jueves, 22 de septiembre de 2016

¿Puede un director de cine ser historiador? A vueltas con el cine y la historia.

Últimamente ando leyendo mucho sobre cine e historia, y quería compartir con vosotros algunas de las cuestiones que más me han llamado la atención en la siempre difícil relación entre ambas disciplinas. No pretendo con ello dar mi opinión, sino dejaros algunas ideas que he leído y  que espero os hagan reflexionar. 

Las primeras ideas las extraigo de un magnífico libro, que merecerá reseña completa, llamado Historia y cine. la construcción del pasado a través de la ficción histórica. Por hoy vamos a centrarnos en el capítulo de Julio Montero titulado Nuevas formas de hacer historia. Los formatos audiovisuales. Allí podemos leer que: 
...la historia en formato cinematográfico puede realizarse -y se ha realizado en producciones concretas-, sino de que esa historia en las pantallas se realizará, se está realizando, con o sin historiadores" (p. 52)
En estas pocas líneas hay mucha miga. Para comenzar se habla de historia en formato cinematográfico. Es decir, que estamos hablando que es posible, al menos planteable, hacer Historia alejándose del formato tradicional escrito; es decir en forma de libro. Por supuesto no todas las películas lo son, pero sí algunas. ¿Es necesario hacer historia en formato cinematográfico? ¿Existe tal posibilidad?  Vuelvo a citar a Montero;
La cuestión radical que hoy quiero traer aquí -a un foro compuesto predominantemente de historiadores- es si existe la posibilidad de escribir historia tal y como la concebimos -explicación racional del pasado- mediante relatos audiovisuales. Y si esa tarea resulta imposible, ¿cuál sería la alternativa en la ya actual sociedad audiovisual de nuestros días? Estas dudas sobre el futuro parten de una triple premisa. Primero, en una sociedad en la que lo audiovisual tienen un protagonismo cultural indudable, no se puede prescindir de este soporte para presentar la historia. Segundo, tampoco la historia es prescindible en la cultura occidental. Y tercero, conviene recordar que nuestra memoria, la de cada quien, está compuesta fundamentalmente de imágenes construídas. Indudablemente esto me sitúa en la línea de la aceptación de la "historia audiovisual" como posibilidad. (p. 42) 
Segunda cuestión. Si se puede hacer historia en formato cinematográfico, es lícito plantearse si los directores de cine pueden hacer historia, a pesar que no sean historiadores académicos. Robert A. Rosentone en el libro La Historia en el cine. El Cine sobre la Historia (Rialp, Madrid, 2014), sostiene que Oliver Stone lo es;
Ningún cineasta norteamericano de la última mitad del siglo ha estado más obsesionado con cuestiones históricas ni ha despertado polémicas públicas tan considerables como Oliver Stone. Y eso se debe precisamente a que ha abordado en sus películas la historia. (p.195)
Caratula de la versión  Blu-ray de JFK (Oliver Stone, 1991) Fuente: blue-ray.com
Por supuesto estoy apenas esbozando el tema: detrás de esta afirmación hay mucha polémica y muchos matices imposibles de ser reflejadas de manera tan breve. Natalie Zemon Davis, por ejemplo, no estaría de acuerdo con Rosenstone... o sí, pero con muchos matices. Si seguimos con este razonamiento, y recuperando la afirmación de Montero "esa historia en las pantallas se realizará, se está realizando, con o sin historiadores", es momento de plantearse de qué podemos hacer los historiadores por nuestra parte, porque ya estamos viendo que éste se hará con o sin nosotros.

Hasta ahora casi todo nuestro trabajo se ha centrado en decir si una película se aproxima o no la la verdad histórica -término también más que ambiguo- o no. Si los uniformes son o no adecuados o si cuenta los hechos tal y como fueron. Pero en ello hay un problema; lo hacemos con un absoluto desconocimiento de las reglas cinematográficas y de sus dificultades. Montero afirma que:
El precio del rigor ha sido negar el estatuto de cientificidad al lenguaje audiovisual. Los teóricos aprendieron a analizar películas desde la literatura, pero no les dio tiempo a aprender a hacer cine. Hubiera sido pedir demasiado (p. 45) 
Fuente: portal Cine e Historia
Es más, si pienso un poco me cuesta encontrar compañeros de facultad que con los dieciocho o veinte años tuvieran una cultura cinematográfica media, no digamos ya buena. Entre ellos me incluyo, porque mi interés por el cine no vino dado por la carrera, sino que nació más tarde. Sí, algún profesor nos hacía referencia a alguna película o nos la ponía pero poco más. ¿Pero qué esperar de una carrera de Historia que no tenga troncal alguna de Arte?

Para hacernos una idea de los problemas a los que se enfrenta una producción histórica os remito a dos interesantes y amenos capítulos del citado Historia y cine. la construcción del pasado a través de la ficción histórica. El primero es Experiencias en el cine de época. Intento de receta casera de Uxua Castelló y el de Rodolf Sierra Amar en tiempos revueltos. Dificultades de una serie diaria.

Montero no es muy optimista sobre crear un historiador cineasta al afirmar que:
Hasta ahora hay que concluir que resulta más fácil hacer que un cineasta se convierta en historiador que al revés. 
Y ya vamos tarde, porque como demuestra Iris en el blog, la historia no llega ya al público sólo en formato cinematográfico. Los videojuegos, la "gamificación" viene pisando fuerte, Montero va más allá y piensa que en un futuro podría darse que la historia pueda ser, escrita no sé si es el término, apoyándose en lenguajes audiovisuales. No deja de ser paradójico que las investigaciones sobre cine e historia se vean atadas al papel. ¿No creéis?.

Las reflexiones sobre cine e historia no se agotan, ni mucho menos, aquí pero yo debo ser también consciente del medio en el que me muevo e ir cerrando este post.

Gracias por leernos y esperamos vuestros comentarios y reflexiones.

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