jueves, 8 de octubre de 2015

Napoleón, Florencia y el Papa respondón

¿Cómo se puede tener un estado sin religión? La religión es un medio formidable para tener quieta a la gente.
Napoleón Bonaparte.

Italia siempre ha sido tierra convulsa, y el largo siglo XIX no fue una excepción, habida cuenta de que a finales del mismo sufrió su proceso de unificación. Además, el que haya sido centro del poder espiritual de Occidente durante siglos no ha contribuido a pacificarla: las luchas en torno al trono de Pedro han tenido gran protagonismo en la península con forma de bota.

A finales del XVIII y principios del XIX una nueva Europa parecía tomar forma, debido a los nobles ideales de libertad, igualdad y fraternidad que Napoleón decidió compartir con medio mundo, llevándolos bien sujetos en la punta de las bayonetas de sus tropas. La cosa es que, con cierta semejanza con un tipo de bigote ridículo que dirigió Alemania de 1933 a 1945 siendo austriaco, Napoleón dirigió los destinos de Francia siendo francés sólo técnicamente, debido a su origen corso; tal vez menos conocido sea el hecho de que su familia, los Buonaparti, eran realmente originarios de Florencia; la rama de la familia en cuestión se instaló en Córcega en el siglo XVI.

La guerra es la política por otros medios

Como sabemos, fue costumbre del corso jugar al Risk con mapas de escala 1:1, haciendo y deshaciendo reinos, ducados y provincias imperiales a su antojo. En 1796 derrotó a los austriacos en Italia, y aprovechó para visitar Florencia y su familia lejana (llamaba "tío" al abate Filippo de San Miniato). Las campañas en Italia se prolongaron durante varios años, afectando, lógicamente, a los Estados Pontificios: en 1798 se declaró la República Romana, se legalizaron el matrimonio civil y el divorcio, se cerraron los monasterios y se confiscaron las propiedades de la Iglesia; el Papa Pío VI fue apresado la noche del 20 de febrero, recluido en un convento de Siena y luego trasladado al monasterio cartujo de Galluzzo a las afueras de Florencia. Murió en 1799 exiliado en Francia.

Napoleón, Florencia y el Papa respondón: Pio VII
Pío VII, por Jacques-Louis David (Wikipedia)
En 1800, en un "cónclave de emergencia" en Venecia, fue elegido un nuevo Papa, Pío VII, que fue uno de los instigadores de una revuelta campesina en Florencia contra los franceses. La represión, dirigida por Murat, fue implacable. Entre las medidas tomadas, se disolvió el Gran Ducado de la Toscana para crear el reino de Etruria... lógicamente, como estado satélite de Francia.

En 1804, Napoleón organizó su investidura formal como emperador, y Pío VII fue persuadido para participar en la ceremonia, que tuvo lugar en Notre Dame de París. En la ceremonia el Papa se limitó a bendecir a Napoleón, mientras éste se autocoronaba, buscando resaltar el carácter secundario del Pontífice. Tras varios desencuentros, en 1808 Roma fue tomada militarmente y en 1809 Pío VII excomulgó a los «ladrones del patrimonio de Pedro, usurpadores». Sería más o menos respetuoso con el Papa, pero el corso sabía bien de la influencia de la religión en la vida de un estado, por lo que le tocó mover ficha.

Napoleón, Florencia y el Papa respondón: la coronación de Napoleón
La coronación de Napoleón, por Jacques-Louis David (Wikipedia)
El citado reino de Etruria duró bastante poco, pues en 1807 se disolvió y se incorporó el territorio al Imperio Francés como departamentos, sometidos a una junta dirigida por el gobernador Jacques François de Menou, «probablemente el hombre más duro de la Europa napoleónica».

El tormento y el éxtasis

La mano derecha de Menou en la Toscana era el general Étienne Radet, quien, en 1809, recibió la orden más importante de su vida: la detención de Pío VII. Con autoridad directa del emperador, tenía que llevar 1.000 hombres a Roma y detener al Papa. La noche del 5 de Julio asaltaron el palacio del Quirinal, y recorrieron los pasillos hasta que abrieron las puertas de los aposentos del Pontífice, dando lugar a un diálogo curioso:

-[Radet] Santo Padre, vengo en nombre de mi soberano, el emperador de los franceses, a decirle que debe renunciar a sus dominios temporales de la Iglesia.
-[Pío VII] Ni puedo, ni debo ni quiero hacerlo.

Así que el grupo de asalto detuvo al Papa, lo metió en un carruaje y salieron de Roma a toda velocidad por la carretera norte. Antes de salir del Quirinal, Pío VII ordenó destruir su anillo del pescador, para que ningún usurpador pudiera utilizarlo sin su conocimiento, siendo el único caso registrado en que el anillo papal se destruye en vida de su portador.Tras un viaje de pesadilla donde el Pontífice padeció diversos ataques gástricos y Radet resultó herido al volcar el carruaje, Pío VII fue escoltado a Galluzzo, al igual que su predecesor.

Napoleón, Florencia y el Papa respondón: Claustro del monasterio cartujo de Galluzzo
Claustro del monasterio cartujo de Galluzzo (Abbeys of Tuscany)
La Gran Duquesa de la Toscana era, en aquel momento, Elisa Bonaparte, hermana del emperador, quien hizo llegar al Santo Padre un mensaje preguntándole si le faltaba alguna cosa, a lo que el Papa contestó:

- No conozco a la dama de la que habla, y no necesito de sus servicios para nada.

Tan respondón «huésped» posteriormente fue trasladado a Savona, a orillas de la Riviera. Terco y negándose a actuar como títere del corso, se le trasladó en 1812 al palacio de Fontainebleau, donde permaneció (con diversos tira y afloja con Bonaparte), hasta comienzos de 1814, donde Napoleón, ya en serios apuros, restauró los Estados Pontificios y liberó al Papa, que volvió a Roma en loor de multitudes.

Tras la batalla de Waterloo, en 1815, permitió la entrada, como refugiados políticos, a familiares de Napoleón. Falleció en 1823, y actualmente se encuentra en proceso de canonización, cuya causa fue abierta por el Papa Benedicto XVI en 2007.

Una cosa curiosa es que, tras la muerte de Napoleón, los Bonaparte supervivientes se sintieron mucho más cómodos en Italia que en otras partes, asentándose principalmente en Roma, Florencia y Livorno.

Por otra parte, que un Papa fuera detenido (e incluso ejecutado) no es tan raro en términos históricos, pues si miramos los primeros siglos del cristianismo abundan los mártires que han ejercido el cargo. Pío VII conoció el apresamiento y el exilio, aunque hubo una ocasión más reciente donde pudo producirse; es el caso de Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial, cuya detención fue ordenada al comandante de las SS en Italia Karl Wolff, quien en sus memorias aseguró haberse negado. Entre las órdenes de Wolff constaban, supuestamente, órdenes para apoderarse de ciertas runas que albergaba la Biblioteca Vaticana. Pero esa, claro, es otra historia...

Fuentes:
  • Norman Davies (2013): Reinos desaparecidos, Galaxia Gutenberg.
  • Umberto Eco (2013): Historia de las tierras y los lugares legendarios, Lumen.

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