jueves, 28 de mayo de 2015

10 (x2) libros que me (nos) cambiaron la vida (I)

Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer.
Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.


Libros en vena
Libros en vena (Twitter)
Cada uno de los libros leídos, y cada una de sus páginas, forman parte de la vida de un lector. Pero, al igual que las personas con las que tratamos, algunos simplemente se cruzan en nuestro camino, otros nos repelen y otros, finalmente, nos cambian nuestra forma de ver el mundo. De alguna forma, se incorporan a nuestro ADN, y comienzo a pensar que no sólo de forma metafórica, ahora que sabemos que hay genes que pueden activarse y desactivarse.

Me dejo fuera grandes libros en este ejercicio autoimpuesto. Ninguno de la II Guerra Mundial, de la que he leído decenas de miles de páginas. Nada de Borges, a quien considero el mejor escritor en castellano de la historia, o de Saramago. Poca novela histórica, de la que siempre tengo alguna cerca. Pero todos han dejado poso de alguna manera; muchos de ellos como un buen amigo: de forma discreta pero continua (como los de Terry Pratchett, a quien tanto voy a añorar). La sufrida y fiel infantería.

No sé si la lista que sigue es muy original... pero es la mía. Voy a usar como criterio aquellos libros que me abrieron puertas y me hicieron subir el nivel de lo que vendría despues, aunque no necesariamente hayan sido los que más he disfrutado (de todos modos, creo que ninguno baja de la categoría Magna cum laude). Mi trayectoria vital (muy) resumida en 10 libros quedaría ahora mismo así:
Los héroes de la Iliada por Tischbein
Los héroes de la Iliada por Tischbein (Wikimedia)


  1. La Iliada y la Odisea, de Homero: leídas en el verano en que cumplía 14 años, fue mi primer contacto fuera del colegio con la cultura griega. Y me encantó. Me di cuenta de que el mundo clásico sentó las bases de todo lo que vino después, y creo que fue una de las formas en que me enganché a la historia.
  2. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez: también por aquellos años cayó el Opus Magnum del señor García Márquez; la cual, además, releí un par de veces en pocos años. Durante mucho tiempo consideraba que era imposible escribir mejor en castellano, aunque luego descubrí los cuentos de Borges y a Delibes. En todo caso, en Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...
  3. 20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne: leer a Julio Verne en la adolescencia es muy típico, lo sé. La colección de sus libros que me compraron mis padres fue devorada casi íntegra en esa época. Pero ninguna novela me marcó tanto como 20.000 leguas, tanto por constituir mi primera lectura de auténtica ciencia-ficción (es decir, ficción científica) como por la presencia titánica del capitán Nemo entre sus páginas. ¡De mayor quiero ser un supervillano como él!
  4. El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien: seguimos con la originalidad, lo sé. Pero no podía dejar fuera de la lista la gran referencia de la fantasía épica, la cual, además, me abrió las puertas a mi mitología favorita, la nórdica. 
  5. El nombre de la rosa, de Umberto Eco: no sé cuantas veces he leído este libro; creo que es la mejor novela histórica que ha pasado por mis manos. Es uno de los pocos referentes literarios que comparto con Roberto (junto con Cien años de soledad y Sherlock Holmes), y para para ambos es un pilar inamovible de nuestra biblioteca mental. Y encima, cuando conocí a Roberto, me hizo ver que no me había enterado de la misa la mitad.

  6. El contrato social, de Rousseau: ya en la universidad, este es uno de los libros que marcó de forma decisiva mi pensamiento político y social. No tanto porque su contenido lo considere totalmente aplicable al día de hoy, si no porque me marcó el camino, y me señaló partes de mi visión del mundo que debían comenzar a quedar atrás.
  7. El universo elegante, de Brian Greene: el libro que me hizo, al fin, entender la teoría de cuerdas. No sé si a ustedes les llamará la atención, pero en mi mente eso fue un hito interesante. Además, es de obligada cita como libro de divulgación científica. Para mí gusto, aun mejor que los del genial Stephen Hawking.
    Arthur C. Clarke por Denis Gonchar
    Arthur C. Clarke por Denis Gonchar
    (What An Art)
  8. Cita con Rama, de Arthur C. Clarke: lectura de no hace tanto, aunque los años van pasando inexorables. Si sólo pudieran leerse un libro de auténtica ciencia-ficción (y con ello quiero decir de los de tener el manual de física y la calculadora a mano), debería ser este. Desde entonces, ni siquiera meto en la categoría de ficción científica muchas obras que antes sí hubiera considerado en la misma. Sospecho que si algún día la humanidad se ve en la tesitura narrada en este libro, podremos empezar a considerarlo profético.
  9. El libro de las ilusiones, de Paul Auster: lectura relativamente reciente, pero que hizo que me enganchara al señor Auster. Mi aproximación fue de "algo tendrá el agua cuando la bendicen"... e hizo que me leyera (casi) todos sus libros durante los dos años siguientes. Ahora es mi novelista favorito.
  10. Maus, de Art Spiegelman: de chaval fui muy buen lector de tebeos, pero desparecieron de mi campo visual durante cosa de 10 años. Pensaba que había dejado atrás el mundo del cómic, que en el fondo era cosa de chavales... pero me topé con Maus. Una de las mejores novelas gráficas jamás realizadas, que me hizo volver a caer en las garras del cómic; lógicamente, con gustos y horizontes distintos.
Por suerte, esta lista probablemente cambie mucho de aquí en adelante. Posiblemente los libros de mi adolescencia sigan inamovibles (mi patria es mi infancia, que dijo Rilke), pero el resto dependen tanto del momento vital que en unos años puede que apenas reconozca este decálogo. Según mis cuentas, con mi ritmo de lectura y la esperanza de vida actual, me quedan unos 1.000 libros que leer antes de vérmelas con la parca. Habrá que escoger bien, que son muy pocos para todos los que me gustaría.

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