tenemos la ocasión de entrar en contacto con nuestra disciplina «hermana» por antonomasia; no es de extrañar por tanto el lleno incontestable que experimentó la Sala de Conferencias del MAN desde las 18.00 de la tarde. El encuentro se inserta además como parte de un ambicioso ciclo de conferencias La arqueología española en el exterior, fruto de la colaboración del museo con diversas universidades (UAH, URJC y UNED).

Dado que muchos de vosotros nos lo pedisteis por las redes sociales por la imposibilidad de poder asistir, vamos a aprovechar la entrada de hoy para daros a conocer 3 interesantes casos de estudio relativos a la presencia global de la Monarquía Hispana en los siglos XVI y XVII: 

En 1527, 1567 y 1626 se fundan respectivamente los fuertes de Sancti Spiritu (Argentina) y San Juan (EEUU) y la colonia de San Salvador de Quelang (Taiwan). Estos tres acontecimientos y sus rápidos y en ocasiones dramáticos desenlaces representan hitos en la historia transoceánica de la Corona española entre Carlos I y Felipe IV. 

Tal y como manifestó el moderador Pedro Díaz del Río (CSIC) al comienzo de la sesión, la mesa redonda pretendía reunir a distintos profesionales con formación en diferentes disciplinas (tales como historia, arqueología o antropología) a fin de abordar el reto de construir una auténtica «historia global» en torno a este complejo periodo.

Algunos de los materiales europeos recuperados (Gustavo Frittegotto)
La presentación del primer caso estuvo a cargo de Sergio Escribano Ruiz (Universidad del País Vasco), quien nos expuso los resultados de uno de estos costosos e importantes proyectos de índole internacional: el fuerte de Sancti Spiritu, primer asentamiento europeo estable en la zona de Río de la Plata (actual Argentina), fundado por la expedición de Sebastián Caboto en 1526

Hasta 2006 la historia del fuerte y sus circunstancias bebía únicamente de las fuentes escritas, ya de por sí escuetas y sesgadas a favor de los propios exploradores. Las campañas de 2010 y 2012 proporcionaron, en cambio, una rica secuencia histórica del lugar con testimonios constructivos precoloniales, el descubrimiento material del propio fuerte y la reocupación indígena del lugar tras su violenta destrucción a los pocos años (1529).

Situación del yacimiento en la localidad de Puerto Caboto (Fortalezas.org)
Por todo ello, Sancti Spiritu supone una evidencia material de valor incalculable para el estudio de los tempranos contactos sociales entre los europeos y las poblaciones americanas. Antes de la llegada de Caboto, la zona ya estaba poblada por diversas gentes (timbúes, chanás, guaraníes,...), las cuales con el tiempo se posicionaron tanto a favor como en contra de los recién llegados. La propia expedición estuvo conformada por alrededor de 220 personas, entre las cuales podemos encontrar italianos, franceses o españoles.

Si estáis interesados en consultar el informe completo de la excavación, llevada a cabo de forma conjunta entre Argentina y España, dejamos por aquí el enlace. Por lo demás, destacamos la importante reflexión que dejó Sergio Escribano en torno al valor que debe tener este tipo de intervenciones arqueológicas más allá del mero afán investigador. Paralelamente al trabajo de campo de los arqueólogos, se llevaron a cabo en la localidad pesquera de Puerto Caboto distintas iniciativas enfocadas a la educación y al desarrollo local con el objetivo de involucrar de forma activa a los habitantes en la reconstrucción de su propia historia.

Mapa de Gerónimo Chaves (1584) (Newberry)
Tras Escribano le llegó el turno al antropólogo Robin A. Beck (Universidad de Michigan) quien, tras lanzarse con una simpática presentación en español, dio el resto de su ponencia en inglés sobre el fuerte San Juan de Joara (Carolina del Norte). 

El profesor comenzó aludiendo a la grave amnesia cultural que existe en Estados Unidos sobre su temprano pasado «no inglés», para continuar con un ameno repaso al contexto histórico de la intensas expediciones españolas por al área del río Mississippi durante la segunda mitad del XVI.

La de Joara es, de hecho, una fortificación levantada en 1567 al pie de los montes Apalaches a las órdenes del capitán Juan Pardo, quien había sido enviado por Felipe II para llevar a cabo la colonización de la zona y dar con una ruta segura que la uniese con el norte de México. Se trata del fuerte europeo más antiguo del interior de Estados Unidos, 40 años anterior a la fortificación de Jamestown, el primer asentamiento inglés. 

Pero tal y como ocurr con el caso anterior de Sancti Spiritu, al poco tiempo (18 meses) San Juan también fue destruido por la oposición nativa, dando un frenazo importante a las actividades futuras de la Corona en la zona. Y así quedó olvidado hasta 2013, cuando se da comienzo a las primeras excavaciones del equipo integrado por Beck y los suyos. 

Gancho metálico que sujetaba la vestimenta de los españoles (Materia)
Hasta el momento los investigadores han dado con 4-5 estructuras entre las que se encuentra una torre, una cocina de estilo europeo y parte del foso defensivo del fuerte. Se especula con la existencia de una especie de plaza, y hasta un templo, dentro del área estimada. 

Los materiales y prácticas constructivas utilizados se han revelado de raíz local (poniendo de manifiesto que los trabajadores procedían del poblado indio de Cuenca); sin embargo, las herramientas que utilizaron para tales efectos ya no eran de piedra, sino metal. Entre los utensilios europeos hallados entre los restos del derrumbamiento han podido hallar clavos de hierro, munición de arcabuz, cerámica decorada y ganchos para sujetar vainas de espada al cinturón.

La última intervención correspondió a María Cruz-Berrocal (Universidad de Konstanz), quien nos presentó los últimos resultados de la excavación de San Salvador de Qelung (Taiwán) en el marco del ambicioso proyecto Arqueología colonial del Pacífico, inaugurado en 2011. Al igual que los otros dos ponentes, la arqueóloga partió de una serie de cuestiones: ¿cuál fue la presencia española en este ámbito geográfico? ¿Por qué esta experiencia ha quedado invisibilizada en la historiografía? ¿Qué relevancia tuvieron estos primeros contactos? 

Efectivamente, la presencia constante de españoles y portugueses en el Pacífico se adelantó en muchos decenios a expediciones supuestamente tan «pioneras» como la del capitán Cook y similares durante el siglo XVIII. Los intereses en la zona se movían entre la evangelización, el comercio y la neutralización de enemigos protestantes. Lejos de tratarse de una cuestión anecdótica, Cruz-Berrocal reivindicó la importancia del llamado «Pacífico global», cuyo estudio cree que debe ser capaz de equipararse en adelante al nivel de interés mostrado tradicionalmente por América. 

Arqueólogos trabajando en el muro de la iglesia (Historia y Arqueología)
Buen ejemplo de ello es la isla de Formosa (Taiwán), óptima vía hacia China, donde se constata una importante presencia española entre 1624 y 1642, momento en que resulta finalmente conquistada por los holandeses. 

La investigación del equipo de Cruz-Berrocal se centra en uno de los asentamientos más importantes, el situado en la localidad actual de Hoping Dao. Pero no en el área del fuerte en sí (donde en 1939 prácticamente se barrió la zona para colocar un astillero japonés) sino en una parte algo más alejada, hoy ocupada por el párking público de un vecindario. 

Primer sujeto europeo en postura católica (Historia y Arqueología)
En aquel punto, la excavación reveló un rico sustrato neolítico local. También se dio con los primeros restos europeos: un muro que resultó ser parte de una iglesia con contrafuertes: el Convento de Nª Señora de Todos los Santos. Este monumental edificio dispuso de torre y cementerio asociados. Aquí se han hallado más restos importantes, siendo de gran interés tanto la diversidad étnica de los allí enterrados, como las diferentes posturas «religiosas» de los sujetos o la simbiosis material en los ajuares que los acompañan.

Desde aquí sólo nos resta decir que disfrutamos muchísimo de todas las intervenciones y que esperamos que el MAN continúe por esta vía a fin de visibilizar y dar a conocer estos y otros importantes proyectos de relevancia internacional. Como única pega, nos hubiera gustado que los ponentes hubieran dispuesto de más tiempo para realizar una breve puesta en común acerca de las similitudes y diferencias entre sus respectivos casos de estudio, separados en tiempo y espacio. 

Cruz-Berrocal durante su intervención y cabeza de servidora al centro (MAN)
Recogemos por tanto algunas brevísimas reflexiones, aunque sea «al vuelo». En primer lugar, se vuelve a constatar la importancia de la arqueología para evitar el sesgo de las fuentes escritas (problema especialmente visible en los casos de Sancti Spiritu y Joara, donde se omiten conscientemente ciertas acciones o episodios). 

La segunda idea tiene que ver con la eliminación de esta temprana experiencia de españoles y portugueses por relacionarla con una determinada concepción de «atraso»: tanto por cuenta propia (la ocultación del «fracaso» por parte de la historiografía española triunfalista); como ajena (a partir de la cual toman más tarde la delantera ingleses y franceses con la publicación de sus descubrimientos. El de Taiwán y Joara son dos buenos ejemplos que tratan de reivindicarla y normalizarla dentro del conjunto de la historiografía. 

La tercera reflexión tiene que ver con los problemas que presenta equiparar el caso de la Monarquía con el modelo de imperialismo contemporáneo, ya que no compartieron las mismas condiciones demográficas y materiales. Esta última podría ser la causa de que, a diferencia de la homogeneización característica del segundo, en los siglos XVI y XVII sea más habitual hallar una especie de multiculturalismo «por necesidad».

lunes, 23 de enero de 2017

PhD Survivor (IV): Cómo y dónde publicar en humanidades

Hace unos meses ya comenzamos con una entrada, realizada por mi compañera Iris, sobre los perfiles de autor, el primero de los talleres que estaba realizando la Biblioteca de Humanidades de la Universidad Autónoma de Madrid, para guiar a los investigadores noveles hacia "un futuro más próspero" - o eso cree una servidora -. Antes de acabar el pasado año, asistimos a otro de los talleres que habían organizado sobre la publicación en Humanidades. De esta manera, en el post de hoy nos vamos a adentrar en ese mundo fantástico y que te dan quebraderos de cabeza sobre el modo de elegir una buena revista en la que publicar nuestras investigaciones.


Portada del taller (Biblioteca de Humanidades-UAM)

A través de la publicación se muestran los resultados de cualquier investigación llevada a cabo, ya sea individual o colectiva, a través de artículos, libros, capítulos de libro o cualquier medio de divulgación. Sin embargo, hoy día, la difusión impresa ha descendido a un segundo lugar de difusión en pro de la difusión digital.

Antes de todo, hay que tener un plan de publicaciones, lo más diverso posible pero al mismo tiempo hay que tener cuidado con divulgar, de forma reiterada, en los medios de la institución que uno pertenece y/o colabora. Generalmente, salvo que haya problemas de extensión o sea un tema muy complejo, el número de autores deben de ser como mucho dos y el responsable de esa investigación debe de estar colocado como primer autor.

Antes de publicar en cualquier revista, hay que seguir estrictamente las normas de los autores de las diferentes publicaciones periódicas en nuestros manuscritos.

¿Cómo elegimos una buena revista para publicar?

Podemos seleccionarlo en base a dos circunstancias: por un lado, tener "buenos" contacto que regularmente publiquen en alguna revista de "prestigio" o utilizando los medios de divulgación de nuestra institución. No obstante, para no divulgar nuestras investigaciones en los mismos medios de difusión, hay que tener en cuenta lo siguiente:
  • Buscar y filtrar la información de diversas bases de datos para ver cuál es la adecuada para nosotros, en base a nuestro tema de especialización. Para ello podemos utilizar algunas bases de datos como Scopus, Periodicals Index Online o ya especializada en nuestro campo (Historia): Historical Abstracts. A través del contenido de esas bases de datos podemos observar la especialización temática de cada revista - según el número de artículos que tiene - y consecuentemente, publicar en esas revistas o no, según nos convenga. En el caso de libros, a través del SPI (Scholarly Publishers Indicators), podemos ver las temáticas en las que se especializan las diferentes editoriales.
  • Seleccionar las revistas o libros que tengan mayor impacto y/o prestigio editorial. Pero ¿cómo sabemos que la revista tiene impacto? Principalmente, una revista tiene un cierto índice de impacto a través de dos bases de datos: WOS (Web of Science), SJR (Scimago Journal Rank). A diferencia de SJR, en WOS hay que pertenecer a una institución que esté conectado con dicha página para poder tener la autorización.
Podríais decir, eso está muy bien y tal pero podríamos preguntarnos ¿es lo mismo impacto que calidad? A lo que yo respondería si pero no. Una revista puede tener un gran impacto y generalmente será de buena calidad. Sin embargo, todo depende de la base de datos que utilices porque englobará dicha revista en una determinada letra alfabética y ésta es la que puede variar según la base de datos utilizada. El índice de calidad de cualquier revista se divide entre: A+ (que sería la mejor calificación) hasta la letra D (la calificación más deficiente).

Hay numerosas páginas que nos indican dicho índice pero las que más destacan son tres: C.I.R.C, MIAR y Latindex. En las primeras dos podemos ver los índices de calidad tanto de revistas españolas como internacionales (de cualquier especialidad). No obstante, en el caso de Latindex, sólo nos aparecerán información de revistas de Latinoamérica, el Caribe, Portugal y España. ¡OJO! Siempre hay que realizar la búsqueda en varias websites por si en alguna de ellas no apareciese la revista que queremos encontrar.
  • Comprobar las políticas de derechos de autor de la revista o libro en cuestión. Para la primera tenemos dos formas para ver las políticas de copyright, dependiendo si la revista es internacional o no. En el caso de serlo, a través de SHERPA/ROMEO podemos ver las condiciones de cada revista y los derechos que el autor tiene para publicar antes o después su manuscrito. Veamos un ejemplo: En la búsqueda de la revista Economic History Review aparecerá el siguiente cuadro:
Muestra de la búsqueda de la revista Economic History Review (SHERPA/ROMEO)

Según esta revista, los autores de cada artículo puede subir la versión pre-print (la anterior a la revisión por pares de la revista) a cualquier página como Academia.edu o cualquier web personal en la nube, pero después de haber pasado dos años. Sin embargo no podrá mostrar el artículo con la versión del editor.

Para las revistas españolas, tenemos una página web similar a la anterior llamada DULCINEA en el que también podremos saber los derechos que tenemos como autores de un artículo.
En el caso de buscar una de ellas como es la famosa Hispania, Revista de Historia, vemos lo siguiente:

Muestra de la búsqueda de la revista Hispania (DULCINEA)

Para ver cuándo podríamos publicar nuestro artículo de esa revista, en la ficha completa vemos toda la información. Para la revista Hispania, se puede subir el post-print inmediatamente después de su publicación en la versión editorial pero únicamente a la pagina web personal o a los repositorios institucionales.

Os ha podido llamar la atención eso de color: azul que aparece en esta última revista. ¿Qué significa? os preguntaréis algunos. Pues yo os doy la solución: los colores que aparecen tanto en la página de DULCINEA como en la de ROMEO, nos indican qué es lo que podemos divulgar de nuestras investigaciones en los diversos medios de publicación. Los colores tanto para uno como para otro son los mismos:
  • Gris: No se conoce la política de autoarchivo por parte de la revista o está sin actualizar.
  • Blanco: La revista NO permite el autoarchivo de los artículos.
  • Amarillo: La revista permite subir únicamente el pre-pint de cada artículo. Habría que ver cuándo se puede subir a través de la información que nos da cada revista.
  • Azul: La revista nos permite subir el post-print del artículo. Al igual que en el anterior, habría que ver en la propia revista cuándo es el momento propicio para realizarlo.
  • Verde: Los autores pueden subir el pre-print o el post-print.
Hasta aquí todo va bien y os podéis hacer la siguiente pregunta ¿y para los libros no hay nada? Error.
En el caso de los libros, es algo diferente. Una vez que realizas el contrato con la editorial se te exponen los derechos sobre él. Si no tenemos conocimiento de ello, después de la publicación de la obra, podemos intentar contactar con la editorial para que nos resuelva esas dudas. No obstante, si la editorial es de acceso abierto se puede localizar en DOAB o MELIBEA para ver qué derechos como autores tenemos en cada editorial que esté indexada en dichas páginas.
Logos de las bases de datos DOAB y MELIBEA

Como veis, el mundo de la publicación es muy arduo y complejo. Para los que subían, sin miramiento alguno, cualquier publicación a la nube, ya sabéis que hay que tener cuidado porque si se incumplen las normas de la editorial o revista nos podemos meter en un berenjenal (y de los gordos). Espero que estas nuevas herramientas os ayuden en el futuro y de nuevo, como en el anterior post explicó mi compañera Iris, gracias a Manuel Lorite por esta gran iniciativa y a la Biblioteca de Humanidades de la Autónoma, por ayudar a realizarla.

jueves, 19 de enero de 2017

«Silencio». La épica jesuita tras lo nuevo de Scorsese (2016)

Cartel promocional (Wikipedia)
Como historiadora amante del periodo —y ya bastante harta de las (malas) variantes de ficción al estilo Águila Roja—, el estreno de una película que tenga que ver con los siglos XVI y XVII es ya de por sí un poderoso aliciente para encaminarme al cine más cercano. Pero si además ésta se sale de las típicas «batallitas», tradicionalmente sobrerrepresentadas dentro del género del drama histórico, una ya se las promete bien felices, cual gorrina en lodazal.

Desde el apresurado tráiler lanzado el pasado mes de noviembre supimos que Silencio, por el contrario, nos prometía ahondar de la mano de Martin Scorsese en la fascinante y aún poco conocida historia de un descubrimiento mutuo: las interacciones entre Europa y Asia en los márgenes de la primera globalización. En concreto, la película narra el trágico destino final de la misión jesuita en Japón, la cual vive sus últimos momentos entre violentas persecuciones por parte del shogunato Tokugawa entre 1605 y 1639.

Esta película nos brinda, por tanto, una muy buena oportunidad para volver a ver en acción a la Compañía de Jesús tras aquélla otra gran película de 1986 que fue La Misión. Pero antes de dar rienda suelta a mi evidente entusiasmo, quiero avisaros de que se trata de una película larga, densa y de ritmo lento (aproximadamente en torno a las 2 horas y media). Las tribulaciones de fe del principal protagonista, el padre Sebastião Rodrigues (Andrew Garfield), quizá tampoco sean del interés de todo el mundo, se considere una persona religiosa o no.

Última edición en Edhasa (2009)
Sin ánimo de entrar en cuestiones técnicas, por la parte que me toca como historiadora he de darle a la película un rotundo sobresaliente, tanto en ambientación como en el tratamiento de un contexto histórico tan rico y complejo. Es de justicia reconocer que éste no es tanto un mérito que debamos al propio Scorsese como a la obra homónima original que adapta, autoría del japonés Shūsaku Endō (1966); pero, tal y como hizo Roberto el pasado año con el análisis de La Bruja (2016), cuando las cosas se hacen bien hay que manifestarlo las veces que haga falta.

Todos los diálogos, además, están cuidadosamente trufados de referencias históricas o personalidades conocidas sin dar esa irritante sensación tan habitual en la ficción de que te están impartiendo una obligada clase de Historia. No obstante, reconozco que sólo alguien que esté mínimamente familiarizado con estos detalles le sacará todo el partido que encierra; de lo contrario, se volverá una película definitivamente reiterativa y hasta tediosa (como creo que así ha ocurrido, en general, a pie de butaca).

Pues bien, tras recomendaros no seguir leyendo en caso de que aún no la hayáis visto, en esta entrada intentaré ahondar en algunas de las cuestiones que más me llamaron la atención y que aparecen muy bien representadas en la película a través de los diferentes personajes (tengo pendiente aún la novela y sé que en algunas partes difieren sustancialmente).

Presentemos primero a nuestro dúo protagonista de ficción, los padres Rodrigues y Garupe, jóvenes miembros de la disciplinada Compañía de Jesús, fundada entre 1538 y 1541. ¿Qué tenía esta nueva orden de especial entre todas las que se lanzaron a la fiebre misionera durante la llamada Época de los Descubrimientos? Para empezar, hacia mediados del siglo XVI y al calor de la Contrarreforma, los jesuitas se habían convertido en los nuevos «gallos del corral» eclesiástico. Se diferenciaban en mucho de las pretéritas órdenes mendicantes (carmelitas, franciscanos, dominicos y agustinos), a las que había correspondido hasta el momento la evangelización de América a las órdenes dictadas por los reyes de Portugal y Castilla.

Retrato de Loyola en armadura (Wikipedia)
Y es que estos señores de voluntad combativa no obedecían más autoridad que al Papa de Roma, sirviendo de facto como agentes directos en la evangelización de las nuevas tierras que los galeones desvelaban a su estela. El Pontífice podía de este modo comenzar a «olvidarse» de su tradicional dependencia hacia las monarquías ibéricas a la hora de hacerse cargo de este tipo de empresas. Así, pese a la cuidada planificación de Felipe II, la hipotética y ambiciosa Conquista de la China Ming ya no correspondió a la Monarquía, sino que se dejó en las manos de tan peculiares «tropas».

Los jesuitas no tardaron en sobresalir como lo más granado que tenía la Iglesia católica del momento: aparte de ser cultísimos y formados, demostraron poseer una adelantada visión «empresarial» así como un espíritu inquebrantable ante las dificultades (no perdamos de vista que muchos de ellos habían sido ex-soldados, como el propio fundador de la orden, san Ignacio de Loyola). 

Estos misioneros jesuitas no sólo viajaron por todo el globo durante los siglos XVI-XVIII conformando una orden de fuerte carácter «internacional» y diversidad de nacionalidades entre sus miembros. También fueron los que más se «molestaron» por aprender diferentes lenguas e «integrarse» en las costumbres de sus futuros conversos, legándonos a los historiadores auténticos tratados de antropología del momento.

Valignano al pirncipio de la película (IMDb)
Durante toda la segunda mitad del XVI, entre intereses tanto religiosos como mercantiles, los jesuitas se convertirán en los intermediarios por excelencia entre los europeos y las civilizaciones autóctonas dentro del tablero asiático. En este sentido, la película nos muestra el curioso —por anacrónico— cameo del padre Alessandro Valignano. Desde Goa, la joya colonial del Imperio portugués en India, este jesuita de origen napolitano fue históricamente otra figura clave en la organización y estructuración del papel de la Compañía en Asia. En 1582 envió la primera delegación oficial de japoneses a Roma (Embajada
Tenshō), a fin de mostrar en la Cristiandad los frutos de su esfuerzo evangelizador (y pedir nuevas fuentes de financiación para proseguirla). Ciertamente, en 1639 el Valignano histórico llevaba muchos años muerto y enterrado (1539-1606), pero la inclusión del personaje de Ciarán Hinds en la película nos parece todo un acierto, pues conserva todo el carácter y significado de su figura.

Garupe y Rodrigues en Macao (CLTURE)
Sin embargo, cuando Rodrigues y Garupe (Adam Driver) emprenden su viaje a Japón en 1639 para dar con el paradero de su mentor, el padre Cristóvão Ferreira (Liam Neeson), deben hacerlo clandestinamente, pues aquellos días dorados de la Compañía en Asia han pasado hace tiempo. Temeroso de posibles intentos de invasión por parte de las potencias europeas con las que antaño había estado muy interesado en comerciar a cambio de armas de fuego, en 1606 el shogunato Tokugawa se veía lo suficientemente fuerte tras la reciente reunificación del país como para decretar la ilegalización del cristianismo.

Esta nueva actitud de hostilidad, evidentemente, no sólo respondía a cuestiones meramente religiosas. Los jesuitas habían sido incapaces de evitar cierto grado de implicación en la política japonesa al influir en los poderosos daimyō de las islas Kyūshū. Más tarde, la llegada de franciscanos españoles desde Filipinas en la década de 1590 hizo que la relación con el gobierno japonés se enrareciera aún más, pues estos «frailes idiotas» —como solían mofarse de ellos los propios jesuitas—, centraron su labor misionera en la evangelización de miserables, pobres y campesinos. La creciente influencia del catolicismo militante comenzó a percibirse como un claro elemento desestabilizador y hasta subversivo, pues no sólo amenazaba potencialmente el orden político, sino también la propia estructura social interna.

Inoue Masashige (Issei Ogata)
Así pues, en 1614 se promulgó oficialmente la prohibición completa de esta religión a todos los japoneses, momento en que se calcula la existencia de unos 300.000 conversos. Durante los años siguientes, el Bakufu fue decretando progresivamente la expulsión del país de todos los europeos: los últimos fueron los portugueses en 1638 tras la multitudinaria Rebelión campesina de Shimabara, acusados precisamente de espolearla. Mas sólo fue bajo el decidido shōgun Tokugawa Iemitsu (1604-1651) cuando realmente se hicieron efectivas las sucesivas prohibiciones y se terminó expulsando a todos los europeos de Japón (fueran religiosos o no), con la única excepción de los comerciantes holandeses de Dejima.

La erradicación de los últimos reductos de cristianismo autóctono fue lenta pero segura, entre una mezcla de persuasión y violencia que se puede apreciar muy bien en la película. El método del «palo y la zanahoria» queda particularmente bien personificado en la figura del astuto Inquisidor Inoue Masashige (1585-1661), personaje histórico «célebre» tanto por su persistente persecución del cristianismo, como por los rumores de haber sido amante del propio Iemitsu.

Recibimiento en la aldea de Tomogi (The Fan Carpet)
Precisamente, el arma arrojadiza de Inoue para doblegar a Rodrigues son los propios kakure kirishitan, o campesinos japoneses que profesan el cristianismo en la clandestinidad. Mónica (Nana Komatsu), Mokichi (Shynia Shukamoto), Ichizo y los demás aparecen como dignos y serenos mártires que incluso hacen dudar de la fortaleza de su fe a los propios sacerdotes. 

No obstante, tanto Rodrigues como Garupe los contemplan de una forma compasiva, mas no exenta de paternalismo (pues «viven como bestias»). Esta actitud, por otra parte, no era extraña en los jesuitas. Desde el principio, evangelizar directamente al pueblo les parece una idea descabellada y, cuanto menos, muy poco práctica. Sus esfuerzos allí, como lo estaban así mismo en Europa, iban más dirigidos a la cúspide social y a la educación de las élites; estableciendo alianzas y acuerdos comerciales con distintos daimyō y señores en la parte suroeste del país se esperaba que ellos mismos convirtieran al cristianismo a sus respectivos vasallos.

El sincretismo religioso en sus creencias es otro aspecto muy interesante que muestra la película, así como su obsesión por llegar al Paraíso, por el que preguntan insistentemente imaginando un lugar donde no existe el hambre, la enfermedad o el trabajo de sol a sol. ¿Podría no faltarle cierta razón al padre Ferreira al afirmar que en realidad no creían en el Dios cristiano? El abandono de estas comunidades a la más estricta clandestinidad hizo que con el paso del tiempo acabaran desarrollando un curioso cristianismo, altamente «contaminado» por elementos autóctonos.

Rodrigues imaginándose como Jesucristo (Aleteia)
No quiero echar el cierre a este ya extenso repaso sin hacer justa mención al para mí, conmovedor viaje interior del protagonista, el padre Rodrigues. A diferencia de buena parte del elenco que lo acompaña, Rodrigues no es un personaje histórico, si bien parece estar inspirado en el jesuita italiano Giuseppe Chiara (1602-1685). Como prototipo del jesuita ejemplar, Rodrigues se visualiza constantemente a sí mismo encarnando el ejemplo del Salvador durante las diferentes etapas de su periplo por Japón. Incluso cuenta con su Judas (el pescador Kichiyiro) y su tentador Satán (Inoue) particulares. 

Como bien se muestra en su diálogo con el «caído» Ferreira, Rodrigues comparte en gran medida las motivaciones que llevaron a san Francisco Javier (otro de los fundadores de la Compañía de Jesús) al país del Sol Naciente. El misionero navarro había arribado a sus costas cerca de un siglo antes (1549), tan sólo 6 años después de la llegada de los primeros comerciantes portugueses. Dado que éstos se habían limitado a actividades esporádicas y propias de su oficio, el grupo de españoles de Francisco Javier tuvo que empezar su misión evangelizadora prácticamente desde cero, comenzando a recabar información pormenorizada sobre el idioma y las costumbres. Así, tras 8 años moviéndose previamente por otros lugares de Asia, Francisco Javier aún se apoyaba en la creencia tomista de que existía una razón y unos valores morales de tipo universal, iguales y necesarios a toda la humanidad. Los japoneses, en particular, le parecían especialmente bien dispuestos para recibir la fe católica como única y verdadera. No obstante, entendía también que en el país se daban costumbres y usos culturales sustancialmente distintos a los de Europa, por lo que el éxito de la Compañía de Jesús pasaba por «japonizarse» o adaptarse en cierto grado a la cultura local (es decir, conocer al «Otro» desde dentro).

En la película, para el protagonista la apostasía supone una dolorosa renuncia a todos estos ideales, dándose cuenta a la vez de que nunca fue Jesucristo sino, en todo caso, Pedro negándole con el primer canto del gallo. En la historia de Rodrigues se puede ver reflejado cualquiera que haya pretendido «cambiar el mundo» o, al menos, descubrirse incapaz de hacerlo mediante la manera que en principio tenía pensado.

BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES:
  • LÓPEZ-VERA, J. (2016). Historia de los samuráis. Gijón: Satori Ediciones. 
          ______________  (2013). «La misión jesuita en Japón, ss. XVI-XVII.» en HistoriaJaponesa.com. Consulta: 03/01/2017.
    • MARTÍNEZ MILLÁN, J., PIZARRO LLORENTE, H., y JIMÉNEZ PABLO, E. (coords.) (2012). Los jesuitas. Religión, política y educación (siglos XVI-XVIII), 3 vols. Madrid: Universidad Pontificia de Comillas.
    • SCHIROKAUER, C., LURIE, D. y GAY, S. (2014). Breve historia de la civilización japonesa. Barcelona: Edicions Bellaterra.