lunes, 27 de marzo de 2017

Seminario Metodológico: “Sociabilidad, arte y magnificencia en los Sitios Reales. Siglos XV y XVI

Tenemos el placer de presentaros la crónica que hizo Jorge Pajarín Domínguez (Ayudante de Investigación. Universidad Rey Juan Carlos) del Seminario Metodológico “Sociabilidad, arte y magnificencia en los Sitios Reales. Siglos XV y XVI

Sin más, os dejamos con la misma.

Un saludo.


El pasado 21 de marzo, tuvo lugar en el Campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) el Seminario Metodológico “Sociabilidad, arte y magnificencia en los Sitios Reales. Siglos XV y XVI”, dentro de las actividades organizadas por el grupo de la URJC dentro del proyecto “La herencia de los Reales Sitios. Madrid, de Corte a capital (Historia, Patrimonio y Turismo)” (H2015/HUM3415) de la Convocatoria de Programas de I+D en Ciencias Sociales y Humanidades 2015 de la Comunidad de Madrid, y el proyecto de Excelencia del MINECO “Del patrimonio dinástico al patrimonio nacional: los Sitios Reales” (HAR2015-68946-C3-3-P).

El seminario, coordinado por el profesor Gijs Versteegen (URJC), se compuso de tres ponencias encaminadas a estudiar y analizar el papel de los espacios cortesanos como lugares de sociabilización. 
La profesora Díez Yáñez en un momento de su comunicación, junto a los profesores Versteegen y Torres Corominas. Fuente; Jorge Pajarín
La primera de las intervenciones corrió a cargo de María Díez Yáñez (Universidad de Münster) y llevó por título “Liberalidad, magnificencia y magnanimidad. De la Baja edad Media al Renacimiento”. En ella, desde un enfoque filológico, quiso descifrar la influencia que tuvo la Ética aristotélica en la formación cultural y educación nobiliaria y principesca de la Castilla desde el siglo XIII hasta el siglo XV. Tras una introducción que detallaba cómo llegó el aristotelismo al reino castellano en la Baja Edad Media, destacando el papel de las traducciones y comentarios, y distinguiendo el ámbito universitario del nobiliario, la profesora Díez Yáñez se centró en la evolución que las virtudes aristotélicas de liberalidad, magnificencia y magnanimidad tuvieron en el sistema cortesano del periodo.

Para ello, la profesora de la Universidad deMünster hizo un detallado recorrido por las bibliotecas de la élite nobiliaria en las que pudimos recuperar nombres como Alonso de Cartagena, Fernán Pérez deGuzmán, el Marqués de Santillana, Enrique de Villena, Pedro Fernández deVelasco (I Conde de Haro), etc. Por medio de sus traducciones y comentarios, descubrimos el papel que tuvieron las citadas virtudes aristotélicas, readaptadas en muchas ocasiones a la doctrina cristiana dominante en la mentalidad de la época, para la cultura cortesana y justificar la figura preeminente del rey, que no sólo juzgaba, legislaba y protegía a la comunidad, sino que era considerado un guía para los súbditos en aras del bien común. 


Atenta a la cuestión de la jerarquía y elitismo que suponía el aristotelismo como justificación de la supremacía de la Monarquía frente a la nobleza, la profesora Díez Yáñez concluía su intervención con la siguiente reflexión: ¿dista mucha esa sociedad cortesana a los conceptos de corrupción y democracia que se manejan en la actualidad?

Los profesores Díez Yáñez, Gijs Versteegen y Torres Corominas (de izq. a dcha).Fuente; Jorge Pajarín
Directamente relacionado con el trabajo de la profesora Díez Yáñez, Eduardo Torres Corominas (Universidad de Jaén) profundizó sobre la estrecha unión existente entre la literatura y la Corte. Según su explicación, por un lado, ésta necesitó de la literatura para su refinamiento, gracia y formación cultural de acuerdo a los nuevos cánones del decoro y ceremonial cortesanos que se demandaban a partir de los ideales del Renacimiento, que abarcaban, ya no sólo funciones militares, sino actividades que iban desde conversar, bailar, escribir o cabalgar hasta observar, simular y disimular. Pero también la literatura encontró en la Corte el escenario propicio para su desarrollo y supervivencia, como demuestra el hecho de que muchos literatos de la época estaban plenamente integrados en el seno de la nueva sociedad cortesana y participaban activamente en la vida política del reino: por ejemplo, Alfonso de Valdés, Diego Hurtado de Mendoza, Jorge de Montemayor o Miguel de Cervantes habían entrado en el servicio de la Corona; otros, como Garcilaso de la Vega y Francisco de Quevedo, frecuentaron distintas casas nobiliarias; y también los hubo que ingresaron en diversas órdenes religiosas, como son los casos de fray Luis de León, San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús

Tal y como demostró el profesor Torres Corominas, su visión del mundo y su obra literaria estaban condicionadas por el nuevo sistema de valores y el refinado estilo de vida áulico. De esta manera, la Corte se situaba como un espacio integrador y un escenario propicio para la socialización en el que el protagonista absoluto era el moderno gentiluomo o cortesano. La exposición se centró sobre todo en analizar la Corte imperial de Carlos V, de especial interés por su continuo contacto con las corrientes culturales extranjeras dominantes del periodo, que hizo posible la introducción en Castilla de las corrientes erasmistas, antes de ser prohibidas, y, especialmente, la influencia petrarquista y de la poesía italianizante, con los consiguientes nuevos géneros, métricas y temas que se dejaron notar en el denominado Parnaso castellano. 


En este sentido, de acuerdo al discurso de la ponencia, la Corte aparecía dibujada como un escenario privilegiado en el que la literatura pudo desarrollarse ampliamente, como reflejan las manifestaciones culturales cortesanas típicas, tales como las fiestas cortesanas, la reunión de las academias literarias o las justas poéticas, para después servir de referencia al resto de sectores literarios de la sociedad. Sin embargo, como advirtió el profesor Torres Corominas, a lo largos de los años y ante la nueva realidad social y literaria, se llevaría a cabo una reinterpretación del clasicismo que se manifestaría en la asunción del bucolismo y a la necesidad de escapar del desengaño que suponía la Corte, considerada un teatro, un mundo de apariencias, etc. Reflejo de ello serían La Diana de Jorge Montemayor, el Lazarillo de Tormes o El Abencerraje. Se creaba así el terreno propicio para el nacimiento de la literatura pastoril.


El profesor Gijs Versteegen durante la explicación de su ponencia. A sus lados, la profesora Díez Yáñez y el profesor Torres Corominas. Fuente; Jorge Pajarín
Y por último, el profesor Gijs Versteegen, mediante su ponencia “Los Sitios Reales: espacios magníficos de la conversación”, quiso demostrar cómo los Reales Sitios supusieron lugares idóneos en los que poder desarrollar todo tipo de actividades artísticas que formaban parte de la magnificencia principesca y que manifestaban un arte de vivir determinado

En primer lugar, procedió a explicar el concepto de “conversación”, entendido como sinónimo de “sociabilidad”, en tanto en cuanto agrupaba prácticas tan diversas como la literatura, la danza, ejercicios caballerescos, grandes banquetes, fiestas cortesanas, etc. Para esta idea, el profesor Versteegen quiso destacar el contraste entre las funciones que desempeñaba el ceremonial, pues si bien servía como instrumento de distancia y diferenciación del rey con sus súbditos, aquel no dudaba en propugnar la importancia de la cercanía que implicaba la conversación. De esta manera, resolvía, haciendo referencia a Castiglione, cómo la cultura cortesana se trataba de un “juego de contrastes” en el que era fundamental la discreción, concebida como la capacidad de adaptar el comportamiento. 
Cartel del seminario.
Para apoyar su tesis, Versteegen analizó dos obras de la literatura cortesana: primero, el manual de buen gobierno que fray Antonio de Guevara dedicara al emperador Carlos V (El Relox de príncipes), donde resaltaba la importancia de la educación esmerada del príncipe en base a aquella que recibió el famoso emperador romano Marco Aurelio, destacando, entre otros aspectos, el papel de la buena conversación, no como placer, sino como instrumento político para el buen gobierno principesco, pues el príncipe, como buen padre, debía ser accesible para sus súbditos; y, por otro lado, la célebre obra de Baltasar Castiglione, El Cortesano, quien defendía, a diferencia de la obra de Guevara, la conversación como un placer que contribuía a la felicidad del hombre. A partir de sus lecturas, el profesor de la URJC concluyó en cómo el palacio y/o la residencia real se constituía como el lugar del buen gobierno y, convertido en objeto de creación y expresión de la belleza, como el lugar idóneo para la buena conversación.

En definitiva, gracias a la interdisciplinariedad y complementariedad que caracterizaron a las tres ponencias desarrolladas en el Seminario Metodológico “Sociabilidad, arte y magnificencia en los Sitios Reales. Siglos XV y XVI”, los asistentes pudieron descubrir las nuevas líneas de investigación que desde hace unos pocos años se vienen desarrollando y que contemplan la Corte, no sólo para comprender la configuración política de la Europa Moderna, sino como un fenómeno cultural y social determinante para el devenir de un periodo tan apasionante como fue el Renacimiento y el Siglo de Oro español. 

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