lunes, 9 de mayo de 2016

La incompleta, verdadera y maravillosa historia del 1 de Mayo.

La semana pasada me hubiera gustado dedicarle por aquí unas líneas a la historia del 1 de Mayo (que en España se conmemora como el Día del Trabajo), pero pronto me di cuenta de que nunca podría hacerlo de una forma tan evocadora como la que consigue el historiador Peter Linebaugh (Universidad de Toledo, Ohio) en The incomplete, true and wonderful history of May Day. Al ver que el artículo no aparecía por ningún sitio en castellano, pensé entonces en traducirlo de forma muy resumida para la entrada de hoy.

Captura de pantalla con la cabecera del artículo en ROAR Magazine.
Cartel de la conferencia (Grupo Taller de Historia Social)
¿Y quién es Peter Linebaugh? Tuve el enorme privilegio de escucharle hace ya dos años en una conferencia que pronunció en la UAM dedicada al pasado y presente de los comunales (13 de mayo: The commons: past and present), organizada por los magníficos profesionales que conforman el Grupo-Taller de Historia Social

El profesor Linebaugh es un historiador marxista estadounidense, discípulo del célebre Edward P. Thompson. Siguiendo su ejemplo, ha dedicado su obra a rescatar las experiencias y luchas de los grupos populares durante la Edad Moderna, vinculando las tradiciones contestatarias del pasado con los conflictos sociales actuales.

Uno de sus libros más conocidos en España es el que escribió junto a Marcus Rediker, el imprescindible La hidra de la revolución (Cátedra, 2005), donde se reconstruye la epopeya colectiva de un proletariado atlántico compuesto por marineros, piratas, esclavos y cimarrones, cuyas experiencias se extienden desde las colonias americanas hasta las costas africanas, pasando por las tabernas de las metrópolis europeas. Otro de sus últimos trabajos en castellano es el que ha publicado recientemente la editorial Traficantes de Sueños, El Manifiesto de la Carta Magna. Aquí Linebaugh rescata del olvido la llamada Carta del Bosque (ratificada en Inglaterra en 1217), a través de la cual reflexiona sobre los comunes, derechos y usos sancionados por la tradición que garantizaban el disfrute colectivo de los recursos.

Sin más, os dejo con el resumen de su artículo, no sin antes animaros a conocer más en profundidad su obra, la cual siempre ha sido para este proyecto de historiadora de una enorme inspiración.
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Durante el Primero de Mayo, la antigua URSS sacaba a desfilar sus soldados y misiles. Por su parte, el gobierno norteamericano ha venido refiriéndose a esta fecha como el “Día de la Lealtad”, asociándolo también al militarismo. El verdadero significado del 1 de Mayo ha quedado oscurecido por la propaganda diseñada por ambos regímenes, pero la realidad resulta ser totalmente distinta: la historia de este día tiene un lado Verde y otro Rojo. Bajo el arcoiris, nuestra metodología debe ser colorida. El Verde guarda relación con la tierra y con todo lo que nace de la misma. El Rojo es nuestra relación con otras personas, y la sangre derramada de por medio. El 1 de Mayo es ambos a la vez.

EL VERDE

Había una vez, mucho antes de que Weinberger bombardeara a los norteafricanos, antes de que el Banco de Boston blanqueara dinero, o Reagan rindiera honores a los caídos de guerra nazis, la tierra estaba cubierta por una extensa alfombra de bosques. En tiempos de César una persona podía viajar a través del bosque durante dos meses sin conseguir contemplar un solo resquicio de cielo. Las inmensas florestas de Europa, Asia, África y América proveían a la atmósfera de oxígeno, y a la tierra de nutrientes. Nuestros ancestros no tenían que trabajar hasta la muerte, o lidiar con la flexibilidad de horarios, o tener una jornada de nueve a cinco. Efectivamente, los nativos americanos con los que el capitán John Smith se topó en 1606 sólo trabajaban cuatro horas a la semana.

En Europa, como en África, la gente honraba a los bosques de muchas maneras. Con el esplendor de los árboles en primavera, se celebraba “el fructífero espíritu de la vegetación,” por utilizar la frase del antropólogo J.G. Frazer. Se hacía en Mayo, un mes antes bautizado Maia por la madre de todos los dioses quien, según los antiguos griegos, dio a luz incluso a Zeus. Los griegos tenían sus arboledas sagradas, los druidas su veneración por el roble, los romanos sus juegos en honor a Floralia. En Escocia los pastores formaban círculos y bailaban alrededor de hogueras. Los celtas encendían luces en lo alto de las montañas para honrar a su dios Beltane. En el Tirol, la gente dejaba ladrar a sus perros y hacía música con cacerolas y sartenes. En Escandinavia se encendían fuegos a la llegada de las brujas.

Jack-in-the-Green baila con Lord and Lady of May,
Londres, siglo XVIII. (Wikipedia)
En todos estos lugares la gente iba a los bosques y se llevaba hojas, ramas y flores para decorar sus hogares y seres queridos con verdes guirnaldas. Fuera se representaba a personajes como “Jack-in-the-Green” o “Queen of the May”. También se plantaban árboles, se levantaban Palos de Mayo, se bailaba, se tocaba música, se bebía, se hacía el amor. El invierno había acabado, la primavera brotaba. 

La historia de estas costumbres es compleja. Tomemos por ejemplo a Juana de Arco, quemada en mayo de 1431. Sus inquisidores creían que era una bruja. No lejos del lugar donde nació, según ella contó a sus jueces: “Existe un árbol al que llaman el Árbol de las Damas— otros lo llaman el Árbol de las Hadas. Se trata de un ejemplar hermoso, del que procede el Palo de Mayo. A menudo he salido a jugar con otras niñas a hacer guirnaldas para Nuestra Señora de Domrémy. Otras veces he oído al anciano decir que las hadas frecuentan ese árbol.” En la acusación contra Juana, uno de los cargos fue el de vestirse como un hombre. El paganismo de la herejía de Juana tenía origen en el Paleolítico, cuando la religión era animista y la figura del chamán podía ser encarnada tanto por mujeres como por hombres.

El monoteísmo surgió a partir de los imperios mediterráneos. Incluso el poderoso Imperio Romano tuvo que concertar acuerdos con sus conquistados y esclavizados (sincretismo). Mientras destruía algunas costumbres, se veía obligado a aceptar o transformar otras. Es por ello que tenemos Árboles de Navidad. El Primero de Mayo se convirtió en un día para honrar a los santos Felipe y Santiago, esclavos contrarios al Imperio. Santiago el Menor nunca bebía ni se afeitaba. Pasaba tanto tiempo rezando que le salieron enormes callos en las rodillas, asemejando sus piernas a las de un camello. Felipe era un tipo perezoso. Cuando Jesús le dijo “Sígueme”, Felipe intentó escabullirse alegando tener que asistir al funeral paterno, y aquélla fue la excusa para que el hijo del carpintero pronunciara su célebre frase: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos”. Santiago fue apedreado hasta la muerte, y Felipe crucificado boca abajo. Su martirio nos lleva al lado Rojo de nuestra historia sin dejar de lado el Verde, pues el tulipán quedó dedicado a Felipe y los acianos o azulejos a Santiago.

Los granjeros, trabajadores y peones que vivieron durante la Edad Media contaron con cientos de días dedicados a diversas festividades que contribuyeron a preservar estas tradiciones a pesar de los ataques a campesinos y brujas. Fuera como fuere y pese a todas sus complejidades, el Primero de Mayo se celebró siempre como una fiesta a la libertad y la fertilidad en todo el mundo.

EL ROJO

Greenwich Maypole (Mikes Maypole)
Es por ello que terminó siendo atacado por las autoridades. La represión había comenzado quemando mujeres y prosiguió cuando en el siglo XVI América fue “descubierta”, dio inicio el tráfico de esclavos, así como las naciones-estado y la formación del capitalismo.  

En 1550 un Acta del Parlamento demandaba que los Palos de Mayo fuesen destruidos, y se ilegalizaran los juegos. En 1644 los puritanos ingleses abolieron completamente el Primero de Mayo. Para estos moralistas del trabajo dicha festividad era ofensiva por su mundano paganismo. Philip Stubbs, por ejemplo, en The Anatomy of Abuses (1583) escribió sobre el Primero de Mayo: “y luego caen en el banquete y la fiesta, brincando y bailando por cuanto dura, como hacían las gentes Bárbaras entregándose a sus Ídolos.” Los puritanos también se mostraron en contra de la poco reprimida sexualidad de la que se solía hacer gala aquel día. Stubbs decía: “De las cuarenta, sesenta o centenar de doncellas que van al bosque, apenas una tercera parte regresa a casa tal cual salió de ella.” 

Pero la gente plantó resistencia a las represiones. A partir de entonces, llamaron a estas actividades “Los Juegos de Robin Hood”. Bailoteando con ramitos de espino blanco en los cabellos y campanillas tintineando en sus rodillas, los viejos personajes de Mayo se transformaron en una comunidad al margen de la ley conformada por Marians y Little Johns. El banquete de Mayo estaba presidido por el Señor del Desgobierno, el Rey de la Sinrazón o el Abad de la Desobediencia. Mientras el régimen del trabajo monótono iba imponiéndose, la gente resistió en preservar su día festivo.

La historia del moderno Primero de Mayo tiene su origen en el corazón de las llanuras de Norteamérica, en Haymarket (Chicago) en mayo de 1886. Su lado Rojo resulta mejor conocido que el Verde, porque fue realmente sangriento. Pero también hubo un lado Verde en aquella historia, aunque fuera el del dólar.
El lema del movimiento por la jornada laboral de ocho horas (Sabrina J. Stevens)
Por supuesto, las praderas lucían bien verdes durante aquel mes de mayo. Aquella tierra virgen, oscura, desmigajada y mechada por agradable arena negra, era el producto de miles de años de humus y descomposición orgánica. Durante muchos siglos esta tierra fue cultivada por los nativos americanos de las llanuras. En este panorama, el hombre blanco emergió como los faraones y, en efecto, tal y como Abraham Lincoln lo expresó, estas praderas fueron vistas como el “Egipto del Oeste”. 

La tierra fue mecanizada. Cierto excedente únicamente podía ser obtenido a costa de reducir el precio del alimento. Las proteínas y vitaminas de este fértil terreno se extendieron por todo el mundo. Chicago fue la yugular. Cyrus McCormick empuñó el bisturí de cirujano. Sus cosechadoras mecanizadas recolectaron el grano y la hierba. McCormick produjo 1.500 cosechadoras en 1849; para 1884 ya estaba produciendo unas 80.000. El Primero de Mayo, la Unión Local de trabajadores del hierro se declaró en huelga, dando inicio a la movilización por la jornada de ocho horas.

Miles de inmigrantes, muchos procedentes de Alemania, se desparramaron por Chicago tras la Guerra Civil americana. En 1855 la policía de la ciudad utilizó armas Gatling contra los trabajadores que protestaban por el cierre de las tabernas. En el Motín del Pan de 1872, la policía aporreó a la masa hambrienta en un túnel bajo el río. En la huelga ferroviaria de 1877, las tropas federales fueron lanzadas contra los trabajadores en la Batalla del Viaducto. Estas tropas habían sido recientemente acuarteladas tras combatir a los Sioux que mataron a Custer. A partir de entonces, los Sioux vencidos sólo pudieron “Marchar a la cima de la montaña y rogar por que les fuera concedida una visión”. La agencia Pinkerton de detectives puso en práctica esas visiones instruyendo a la policía sobre cómo espiar y formar columnas de combatientes que poder desplegar en las calles. Hace cien años, durante una huelga del tranvía, la policía emitía la orden de disparar a matar. McCormick recortó gastos al 15%. Su ratio de beneficio era del 71%. En Mayo de 1886, 4 de los trabajadores a los que había echado fueron muertos a tiros por la policía.

Algunos de los llamados Mártires de Chicago (Madrid-CNT)
En 1886, el 1 de Mayo ya era un día señalado a nivel nacional, pues un par de años atrás la Federation of Organized Trade and Labor Unions de Estados Unidos y Canadá “resolved... that eight hours shall constitute a legal day’s labor, from and after May 1, 1886.”

El 4 de mayo de 1886, varios miles de personas se reunían cerca de la Plaza de Haymarket para escuchar lo que el periodista August Spies tenía que decir acerca de los disparos en la fábrica McCormick. 

Albert Parsons, tipógrafo y líder sindical, habló inmediatamente después: “What is Socialism or Anarchism? Briefly stated it is the right of the toilers to the free and equal use of the tools of production and the right of the producers to their product.” Fue secundado por un tal Fielden, quien de niño había trabajado en las fábricas textiles de Lancashire, Inglaterra.

Éste acabó de hablar hacia las 10.30 de la noche. En ese momento, 176 policías cargaron contra la multitud. Una mano desconocida arrojó entre sus filas un cartucho de dinamita: era la primera vez que el invento de Alfred Nobel era usado en la lucha de clases. Se desató entonces un infierno, hubo muchos muertos y el resto, es historia.

PM Press



NOTA: El artículo completo se puede leer en inglés en el siguiente enlace a ROAR Magazine. El texto original está en Midnight Notes.

Y para saber más sobre el May Day, siempre podéis agenciaros el nuevo libro de Linebaugh: The Incomplete, True, Authentic, and Wonderful History of May Day (2016).

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