jueves, 10 de diciembre de 2015

El algoritmo Lovelace

Tanto como puedo entender, mi comprensión sólo puede ser una fracción infinitesimal de todo lo que quiero entender.
Ada Lovelace

Los asiduos de este blog tal vez recuerden la entrada que dedicamos a Ada Lovelace el día de la mujer trabajadora de 2012; hoy se cumplen 200 años de su nacimiento, por lo que consideramos más que razonable rendirle un nuevo homenajeMás que revisar de nuevo su biografía, las reflexiones de hoy se orientan hacia aspectos menos conocidos de la misma, y hacia la reivindicación de algunas figuras que han sido injustamente obviadas.

Ada Byron, o Ada Lovelace, es mencionada frecuentemente como la madre de la programación. Tras siglo y medio de injusto olvido, a la sombra de su mentor Babbage, su figura se ha popularizado en los últimos años (incluyendo a un servidor en la lista de sus admiradores), con un reconocimiento que tiene una doble vertiente.

La primera faceta a considerar es la de un genio cuyos méritos fueron aparcados en la cuneta de la historia, tal como ocurrió con otras mentes reivindicadas por aquí, como Nikola Tesla y Philo Farnsworth. La segunda, evidentemente, gira en torno a su condición femenina, una barrera casi insalvable en la era victoriana para que su trabajo fuera reconocido en una disciplina (la ingeniería) considerada hasta hace demasiado poco tiempo como puramente masculina. 
El algoritmo Lovelace: Doodle sobre Ada Lovelace
Doodle sobre Ada Lovelace (Google)
Una mente maravillosa

A nuestra protagonista le tocaron cartas dispares. Su madre, Anna Isabella Milbanke, baronesa de Wentworth, se encargó de que dispusiera de la mejor formación posible para una señorita, y a la vez, de intentar alejarla de aquellas disciplinas que pudieran hacer aflorar los genes de su padre, el crápula Lord Byron, quien las abandonó siendo Ada recién nacida. Éste llamaba a Anna Isabella la Medea matemática, por su amor al orden, la disciplina y las matemáticas. Y para alejar la vena poética de la mente de su hija, la hizo centrarse de manera obsesiva en las ciencias exactas. Ada llegó a escribirle:
No me concederás la poesía filosófica. ¡Invierte el orden! ¿Me darás la filosofía poética, la ciencia poética?
Una mente ágil y la educación recibida hicieron que dominase las matemáticas a un nivel inusualmente alto para una mujer de esa época. Pero la genética y la represión siempre acaban asomando por alguna parte: mucha de la correspondencia de Ada Lovelace se encuentra archivada en la Biblioteca Bodleian de Oxford, la cual revela a una mujer inteligente, apasionada y visionaria, y, a la vez, lastrada por la enfermedad y su entorno.

A lo largo de toda su vida Ada sufrió enfermedades, que incluían síntomas como el dolor de estómago, visión borrosa y palpitaciones, lo que algunos estudiosos atribuyen a una porfiria no diagnosticada. Por otra parte, Ada manifestaba un sentido exagerado de su propio destino, en la línea de su padre. Muchas de sus cartas son largas, personalmente obsesivas y un poco extravagantes, y dan pistas sólidas de que atravesó varios episodios maníacos. 

Algunos biógrafos han citado sus afirmaciones acerca sus propias grandes capacidades intelectuales como evidencia de un trastorno maníaco depresivo o incluso de cierta sociopatía; Ada se refiere a menudo en sus cartas a la "manía" y su cansada mente. Además, desarrolló un auténtico problema de ludopatía, que en 1851 la llevó a intentar desarrollar un modelo matemático que le permitiera ganar grandes apuestas, lo cual derivó en un rotundo fracaso y miles de libras de deuda. 

"Más matemáticas" era la receta cuando atravesaba períodos de inestabilidad mental, o, simplemente, a modo de cinturón de castidad mental, alejándola de tentaciones, tal como su (aparentemente inocente) romance con su tutor de taquigrafía William Turner. Tras su matrimonio con William King protagonizó varios sonados escándalos en la época: entre sus amistades se encontraban sobre todo hombres, atribuyéndosele varios escarceos amorosos entre los mismos, un posible affaire con el propio Babbage, y un más que probable amante en la figura de John Crosse, hijo del científico Andrew Crosse.

Su mala salud se materializó finalmente en un cáncer de útero, del que falleció pocos días antes de cumplir los 37 años, probablemente empeorado por las sangrías que le practicaban sus médicos. Además, su agonía careció de analgésicos, negados por su madre, quien no creía en ellos; existe la teoría de que la castigó en su lecho de muerte por su pecaminosa vida, haciendo que se arrepintiese y sufriese una transformación religiosa en sus últimos días.
El algoritmo Lovelace: Las emocionantes aventuras de Lovelace y Babbage
Las emocionantes aventuras de Lovelace y Babbage (Sidney Padua)
La conjura de los genios

¿Destruye todo esto la figura de Ada Lovelace, la encantadora de números? En absoluto, aunque tal vez pinche un poco la burbuja en torno a la misma. Su condición de genio no reconocido durante mucho tiempo, y a la vez, de mujer que debía ocultar su condición al orientar su mente hacia tareas consideradas entonces ajenas a su feminidad, han hecho que se haya creado en los últimos años un pequeño mito, y normalmente estos problemas mentales y escándalos no aparecen reflejados en las reseñas.

Debemos reflexionar, sin embargo, si precisamente estas circunstancias no deberían contribuir a valorarla más. En primer lugar, como persona real: un aura de perfección en torno a todo lo que la rodease la aleja y hace difícil tomarla como modelo, puesto que se convierte en casi inalcanzable. Y en segundo, como alguien capaz de afrontar los retos que se le plantearon; por ejemplo, si bien podía tender a sobrevalorar sus propias capacidades, probablemente de no haberlo hecho jamás se habría atrevido a tratar de igual a igual a las cabezas pensantes de sexo masculino de su tiempo. 

La historia está llena de casos de genios cuya personalidad resultaba patológica, o cuya genialidad estaba inevitablemente asociada a cierto desorden mental: no tenemos más que revisar las vidas de Wagner (detestable como persona), Newton (obsesionado por la alquimia y cuyo mayor logro, según él, fue morir virgen), Tesla (lleno de manías y obsesiones), etc. Supongo que no debe sorprendernos que Ada Lovelace también deba ser incluida en esta lista. 

En los últimos tiempos la figura de Ada Lovelace está siendo justamente reivindicada de muy diversas formasen 1980 el Departamento de Defensa de EEUU creó un lenguaje de programación llamado Ada en honor a nuestra protagonista, se celebra el día de Ada Lovelace el 13 de Octubre, han aparecido numerosas biografías, un musical, se ha hablado de una película aun no materializada, Google le ha dedicado un doodle, hay merchandising sobre ella y Sidney Padua ha creado un interesante cómic. 

No siempre se cuentan todos los detalles, y se repite el mantra de que Ada fue la creadora de la informática, cosa no del todo exacta. Podríamos decir que Babbage fue quien se enfrentó al concepto de hardware y los primeros pasos en la programación, y Ada la pionera en los conceptos que hoy asociamos al softwareLa realidad es siempre mucho más compleja de lo que se nos cuenta en primera instancia; y, por ello, precisamente mucho más interesante.
El algoritmo Lovelace: Idealizado merchandising sobre Ada Lovelace
Merchandising (bastante idealizante / hagiográfico) sobre Ada Lovelace (Look Human)

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