lunes, 26 de enero de 2015

Europa utilitaria. Europa sin alma.

Los que me conocen, o leen el blog el blog desde hace algún tiempo, me habrán oído hablar de una crisis muy diferente a la que normalmente ocupa las portadas de los periódicos. Sin quitarle un ápice de dureza y de importancia a la misma, tras la crisis económica se esconde otra de proporciones tan catastróficas y dolorosas como la primera. Me refiero, como no podía ser de otra manera, a la crisis cultural.

Llevamos décadas primando los saberes útiles, sobre otros supuestamente inútiles. El latín ha desaparecido de nuestras aulas de bachillerato, y el griego es considerado una rareza a medio camino entre lo freak y lo pedante. No hablemos ya de la música, la danza o las bellas artes en general, barridas sin compasión desde el principio. Así, demos historia en inglés, que ya que no sirve para nada, que al menos los chavales aprenderán un idioma. Filosofía... no seamos “perroflautíes”, y pongamos a los profesores de tan absurda materia a dar clase de economía. Ya que les pagamos, que hagan algo útil, parecen pensar.
Europa utilitaria. Europa sin alma.La escuela de Atenas. Rafael Sanzio (1510-1512). Fuente: Wikipwedia.
La escuela de Atenas. Rafael Sanzio (1510-1512).
Fuente: Wikipwedia.
La consecuencia de todo esto para mi es obvia. No formamos personas, y mucho menos ciudadanos.  Creamos individuos productivos para la sacrosanta economía de mercado. Y en ello no vería nada malo si no solo se formara a ese individuo en ese aspecto tan concreto. No lo digo yo, lo dice uno de los más reputados expertos en educación, sir Ken Robinson. Por supuesto esto no es un ataque a la economía o a cualquier rama de la ciencia. El mundo iría un poquito mejor, cosa no muy difícil, si el ciudadano medio tuviera más nociones de ciencias. La de problemas que nos hubiéramos ahorrado.

¿Pero que ocurre cuando a la gente solo se le forma en aspectos supuestamente útiles? Simplemente que les quitamos el alma, la humanidad, la ciudadanía. Y nos llevamos las manos a la cabeza cuando nos encontramos con gente que abraza los extremismos. Sesudos debates de por qué un ciudadano francés, nacido y educado en el corazón de Europa, decide que la vida tiene menor valor que sus creencias religiosas, y nadie habla de educación.

Leemos asombrados que en más de 200 colegios de dicha nación se produjeron disturbios tras los atentados porque, ¡oh, sorpresa!, como dice el director de uno de estos centros “No todos los alumnos entienden que, en una República laica, tenemos derecho a expresarnos libremente y a criticar una religión”. Y no lo entienden porque nadie nunca se lo explicó. Ahora las prisas, ahora las políticas atropelladas, y se crea una asignatura educación “moral y cívica”. Como si esto de la educación se hiciera de un día para otro. Tras años de derribo del pensamiento crítico, científico y humanístico, pretendemos tener la solución instantánea cual Nescafé.

Europa utilitaria. Europa sin alma.Retrato de Erasmo de Rotterdam por Durero (1526). Fuente: Arte inútil.
Retrato de Erasmo de Rotterdam por Durero (1526).
Fuente: Arte inútil.
Historia, historia del arte, latín,… apartadas por miopía política y un utilitarismo económico mal entendido. Pongo un ejemplo. La historia del arte nos acerca a otras culturas, a otras maneras de entender el mundo, tan válidas como la nuestra y puestas en su contexto. No son sólo bóvedas y plantas, es una manera de educarnos en el respeto y en el pensamiento crítico. ¿Educación moral y cívica ahora? Cortoplacista y, como decía, miope.

Hablamos constantemente de la necesaria regeneración democrática, y a nadie se le ha pasado por la cabeza que ésta pasa necesariamente por un conocimiento básico del funcionamiento de nuestras instituciones, por la creación de un espíritu crítico basado en un conocimiento humanístico, y, por supuesto, científico. Nos dejaron a los pies de la demagogia de todos los políticos y de los radicalismos más extremos sin un argumentario, sin un pensamiento crítico que sirva de contrapeso a ello. Y ahora los lloros y el rechinar de dientes.

Bajen, bajen al bar de la esquina y pregunten por Cicerón, Aristóteles, Hume, Locke, Unamuno o Erasmo. Vayan a una universidad, a un instituto y hagan la misma pregunta. Como mucho les dirán que el tal Erasmo es el que reparte becas. ¿Y es culpa de ellos? ¿Alguien puede sostener, con un mínimo de criterio, que esto es culpa de nuestros alumnos? Hemos cambiado a Cicerón y Baltasar Gracián por Paulo Coelho, filosofía de mercadillo, del todo a cien. Eslóganes vacíos, premisas simplistas ofertadas a cantidades industriales en los anaqueles de las librerías.

Nos bombardean diciendo que somos ciudadanos, que somos demócratas. Vuelvan al bar o a las aulas y pregunten qué es realmente eso. Hablamos de derechos ciudadanos, y no sabemos ni definirlo de manera coherente, al igual que no sabemos definir qué es democracia, y mucho menos sabemos sabemos responder a preguntas tan simples como ¿dónde nació la democracia? ¿De qué manera? ¿Y el término ciudadano? ¿Cómo podemos ser algo que ni siquiera sabemos lo que es? Igualmente preocupante... ¿cómo demonios vamos a saber quienes somos si no conocemos a quienes nos precedieron? ¿A tanto llega la egolatría del hombre del siglo XXI como para despreciar e ignorar a los millones de personas que nos precedieron durante miles de años? Nacimos por generación espontánea, el pasado es tierra quemada y el presente lo gastamos buscando un futuro tan idílico como incierto.

Europa utilitaria. Europa sin alma.Vesconte Maggiolo, Portulano (1541). Fuente Wikipedia
Portulano de 1541. Fuente: Wikipedia.
Creamos la Unión Europea entre fanfarrias y fuegos artificiales, y nos limitamos al euro. ¿Por qué Unión Europea? ¿Qué es? ¿Qué tenemos en común? Sólo nos hablaron de la economía, y cuando esto falló, el sueño saltó por los aires. Y esto ocurrió porque no nos explicaron nuestro pasado histórico y cultural común. Europa utilitaria, Europa sin alma. ¿Qué es para muchos Europa sino un tal Super Mario que de vez en cuando habla de inflación o de rescates? Creo profundamente en Europa, y espero que reaccione. Tenemos que cambiar desde la base, que es la educación no sólo utilitarista, y no son ideas de este pobre escribano. Muchos son ya los que apuestan por este cambio. Ejemplo obvio el libro de Nuccio Ordine La utilidad de lo inútil.

Los de “ciencias”, término que odio porque entiendo al hombre como los humanistas, porque no concibo a una persona completa siendo un analfabeto de ciencias o humanidades, nos dirán que en su campo tampoco anda la cosa mucho mejor. Que la gente cree en pulseras magnéticas portentosas, en “petisuises” maravillosos con bacterias milagrosas o en colágenos regeneradores capaces de transformar una persona de 50 años en un jovencito de veinte. Que la gente confunde ciencia con tecnología, y tienen toda la razón. Tenemos que trabajar juntos. El hombre no es de ciencias ni de letras, el hombre es hombre y todo saber es necesario si queremos una sociedad mejor.

Por eso me preocupa mucho la mercantilización de la educación, de las universidades. En el libro de Nuccio Ordine La utilidad de lo inútil, se recogía un artículo de Abraham Flexner en el que podíamos leer:

Las universidades han sido reorganizadas al punto de convertirlas en instrumentos al servicio de quienes profesan un particular credo político, económico o racial. De vez en cuando, un individuo irreflexivo en algunas de las pocas democracias que restan en el mundo, pretende incluso cuestionar la importancia fundamental de que la libertad académica se mantenga absolutamente irrestricta. El enemigo real del género humano no es el pensador audaz e irresponsable, tenga o no razón. El enemigo real es quien trata de moldear el espíritu humano de manera que no se atreva a desplegar sus alas, como estas se desplegaron en otro tiempo en Italia y Alemania.

El mercado, como le corresponde, cambia y muta. La base de la educación debe permanecer estable. Ya lo decía en la entrada En torno a leyes y modelos educativos. Una pequeña reflexión.

¿Profesionales de qué? ¿Cuáles serán esas aptitudes y conocimientos que nos ayudarán en el futuro? Nadie puede prever cómo será el mercado laboral en un futuro a medio plazo, y mucho menos cuáles son los conocimientos que el sacrosanto mercado demandará. Toda polémica en torno a temarios, becas u otras cuestiones (aunque evidentemente de enorme importancia), pasan a un segundo plano por una razón muy simple; absolutamente todas las leyes y planes educativos que nazcan bajo estos presupuestos de utilitarismo nacen muertos, ya anticuados antes incluso de ser aprobados por cualquier parlamento.

A modo de resumen o reflexión final: necesitamos educación, necesitamos saberes humanísticos y científicos. Necesitamos espíritu crítico, universidades, colegios o institutos de estudios. Nos jugamos la vida, la convivencia pacífica entre ciudadanos y países con diferentes religiones y culturas, la salud de nuestras democracias, la felicidad de las personas y eso no tiene precio. Francia lo ha sufrido en carnes propias, no persistamos en el error.

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