jueves, 20 de octubre de 2016

Participación en el nuevo documental: Brujas de La Alcarria (Monasterio de Monsalud, 2016)

En la entrada de hoy Miriam Rodríguez Contreras (UAM-IULCE) nos ofrece una completa reseña del nuevo documental Brujas de la Alcarria, donde participa nuestro compañero Roberto Morales entre otros expertos para hablarnos sobre diferentes aspectos de la historia de la brujería en nuestro país

El director del documental, Javier Fernández Ortea, es gestor del Monasterio de Monsalud, así como del yacimiento de Ercávica. Dentro de dicho monasterio ha incluido recientemente una muy necesaria exposición sobre las brujas que existieron en esta zona de la provincia de Guadalajara. Esto no es casual. En dicha zona ya se habían encontrado numerosas evidencias de estos personajes a través de los procesos inquisitoriales. Se realiza además en el propio Monasterio, al ser el destino de muchas de las brujas que tuvieron que realizar romerías como expiación de las culpas como parte del castigo impuesto. Es en el montaje de dicha exposición donde se inserta la creación de este documental como complemento a la visita

1823: El Aquelarre o El gran cabrón de Francisco de Goya (Wikipedia)
El vídeo está distribuido en siete partes, cada una protagonizada por un autor/a diferente. En primer lugar encontramos a Patricia Gutiérrez (UCM), quien nos habla de la aparición del concepto de la bruja y sobre la quema de brujas, siendo éste un fenómeno más representativo del resto de Europa. Según ella, éste es el principal motivo de que los estudios en España hayan sido en general escasos –no comenzaron hasta los trabajos de Pío Baroja–, no habiendo recibido apenas nuevas contribuciones hasta hace un par de décadas. 

En segundo lugar aparece nuestro compañero Roberto Morales (UAM-IULCE) hablando sobre el aquelarre y los estereotipos históricos de las brujas. El término aquelarre es creado por las élites a partir de 1610. En caso de realizarse, las brujas lo llamarían sabaty, y lo más probable es que se tratara de un lugar de reunión entre mujeres, un espacio específicamente femenino. Durante su intervención nos habla también sobre la diversidad de aquelarres y su estructura. En cuanto a los estereotipos, nos ofrece una pequeña evolución en el concepto de la bruja. En su opinión el concepto comenzó siendo negativo respecto al que se utiliza para mago o brujo, representándose a la mujer como una anciana, de aspecto grotesco y solitaria. Dicha imagen poco a poco se fue volviendo algo más positiva, especialmente durante el siglo XX llegando a representar a las brujas como mujeres bellas y poderosas pero, al mismo tiempo, diabólicas. 

La siguiente experta es María Jesús Torquemada (UCM), quien nos habla sobre Derecho, brujería e Inquisición. Ella diferencia dos zonas de brujería, cuya línea divisoria se encontraría en los Montes de Toledo. Por un lado estaría la brujería húmeda, la zona al norte, que sería una brujería más colectiva, similar a la que acontecía en la Europa Occidental, y donde se realizaban reuniones y fiestas en torno a la figura del demonio. Por otro lado, estaría la brujería seca, en la zona sur de la Península, que se caracterizaba por ser más solitaria, estableciéndose las reuniones entre parientes cercanos adoctrinados en la intimidad de su propio domicilio. El juicio inquisitorial es igual al resto de los demás delitos que se procesaban, pero con una sola diferencia: el secreto. Torquemada nos habla así del marco legislativo sobre los procesos inquisitoriales a brujas. En el plano jurídico hay diferencias entre España y el resto de Europa, pues en la primera es protagonista la justicia seglar (lo que provocó más linchamientos), mientras que la segunda estaba en manos de la máquina procesal de la Inquisición. En este sentido, aparece la famosa leyenda negra que, como todo el mundo sabe a estas alturas, fue difundida por los ingleses tras la derrota de la Felicísima Armada en 1588. La imagen de esa “leyenda” en el exterior vino bastante favorecida por la existencia de la propia Inquisición española. Sin embargo, la aparición de esa oscura institución no implicó que se realizasen más quemas de brujas que en otras partes de Europa. Según la experta, en los cuatro siglos de existencia de la Inquisición en España tan sólo hubo 59 muertes por brujería a diferencia de las 25.000 que se documentan en Alemania en un periodo sustancialmente más corto. Ella defiende, tal y como aparece en su libro, que la Inquisición fue un brazo del poder de la monarquía y nos habla sobre su estructura, que era fuertemente piramidal

Portada del libro de Mª Jesús Torquemada (Pinterest)
Por su parte, María Jesús Zamora (UAM) nos habla de que todo lo que no estuviera en manos del hombre se pensaba que era obra del Diablo. Durante el Siglo de Oro, tanto inquisidores como demonólogos estudiaron cuidadosamente la relación de éste con las brujas. Dentro de la sociedad el Diablo era el máximo instigador del mal y la vinculación con la mujer se realiza porque en esa época ésta era percibida como el sexo débil y, en consecuencia, más manipulable. Está de acuerdo tanto con Patricia Gutiérrez como con Roberto Morales en que realmente no volaban, a pesar de que así aparezca en los procesos inquisitoriales, sino que se untaban diversos ungüentos con algún psicotrópico que les proporcionaba dicha sensación. Esta teoría también es defendida por Ioan P. Culianu en Eros y magia en el Renacimiento. Por su parte, María Jesús Torquemada defiende que únicamente fueron las brujas del norte al norte de los Montes de Toledo las que sobre todo utilizarían dichos ungüentos en las fiestas que supuestamente celebraban en honor al Diablo. 

Portada en Ediciones Siruela.
Sobre la imagen del Demonio, María Jesús Zamora explica que antes del siglo XIV constituía una imagen bella, la imagen del arcángel caído. Es a partir del Renacimiento y en el Barroco cuando comienza a cambiar el discurso a fin de producir miedo en la sociedad, añadiéndose a su imagen orejas puntiagudas, patas de macho cabrío, alas de murciélago o diversas deformidades que causaran verdadero pavor. Para ella, las brujas fueron aquellas mujeres contratadas por algunos hombres jóvenes que necesitaban conocer las maneras amatorias antes del matrimonio. Como estaba mal visto que un hombre fuera a ver a esas mujeres experimentadas, se las tachó de brujas para ser finalmente procesadas. Ella vincula la definición de aquelarre con las reuniones que realizaban estas mujeres. Por otro lado, también se llamó brujas a aquellas mujeres intelectuales que se reunían en lugares “cerrados” dónde se le prohibía la entrada a cualquier hombre para poder hablar de diferentes inquietudes, asuntos de política u otras temáticas que normalmente en aquella época estaba mal visto que las mujeres debatieran a solas. Respecto a los tratados inquisitoriales, Zamora explica que fue un género literario que estuvo plenamente vigente desde el siglo XVI al XVIII. De entre ellos el que más importancia tuvo fue el llamado Malleus Maleficarum, que se convirió en el gran manual de la caza de brujas y el primero de los tratados contra la brujería. 

Estatua del Ángel Caído en El Retiro.
Finalmente, José Antonio Alonso (Técnico en Etnografía) se encarga de hablarnos sobre este fenómeno en un lugar geográfico concreto, la provincia de Guadalajara. Respecto a este tema, la provincia comprende, según él, tres focos muy importantes a través de la documentación –tanto escrita como oral– que existe respecto al tema: en la zona oeste se sitúa el foco de Barahona; cerca de Atienza, en la zona este, la Laguna de Gallocanta; y en la zona sur, donde se encuentra el Arzobispado de Cuenca. Nos cuenta también que había diversos hechizos que las brujas realizaban, tal y como aparecen en los procesos inquisitoriales, pero habría que preguntarse si realmente se llevaron a cabo o no. 

Malleus Maleficarum (Wikipedia)
Para finalizar, el director del documental Javier Fernández nos ilustra sobre el origen de esta exposición y la motivación de realizarla en un monasterio como es Monsalud. Por su parte, Luis González, Director Técnico de dicha exposición, argumenta la inclusión de nuevas tecnologías en este proyecto como una forma de aprender y divertir a los visitantes: la idea es que las personas puedan experimentar en primera persona diversas sensaciones para acercarse a lo que podía sentir una bruja. Entre ellas se encuentra la quema en la hoguera o el vuelo con escoba

El documental, por tanto, es muy completo. Durante una hora y media de vídeo –que realmente se hace corto– podemos adquirir una idea general sobre el fenómeno de la brujería y de su visión desde la Edad Moderna hasta nuestros días. A través de la pintura y posteriormente del cine, podemos ver la evolución tanto la imagen de la bruja como del Diablo. Como decía Roberto Morales, la película de Häxan o la recién estrenada La Bruja, son dos filmes que perfectamente definen la imagen histórica de la bruja. En nuestros días seguimos vinculados a elementos mágicos como talismanes (como por ejemplos las cruces de Caravaca), las imágenes de santos u otros elementos que aseguramos que “nos dan suerte” o evitan el “mal de ojo”. Sin embargo, no ha sido hasta hace unos años cuando se han comenzado a realizar estudios realmente rigurosos en este campo. Este documental sirve por tanto como una nueva herramienta para conocer un poco mejor la vida de estas mujeres estigmatizadas por la sociedad y, a través de la exposición, también poder experimentar a través de las nuevas tecnologías –que incluyen simuladores o incluso drones– nuevas sensaciones que ayudarán a los más jóvenes a aprender sobre este fenómeno


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