lunes, 30 de noviembre de 2015

La tele que nos parió: dibujos animados e historia

La verdadera patria del hombre es la infancia.
R. M. Rilke

Quienes estamos ahora en la treintena somos una generación bastante añorante de las cosas de nuestra niñez; como dicen en la afamada página Yo fui a EGB, no somos nostálgicos, más que nada porque ya no hay nostalgias como las de antes.

Ignoro si hay algún estudio que explique el porqué de esta mitomanía; tal vez sea por la búsqueda de referentes y aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Aquellos años implicaron muchos cambios a nivel mundial, y especialmente en España, que se ha quedado, como dijo Guerra, que no la reconoce ni la madre que la parió, y nos cuesta en muchos aspectos reconocer aquel mundo en el actual. La cosa es que si ahora contamos a nuestros hijos y sobrinos que "el enemigo" era un país enorme llamado la URSS les suena casi al Sacro Imperio Romano Germánico, y si les decimos que no existía Internet, piensan que acabábamos de salir del Neolítico.

La tele que nos parió: dibujos animados e historia: barco de Tente
En aquellos tiempos heroicos, el genial Tente no había sido aun derrotado por el advenedizo Lego (FMG)
La cosa es que aquella relativa escasez de medios ha dejado cierta impronta generacional, que tal vez contribuya a explicar las cosas: todos tenemos los mismos referentes. Como sólo había dos cadenas de televisión, veíamos las mismas series; como había pocas editoriales de literatura infantil, leíamos los mismos libros. También llevábamos a clase los mismos cuadernos, aprendíamos a escribir con los mismos cuadernillos y comprábamos las mismas chuches (que en aquellos tiempos ancestrales aún se llamaban golosinas).

¿Resultado? Páginas como la citada anteriormente arrasan, y si tras unas rondas de cervezas pone usted la música de cabecera de David el gnomo, ese grupo de treintañeros encorbatados del fondo la cantarán con más pasión que el himno nacional (si tuviera o tuviese letra, ya me entienden).

Por suerte para todos nosotros, aquellas series estaban llenas de personajes literarios e históricos. Sí, estaban también Mazinger Z y La abeja Maya, pero había muchos ejemplos de dibujos animados que nos llevaron a leernos los libros en los que se inspiraban, o a querer saber más sobre los hechos en los que se basaron.

Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha (Taringa)
Entre los personajes literarios están, claro, Dartacán y los mosqueperros (no hace tanto aún le tuve que aclarar a alguien que los mosqueteros de Dumas no se llamaban igual que sus émulos caninos), Sherlock Holmes, La vuelta al mundo de Willy Fog, Don Quijote de la Mancha, Heidi, MarcoEl maravilloso viaje de Nils Holgerssony una de mis favoritas, Ulises 31. Si bien eran adaptaciones más o menos libres de los clásicos literarios correspondientes, ya sentaban unas reglas del juego interesantes.


Dibujos animados de Sherlock Holmes
Sherlock Holmes, como él no hay otro igual... (Yo fui a EGB)
Y entre las series con vocación más educativa en términos históricos, surgieron algunos ejemplos que a día de hoy continúan siendo referenciales. La saga Érase una vez, compuesta a su vez por varias series, destaca en términos históricos por la primera de la lista, Érase una vez el hombre (y su cortinilla, que todos aún tarareamos, con el Septimino de Beethoven), a la que siguieron otras de corte histórico, como Érase una vez las Américas... además de otras que se acercaban a otras "asignaturas", como Érase una vez la vida. Curiosamente la menos recordada de la saga es mi favorita, Érase una vez el espacio (no sé si empiezan a ver un hilo conductor).


Hubo otra serie de marcado corte histórico, nacida al calor de los fastos del V Centenario del encuentro entre el nuevo y el viejo mundo: Las mil y una... Américas. Aunque, como es lógico, la mayor parte de series de animación con ambientación histórica de aquellos tiempos se centran en los tiempos medievales, que siempre dan mucho juego: caballeros, batallas, princesas y conquistas... Sobre todas ellas destacaría mi gran favorita, Ruy, el pequeño Cidcon aquella impresionante cortinilla inicial con la música de Júpiter, mensajero de la alegría de la suite Los planetas, de Gustav Holst.


Otra serie basada en la edad media (en este caso legendaria) fue El rey Arturo, al igual que la adaptación del célebre cómic El príncipe Valiente. Incluso hubo una de Disney ambientada en la edad media, Los osos Gummi. Y además de los caballeros medievales, conocimos también a otros personajes claves de aquellos siglos a través de Vickie el vikingo. Vale que llevaban cascos con cuernos, pero ya iba dando pistas sobre los aguerridos hombres del norte.


Aparte quedan otras gran series de corte más o menos histórico, de imagen real y carácter más adulto (al fin y al cabo, las series no nacieron ayer): Norte y SurAquellos maravillosos años, Arriba y abajo, Celia, Dick Turpin, Anno Domini, Raíces, Yo, Claudio... pero esa es otra historia.

¡Eso es to, eso es to, eso es todo, amigos!

jueves, 26 de noviembre de 2015

Los orígenes de la misoginia occidental a través de los mitos de Eva y Pandora.

Ayer día 25 de noviembre se conmemoraba el Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer. Desde Licencia Histórica queremos aportar nuestro granito de arena en la lucha contra esta lacra social y, por ello, para la entrada de hoy hemos decidido sacar a la luz un antiguo trabajo de Historia de Género que preparamos durante la licenciatura.

Los orígenes de la misoginia occidental a través de los mitos de Eva y Pandora -  Adan y Eva (Miguel Ángel)
Michelangelo Buonarrotti, Adán y Eva (Capilla Sixtina)
Tanto el mito hebreo de Eva narrado en el Génesis como el mito griego de Pandora alumbrado por Hesíodo intentan revelar la verdadera "naturaleza" de la mujer y explicar el por qué de su creación. Es significativo que ambos escritos sean casi "contemporáneos", pudiendo fecharse los relatos del Antiguo Testamento en torno al 900 a.C. y Los Trabajos y los Días alrededor de una o dos centurias después. Del mismo modo, ambos conforman la percepción de la mujer "atractiva, irresistible y de carácter mágico-demoníaco" que acabó nutriendo nuestra tradición literaria occidental, especialmente con su estrecha confluencia en la Edad Media.

El origen de Eva se remonta en primer término a la tradición oral de las culturas del Próximo Oriente. En la leyenda del paraíso sumerio la serpiente es emblema de la antigua diosa madre, y el árbol o planta sagrada, epifanía de la misma y símbolo de fertilidad. Es curioso cómo la versión hebrea de Adán y Eva trastoca las circunstancias y los roles, pues es esta diosa-árbol-serpiente la que, furibunda, recrimina a su consorte haberse comido la planta sacra del mágico jardín. La "Primera Mujer" pasa así de diosa principal a simple mortal, nacida a partir de una costilla del hombre. [1] 

Los orígenes de la misoginia occidental a través de los mitos de Eva y Pandora.- Shamhat y Enkidu
Shamhat y Enkidu (The Tree of Life)
Si seguimos avanzando a través de la cultura mesopotámica, vemos en la Epopeya de Gilgamesh (2100-1800 a.C.) cómo ya más claramente aparece una iconografía que relaciona la maldad con la mujer, y ésta a su vez con el polémico reptil. En este relato heroico se nos cuenta que una prostituta del templo fue enviada a Enkidu para apartarle con sus artes sexuales del entorno natural en que vivía. Muerto dicho héroe, su afectado amigo Gilgamesh partió en busca del secreto de la inmortalidad, oculto en una planta que acabó en poder de una serpiente. De ambas historias se desprende un concepto muy importante para entender posteriormente el mito del Génesis: la mujer comparte el papel seductor con la serpiente. Este animal, símbolo del conocimiento, se sirve así de Eva como portavoz para persuadir a Adán y propiciar su Caída. [2]

Aunque no hay evidencias de que hebreos y griegos compartieran una tradición oral común sobre la creación humana, es probable que desde Babilonia y Egipto hubieran llegado algunas de las historias que hablaban de la creación de hombres de barro por dioses alfareros. Y es que los griegos también atribuyeron a la mujer la causa de todos los males que dominaban la existencia humana.

Por otro lado, las poesías de Hesíodo (Teogonía y Los Trabajos y los Días) son las únicas fuentes griegas existentes que abordan el tema de la creación de la mujer. Significativamente, ambas son escritas en el transcurso del mito al logos, es decir, en el periodo de crisis griego referente a la comprensión de los valores que fundamentaban la cultura y sociedad mismas (el mundo de las tradiciones y el mundo histórico). Autores como Beltrán Almería van más allá y sitúan estas obras concretamente en el seno del conflicto entre la vieja cultura agraria (tribal-patriarcal) y una nueva e incipiente cultura mercantilista [3]. Hesíodo, como Homero (y como Platón pasados unos siglos) rescatan en ese cambio el patrimonio de los valores heredados de la etapa anterior, y entre ellos figura la afianzación del papel de la mujer en un revitalizado sistema patriarcal. Los primeros relatos del Antiguo Testamento también comienzan a ponerse por escrito en parecidas circunstancias: alrededor del siglo X a.C. el pueblo judío ya está asentado en la región de Canaán y abandona paulatinamente la vida nómada y pastoril abriéndose al comercio marítimo del Mediterráneo.

Los orígenes de la misoginia occidental a través de los mitos de Eva y Pandora - Pandora
J.W. Waterhouse, Pandora (1896)
Siguiendo con Los Trabajos y los Días, los hombres (varones, de forma literal) habían sido creados en secreto tiempo atrás por el semidiós Prometeo, quien además llegó a robarle a Zeus mediante ardides un poco del fuego celestial para proteger a sus nuevas criaturas del frío. Pandora, pues, no es madre de la Humanidad tal y como sí aparece Eva, sino exclusivamente del género femenino: la "raza maldita". [4] Zeus, en venganza por la afrenta de Prometeo, manda fabricar a Hefesto (que no engendrar) a Pandora de forma "artificial", dotándola con la exuberante belleza de las diosas olímpicas pero también de "mentiras, halagos y perfidias". De este modo, Pandora es enviada como fatal regalo a Epimeteo (el hermano también semidiós de Prometeo), con el objetivo de hacer daño a las criaturas de éste. Una vez en el mundo de los hombres, este "bello mal", trampa y castigo [5], destapa la vasija que lleva consigo y desata sobre ellos todos los males y miserias, reservándose en el vaso únicamente la esperanza.

Así pues, ¿cuál es el resultado común de las acciones tanto de Eva como de Pandora? ¿Qué las mueve a ellas? El paralelismo entre los dos mitos es obvio: ambas traen al mundo la generación y la inevitable muerte por medio de la tentación, la relación sexual, el matrimonio y la reproducción. Las dos son creadas de forma artificial y posteriormente al varón. Lo que empuja a Pandora a abrir la vasija y a Eva a morder el fruto prohibido es nada menos que la curiosidad, pues ambas se ven inevitablemente atraídas por el conocimiento divino (el Árbol de la Vida, la vasija de los dioses). En adelante, la debilidad y credulidad "femeninas" serán relacionadas consustancialmente con su condición.

Se da en ellas, entonces, una inevitable dualidad: la seducción que arrastra al mal, y la curiosidad e intuición; cualidades ambas imprescindibles para alcanzar el propio conocimiento. Esta analogía aparece en otras historias mitológicas griegas volviendo de nuevo a la presencia de la serpiente, como la de Apolo y la Pitón de Delfos. La mujer es vista así como un ser "híbrido" (o como diría Aristóteles, incompleto e inferior) cuya naturaleza posee una especial inclinación a la magia y a lo esotérico.

En cualquier caso, sea la griega o la hebraica, lo difícil para una cultura patriarcal es aceptar que la mujer sea el canal a través del cual se transmita o se filtre el conocimiento divino. Por tanto, a continuación entra sin duda la idea de lo femenino como receptáculo: la procreación como única razón aceptable de su existencia. Tanto Pandora como Eva deben pagar por sus acciones: se las obliga a redimirse a través del matrimonio y la sumisión al hombre, y a expiar sus faltas por medio de la maternidad, entendida como castigo divino y a la vez como él único medio para salvar su alma.

Los orígenes de la misoginia occidental a través de los mitos de Eva y Pandora - La virgen María y Eva
Carlo da Camerino (ca. 1400)
A pesar de todo, Eva y Pandora nunca dejan de ser una especie de "madres malditas" de las que nace todo lo peor. Por ello, en plena Edad Media se erige solemnemente sobre ambas la figura de la Virgen María: madre también, pero bendita por serlo del Salvador y de la propia Iglesia. A partir de los siglos XII y XIII, por tanto, María se representa no sólo como modelo de conducta cristiana, sino también del orden social previsto para las mujeres, en su actitud obediente, humilde, resignada y casta [6].

Y es que cuando el canon cristiano fue establecido por los Padres de la Iglesia, la Biblia hebrea se incluyó en la revelación divina y el Génesis se convirtió en la historia de la Creación para la cultura occidental. Esto no varió significativamente con la aparición del movimiento de la Reforma en el siglo XVI: Lutero, Calvino y otros reformadores triunfantes continuaron considerando, a grandes rasgos, que: "las mujeres aún son como Eva, ellas aún sostienen la manzana en sus manos." [7]

Todavía en los albores del siglo XX se siguió viendo la maldad encarnada en mujeres de la Antigüedad como Lilith, Salomé o Helena de Troya. Otras, como la diosa Isis, no dudaron en entregar su cuerpo a cambio del conocimiento, mito egipcio muy negativamente valorado por la tradición cristiana occidental.

Y es que ni a Eva ni a Pandora se les perdonó nunca ser el origen de todo mal, culpables de perder a la Humanidad por su curiosidad y afán de saber [8].

BIBLIOGRAFÍA:

[1] M. ROBBINS, Whence The Goddnesses. NY: Pergamon Press, 1990, p. 48.
[2] E. FRENZEL, Diccionario de motivos de la literatura universal. Madrid: Gredos, 1980, p. 337.
[3] L. BELTRÁN ALMERÍA, “Pandora en la encrucijada de los tiempos,” Culturas Populares. Revista Electrónica 2 (mayo-agosto 2006): p. 6.
[4] J. P. VERNANT, Mito y pensamiento en la Grecia antigua. Barcelona: Ariel, 1983, p. 61.
[5] J. P. VERNANT, L’univers, els déus, els homes. Barcelona: Empúries, 2000, p. 71.
[6] M. ESCARTÍN GUAL, “Pandora y Eva: la misoginia judeo-cristiana y griega en la literatura medieval catalana y española,” Revista de Lenguas y Literaturas catalana, gallega y vasca. UNED, Vol. XIII (2007): p. 59.
[7] Ibídem, p. 67.
[8] Ibíd., p. 68. La filóloga Escartín Gual señala que tanto la literatura culta como el folklore recogieron el tema de la curiosidad femenina de forma negativa: algunas historias de las Mil y Una Noches, las esposas de Barba Azul, Blancanieves y la manzana, la Bella Durmiente al pincharse con el huso, etc.