lunes, 1 de febrero de 2016

Ignatius Donnelly y el mito de la Atlántida

Mitología, s. Conjunto de creencias de un pueblo primitivo relativas a su origen, héroes y dioses, por oposición a la historia verdadera, que inventa más tarde.
Diccionario del diablo, Ambrose Bierce
Ignatius Donnelly y el mito de la Atlántida
Ignatius Donnelly (Wikipedia)

Hace tiempo que venimos hablando en esta su casa que este pequeño blog, a través de nuestra antología del disparate, sobre magufos variados (Fomenko, Velikovsy, Erich von DänikenHeribert Illig, etc.), y lugares legendarios. No podíamos dejar de llegar, claro, a uno de los grandes mitos: la Atlántida

Unas pocas páginas de Platón han devenido en caudalosos ríos de tinta, que, en estos tiempos, han degenerado incluso en aberrantes programas televisivos con presencia alienígena incluida. Veamos uno de los párrafos del diálogo Critias de Platón:
Ante todas cosas recordemos, que han pasado nueve mil años después de la guerra, que, según dicen, se suscitó entre los pueblos que habitan más acá y más allá de las columnas de Hércules. Es preciso que os dé una explicación de esta guerra desde el principio hasta el fin. De una parte estaba esta ciudad; ella tenia el mando y sostuvo victoriosamente la guerra hasta lo último. De la otra parte estaban los reyes de la isla Atlántida. Ya hemos dicho,  que esta isla era en otro tiempo más grande que la Libia y el Asia; pero que hoy día, sumergida por los temblores de tierra, no es más que un escollo que impide la navegación y que no permite atravesar esta parte de los mares. 
Dada la gran influencia de Platón en los siglos siguientes, no es de extrañar que el eco de la misma haya perdurado; de hecho, la corona española empleó el mito atlante durante la conquista del Nuevo Mundo, al identificar la desaparecida isla como una parte de América poblada por los antiguos habitantes de la península ibérica. América encajaba así dentro de la cosmovisión religiosa Occidental, y, además, se conseguía justificar un derecho de origen histórico para la conquista de esas tierras. También pervivió como símbolo de un modelo de gobierno de tipo utópico, tal como proclama Francis Bacon a través de su obra de 1626 La Nueva Atlántida

Sin embargo, no es hasta el siglo XIX, época en la que se forja el carácter romántico de las grandes exploraciones, donde la búsqueda de esta tierra mítica adquiere su relevancia. Y dentro de ese ambiente de fascinación por lo misterioso, es donde prende la obra La Atlántida: el mundo Antediluviano, del político estadounidense Ignatius L. Donnelly.

Mapa con la ubicación de la Atlántida y su imperio, según Ignatius Donelly (University of Otago)
Leyenda: aquella mentira que ha alcanzado la dignidad de la vejez

El titulo ya nos da pistas sobre la falta de rigor científico del mismo; en aquellos tiempos aún no se había formulado la teoría de la deriva continental, y apenas comenzaba a tenerse en cuenta que la Biblia debía ser leída como metáfora y no de manera literal, por lo que tampoco es de extrañar que el libro tuviera una gran acogida entre un público ansioso por creerse estas fabulaciones, lanzándose 23 ediciones en 8 años. De hecho, se estuvo reeditando hasta 1976, desde su primera aparición en 1882. 

¿Cuál era la tesis de este libro? Que la mítica Atlántida descrita por Platón no sólo había existido como tal, si no que su destrucción se produjo durante el bíblico Diluvio Universal. Tras esta destrucción, los supervivientes habrían fundado las distintas civilizaciones del mundo, especialmente la egipcia y la maya. 

A partir de estas premisas, lógicamente cualquier afirmación resulta posible. Por ejemplo, que como civilización primigenia del mundo, su eco podía oírse en todas las religiones, y ser identificada con el Edén judeocristiano, el jardín de las Hespérides o los Campos Elíseos grecolatinos, o el propio Asgard nórdico. Y como tal civilización primigenia, sería el origen de las herramientas de la edad del bronce, de los alfabetos fenicios y mayas, y de la propia raza aria (que tanto que hablar dio en la Alemania del siglo XX).

¿Cómo es posible que tal retahila de necedades tuviera tanto éxito? Pues en buena medida, por el mismo motivo por el que muchos programas pseudocientíficos (hasta niveles grotescos frecuentemente) triunfan en la TV actual: la puesta en escena. En palabras de Charles E. Orser Jr, redactor de Scientific American Discovering Archaeology y profesor de antropología en la Universidad Estatal de Illinois:
Donnelly fue un escritor de talento y abrumador. Donde Platón había estado vago y oscuro, Donnelly fue directo y claro. Donde Platón estaba clásico y distante, Donnelly estaba moderno y familiar. Usando tácticas que él había aprendido probablemente en las humeantes trastiendas de la “edad dorada” de la política estadounidense, Donnelly escribía de una manera directa, cara a cara. Su meta era convencer a los lectores de que la Atlántida había sido real y que él podía probarlo. El que su “prueba” fuese completamente absurda, no parecía importarle.
Ignatius Donnelly y el mito de la Atlántida: capital de la Atlántida según la descripción de Platón
Ilustración de la capital de la Atlántida conforme a la descripción de Platón (Toda una amalgama)
Tergiversa, que algo queda

Tras el gran éxito de este libro, publicó, al año siguiente la continuación del mismo: Ragnarok: la edad del fuego y la grava. Aquí, no conforme con los dislates anteriores, añade leña al fuego. La catástrofe que acabó con la mítica civilización fue provocada, como ya dijo, por el Diluvio; y éste, a su vez, estuvo causado por un gran cometa que casi impactó contra la Tierra.

Este cometa, además, provocó incendios y envenenó la atmósfera, obligando a los supervivientes a refugiarse en cuevas; esta forma de vida troglodita degeneró en la pérdida de los antiguos conocimientos sobre arte, literatura, ingeniería, etc. Me pregunto yo si será buena idea intentar protegerse de inundaciones y gases tóxicos en cavernas, pero llegados a este punto, podemos ver el órdago; ya, total... En todo caso, reconocerán que esto del cuerpo celeste impactando luego ha tenido bastante influencia, tal como ya vimos, en las obras de Comnys Beaumont y de Immanuel Velikovsky: se pide el comodín del cometa para justificar la desaparición de la civilización previa, y todo resuelto.

En fin, que a partir de un breve escrito clásico, Donnelly construyó un pequeño imperio de pseudohistoria y pseudociencia; el cual, además, ha servido de base para muchos de los charlatanes que han venido detrás, y que venimos enumerando por estos lares. Independientemente de si los escritos de Platón sobre la Atlántida tienen su base en algún hecho realcasi todos los años alguien proclama haber encontrado los restos de la misma, puesto que ya forma parte del imaginario colectivo. 

Puede que algún día se encuentren restos en el mediterráneo helenístico, en la zona de Canarias o en lo que en su momento fue Tartessos que permitan afirmar cual fue el origen del mito; al fin y al cabo, Schliemann encontró los restos de la ciudad que dio origen a la homérica guerra de Troya. Pero que nos falte nunca un poco de sano escepticismo, a modo de vacuna, que nos permita identificar como sospechosa cualquier afirmación que vaya más allá.

Ignatius Donnelly y el mito de la Atlántida: Indiana Jones también buscó la Atlántida
Incluso Indiana Jones ha buscado la Atlántida, aunque sea en videojuego (Bio Break)

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