jueves, 15 de octubre de 2015

Presentación de la obra “La Corte de Felipe IV (1621-1665). Reconfiguración de la Monarquía Católica”.


 El pasado 17 de septiembre se presentó en Madrid la colosal obra “La Corte de Felipe IV (1621-1665). Reconfiguración de la Monarquía Católica” editada por Polifemo. Para el acto los editores de la obra, el catedrático José Martínez Millán y el profesor José Eloy Hortal Muñoz, se rodearon de los académico de la Historia Feliciano Barrios y María Ángeles Pérez Samper

Presentación de la obra “La Corte de Felipe IV (1621-1665). Reconfiguración de la Monarquía Católica”.Foto del acto. Archivo propio.
Foto del acto. Archivo propio.
He adjetivado la obra como "colosal" y no una figura retórica. Los simples datos dan buena prueba de ello. Unos 5 Kg entre todos los tomos. Más de 2600 páginas cuyo índice abarca casi 40 folios y todo ello acompañado por un CD donde se reúnen los más de 12.000 nombres de todos aquellos que fueron alguien en la Corte de Felipe IV. Todos estos datos sólo tienen importancia en tanto en cuanto están al servicio de treinta investigadores de primera que sin duda aportarán una nueva visión del reinado de Felipe IV  que ya se anuncia en el título al hablar de "reconfiguración" de la Monarquía. 


Presentación de la obra “La Corte de Felipe IV (1621-1665). Reconfiguración de la Monarquía Católica”. El codirector  Martínez Millán y  Feliciano Barrios  durante la presentación. Archivo propio.
El codirector  Martínez Millán y  Feliciano Barrios
 durante la presentación. Archivo propio.
Creo que por profundidad y diversidad será una obra de referencia durante décadas sobre el reinado de Felipe IV. Aquí hay material para trabajar durante años. La obra generará sin duda debates y nuevos enfoques a la vez que mostrará a los jóvenes investigadores fecundas líneas de investigación.

Os dejo con el resumen de la misma que la editorial Polifemo para que podáis profundizar un poco más en la misma.
 Resumen: 
Presentación de la obra “La Corte de Felipe IV (1621-1665). Reconfiguración de la Monarquía Católica”. Portada del tomo I. Volumen II. Fuente: Polifemo.
Portada del tomo I. Volumen II. Fuente: Polifemo
La decadencia de la Monarquía hispana siempre se ha identificado con el reinado de Felipe IV y ese proceso histórico se ha interpretado desde planteamientos prioritariamente económicos y desde un punto de vista castellano, insistiendo en el retroceso militar que experimentó en Europa. Para justificar esta evolución, los historiadores no han dudado en acusar al monarca de ser un personaje abúlico y amigo del placer y la diversión más que del trabajo, extrayendo tales características, incluso, del semblante con que aparece en los numerosos retratos que le hizo el gran Diego Velázquez. En nuestra opinión, la interpretación que se ha dado al reinado es simplista y unidimensional. Por lo que se refiere a Felipe IV, defendemos que fue un rey burócrata como su abuelo (así lo testimonian los documentos), y la expresión de sus rasgos faciales bien pudiera ser fruto del sereno estoicismo y la espiritualidad radical (que el monarca practicó) ante la impotencia y soledad con que se tuvo que enfrentar a los duros problemas por los que atravesó la Monarquía. En este sentido, es preciso recordar que toda su vida se desenvolvió en la adversidad y nunca perdió la compostura humana ni tampoco la política en orden a mantener su Monarquía, lo que contradice la opinión de falta de voluntad. 

La decadencia de la Monarquía hispana se debe interpretar como una “crisis de identidad”. Ni cumplía ya la función que había tenido en sus orígenes (siglo XVI) ni defendía los proyectos políticos de las elites sociales que la habían fundado. Su configuración (basada en la agregación y yuxtaposición de reinos, que mantuvieron sus respectivas casas reales como núcleo de organización) resultaba ya inviable, pues la Monarquía se había forjado sobre el poderío de un reino (Castilla) con una organización cortesana extranjera (casa de Borgoña). Felipe IV fue consciente de que era imposible modificar esa estructura, por lo que trató de “reconfigurar” las cortes virreinales y sus relaciones con la corte de Madrid. 
Presentación de la obra “La Corte de Felipe IV (1621-1665). Reconfiguración de la Monarquía Católica”.Feliciano Barrios, María Ángeles Pérez Samper y José Eloy Hortal Muñoz, codirector de la obra. Archivo propio.
Feliciano Barrios, María Ángeles Pérez Samper y José Eloy Hortal Muñoz, codirector de la obra.
Archivo propio.
Desde el punto de vista ideológico, la identidad con la que el conjunto de reinos y territorios que conformaron la Monarquía hispana, se presentó de cara al exterior estaba fundamentada en el universalismo de la religión católica (Monarchia universalis), basada en la tradición castellana, que el monarca aplicaba de acuerdo a sus intereses políticos y –si era preciso– sobre la jurisdicción eclesiástica. Durante el siglo XVII, el Papado consiguió subordinar la política de la Monarquía a sus intereses, imponiendo una religiosidad y una cultura dirigida por el pontífice, lo que inevitablemente produjo un cambio en su justificación: la Monarchia universalis se convirtió en Monarquía católica. Esto significó el rechazo de los ideales castellanos por una tradición común con la otra rama de los Habsburgo bajo la devoción a la Eucaristía, como había querido su fundador el duque Rodolfo; es decir, la dinastía en su conjunto lucharía por la defensa de la religión católica (definida por Roma) sin que la Monarquía hispana obtuviera contraprestación material o conquista alguna. 

Presentación de la obra “La Corte de Felipe IV (1621-1665). Reconfiguración de la Monarquía Católica”.
Portada del tomo I. Volumen I.  Fuente: Polifemo
Tras la paz de Westfalia, Felipe IV (al igual que sus servidores) comenzó a darse cuenta de que el concepto de “Monarquía católica” carecía de contenido y de eficacia política. Es preciso recordar que la unión de la Monarquía católica y el Imperio ya no se consideraba una “comunidad política” ni tenía intereses y proyectos religiosos comunes. Ni siquiera Roma, cuando se refería a la Monarquía hispana, le otorgaba el contenido político y el significado religioso que había representado la Monarquía católica durante la primera mitad del XVII. El propio Emperador (la otra rama de los Habsburgo) no lo interpretaba ya de esta manera ni consideraba que, en unión con la rama de la dinastía de Madrid, constituían el baluarte de la Iglesia católica; es más, no estimaba a la Monarquía católica como un aliado de garantía en la lucha política que mantenía en el continente europeo, como lo demuestra el acuerdo que llegó a establecer con Luis XIV, tras la muerte de Felipe IV, para repartirse los territorios en disputa.  
La Monarquía católica se convenció de que su decadencia consistía en el declive de la dinastía hispana de los Habsburgo en Europa; pero tomó conciencia de que su auténtico poder e influencia estaba en su Imperio americano. A finales del reinado de Felipe IV (y sobre todo en el de su hijo Carlos II) se percibe una reestructuración institucional que daría lugar a una Monarquía basada en una constitución nueva.

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