lunes, 22 de febrero de 2016

Umberto Eco y el fin de una época

Y terminó ocurriendo, como era lógico, y no por esperado ha dolido menos. La semana pasada nos dejaba Umberto Eco y con él creo que tocan tambores del fin de una época, donde los humanistas completos van a ir dejándonos poco a poco. Inevitable a la par que doloroso, porque si ya en 1988 cantaba Mecano aquello de "andamos justos de genios" a Salvador Dalí, en 2016 la cosa no fue para mejor.

No veo sustitutos naturales a esa generación de sesenta en adelante en el mundo de las Humanidades. Esa generación enciclopédica con una sapiencia y memoria difíciles de reeditar. Espero equivocarme y estoy seguro que así es porque entiendo y reitero, espero, que otros vendrán detrás a pesar que como refleja el también italiano Nuccio Ordine en su imprescindible La utilidad de lo inútil,  la cosa tenga muy pero que muy mala pinta. Es imposible crear un erudito genial pero, al menos, hay que crear unas condiciones donde fructifiquen y, en estos momentos, no creo que tengamos un caldo de cultivo adecuado para ello.

Umberto Eco y el fin de una época. Umberto Eco en la Universidad de Bolonia. Fuente: The Guardian.
Umberto Eco en la Universidad de Bolonia. Fuente: The Guardian.
A Umberto Eco todos le conocimos como novelista. Era su cara más visible. Él, junto con Robert Graves, para mí llevaron la novela histórica a cotas difíciles de repetir. Sí, hay escritores de novelas históricas notables, pero el número y la calidad de los citados me hacen darles el podio. 

Por supuesto El nombre de la rosa, que en 1980 dio una campanada histórica y nos hizo ver a todos que ser un bestseller no estaba reñido con la calidad. Pena que muchos no siguieran su estela. Para mí este libro es como el Quijote, en el sentido que toda la Edad Media está en él. Siempre digo que el mejor manual de Historia Moderna lo escribió un tal Miguel de Cervantes y en El nombre de la rosa late la Edad Media. Filosofía, Arte, Historia, Teología... todo tiene su reflejo en esta obra. Uno de mis proyectos personales más soñados sería reunir a muchos expertos en cada materia y que cada uno explicase el libro desde su campo. Sería espectacular. Recomiendo acompañar su lectura con otros dos libros suyos; El problema estético en Tomás de AquinoArte y belleza en la estética medieval. 

Una de sus obras menos comprendidas por el gran público fue El péndulo de Foucault. Obra compleja y densa que obliga a pensar y que, por otro lado, sugiere temas de estudio de lo más fascinante. Me costó lo mío pero me encantó. No importa el esfuerzo si la recompensa es buena. Vuelvo a establecer un paralelismo con el Quijote de Cervantes,  pues si éste se escribió para sátira a las obras de caballería, el péndulo de Foucault es una bofetada, una sátira mordaz contra el esoterismo, el ocultismo y todas estas chorradas con las que sabéis que aquí andamos a tortas. Eco, como en todas estas novelas tipo Dan Brown, te plantea una tesis esotérica fascinante pero con la diferencia que, al final, te cuenta el engaño. Algo así como "he estado jugando contigo todo el libro" y no puedes más que echar una sonrisa y pensar que este tipo es un genio. 

Como siempre falta el espacio y quedaría por comentar la maravillosa BaudolinoEl cementerio de Praga -genial- y Número Cero,  que encierra de nuevo, un verdadero bofetón a la prensa, jueces y políticos por incompetentes, mentirosos y manipuladores. Reconozco que cuando leí La isla del día de antes no terminó de engancharme y tengo pendiente darle una segunda oportunidad.


Umberto Eco y el fin de una época. Fotograma de El nombre de la rosa, Jean-Jacques Annaud, 1986
Fotograma de El nombre de la rosaJean-Jacques Annaud, 1986
El catedrático Jordi Llovet en un artículo hablando de El nombre de la rosa decía que era "novela interesante por la sabiduría que contiene, pero mediocre, como todas las suyas, si nos atenemos al estilo" y siento no estar muy de acuerdo aunque realmente el experto es él. Con lo que sí me encuentro más en situación para contradecirle es cuando afirma que; 
no se comprometió con las más apremiantes cuestiones políticas de su tiempo salvo para mostrarse como un pensador liberal —pero menos que Russell o Berlin, por ejemplo—; ni poseyó, por fin, el perfil de un Voltaire, un Victor Hugo, un Zola o un Jean-Paul Sartre, dispuestos a aceptar el exilio interior y exterior o de subirse a un bidón de gasolina para azuzar la conciencia de la clase obrera en una fábrica de automóviles.
Vuelvo a Número Cero y con humildad recomendaría al gran Jordi Llovet  -que me cae muy bien sin conocerle tras leer su Adios a la universidad- que leyera A paso de cangrejo para conocer al Umberto Eco comprometido con la socialdemocracia, al igual que el tristemente desaparecido Tony Judt. Vaya racha lleva la socialdemocracia con sus intelectuales. Cierto que no se subió a ningún bidón de gasolina, pues no era su estilo ni le hacía falta, pero desde la prensa habló alto y claro dejando muy claras sus convicciones. Además, querido Llovet, y usted lo sabe mejor que yo, los Zola o Hugo o Voltaire también tenían sus miserias. Por cierto que en este A paso de cangrejo no sólo se habla de política y tiene artículos sobre, por ejemplo, magia, ciencia y tecnología espectaculares.

Como ensayista, y dejando de lado sus trabajos sobre semiología de los que reconozco que a duras penas entiendo algo, podríamos citar el libro coral titulado La nueva Edad Mediadonde se aloja su artículo homónimo y que me sorprendió por lo certero de su análisis de la sociedad actual ya en 1973. Apocalípticos e integrados es, para mí, otro análisis certero de nuestra sociedad y la influencia de los medios de masas. ¿Qué doctorado no leyó su Cómo se hace una tesis, técnicas y procedimientos de investigación, estudio y escritura? Todo un clásico básico. 

Dada la situación política nacional e internacional se me antoja imprescindible la lectura de su Construir al enemigo. Muy interesante también la obra ¿En qué creen los que no creen?, diálogo epistolar sobre la ética con el cardenal Carlo Maria Martini. Si queréis conocerle más como novelista, u os interesa esto de ser escritor, imprescindible su Confesiones de un joven novelista. La lista es casi inteminable y desgraciadamente tampoco me ha dado tiempo a leer toda su extensa obra. Una losa en mis "pendientes".


Umberto Eco y el fin de una época. Eco en su casa de Milán consultando su biblioteca. Fuente: The New York Times
Eco en su casa de Milán consultando su biblioteca. Fuente: The New York Times
Como divulgador podríamos citar su Historia de la belleza, Historia de la fealdad o Historia de las tierras y lugares legendarios.  En este caso le equiparo con, por ejemplo, Alberto Manguel. Aquí no hay investigación o tesis nuevas, pero sí una enorme erudición, gusto por la cultura y, sobre todo, crear en el lector más ganas por saber. Un verdadero gusto.

Y aquí acabamos este apresurado repaso a su obra. Querido amigo, compartido en los libros por lectores de todo el mundo, toca despedirse de usted con cierta tristeza pero con la esperanza que sea eterno en sus libros. Gracias por todo, de todo corazón. 

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