jueves, 15 de mayo de 2014

La Plaza Mayor de Madrid. Corazón de la villa y corte de San Isidro.

Hoy se celebra en Madrid capital el día de San Isidro, santo al que ya dedicamos la entrada San Isidro. Vida, milagros, obras de arte y peticiones. Toca por tanto hoy tocar un tema madrileño sin perder de vista que este blog trata de ser interesante para todos. Valencianos, catalanes, andaluces, mexicanos, argentinos o madrileños. 

Nunca he estado completamente de acuerdo con ése eslogan de Carlos III, el mejor alcalde de Madrid. Nadie niega lo mucho que hizo el citado rey en la capital, pero creo más importante la elección de Felipe II de Madrid como corte de su Monarquía que su embellecimiento. Cuidado, embellecimiento que no fue gratuito, que no fue por aquello de que "quedara bonito". El Paseo del Prado es la realización de la idea del despotismo ilustrado de Carlos III. Siempre tendemos a olvidar que el Arte no es, por lo general, inocente. Era la publicidad institucional de la época. 

Siempre ha sido motivo de especulaciones por qué el Rey Prudente eligió un "poblachón manchego" como capital de su imperio. Muchas han sido las teorías al respecto, pero permitan que les diga que a mí me parece de lo más obvio que el Rey Prudente eligiera Madrid y no otra población. Toledo, corazón espiritual de España era una ciudad con pocas posibilidades geográficas de crecer y albergar una capital y, más importante, en ella su obispo detentaba el poder absoluto en la misma. Un poder que podía hacer sombra a la monarquía. Sevilla era una buena opción por su "cercanía" de sus territorios de ultramar, pero las grandes casas nobiliarias y su lejanía de sus territorios europeos jugaron en su contra. ¿Lisboa? Hubiese servido para incluir de manera más efectiva a los portugueses en la Corona y estaba igualmente conectada con los territorios de ultramar. Poneos en la época y decidle a la nobleza castellana que os lleváis la capital a Lisboa. Impracticable y volvemos a hacer notar su lejanía con territorios como Flandes. 

La solución, un sitio que esté equidistante de todos los territorios de la Monarquía, una población que asegure crecimiento futuro, que no esté bajo la sombra de poderes terrenales y donde la Monarquía pueda planificar su programa urbanístico a imagen y semejanza de su idea política y ése sitio era Madrid. Tampoco debemos olvidar que ya Madrid había sido residencia de la Corte en otros momentos y la cercanía de muchos cotos de caza muy queridos por la Monarquía.

Elegida la capital llegaba el momento de ponerse manos a la obra y plasmar esa idea de poder. Y el corazón de la misma fue la Plaza Mayor de Madrid. Felipe II bien podría haber sido conocido como "El Rey arquitecto". Pues no sólo legó a la región de Madrid el grandioso Monasterio de El Escorial, sino que se nos suele olvidar la reforma de lo que debió ser el grandioso Palacio de Valsaín entre otras construcciones. 
"...fue diestrísimo en la geometría y arquitectura, y tenía tanta destreza en disponer las trazas de los palacios, jardines y otras cosas, que cuando Francisco de Mora, mi tío, trazador mayor, y Juan de Herrera, su antecesor, le traían la primera planta, de tal modo mandaba quitar o poner o mudar como si fuera un Vitruvio o un Sebastián Serlio. Alcanzó tanto en esta facultad, que excedió los más peritos en ella; y por ser tanta su destreza y afición, tenía mi tío todos los días una hora destinada para acudir a la consulta de las trazas de Su Majestad que fue inclinadísimo a edificar, como lo manifiestan las innumerables obras que hizo."
Así se expresaba Baltasar Porreño, sobrino del arquitecto real Francisco de Mora en una biografía dedicada al rey. Evidentemente no podemos dejar de lado el componente de loa al poderoso que en ella hay, pero no debía de andar muy desencaminado. Y es que Felipe debía desesperar a sus ministros, porque efectívamente, con todo lo que tenía encima de la mesa (esa manía suya de no delegar), se dedicaba a "perder el tiempo" con sus arquitectos opinando hasta de la piedra a utilizar.

Felipe II quería donar a su hijo Felipe III una capital digna de la Monarquía Universal y bien sabía el rey que su hijo poco podía aportar. De él decía su «Dios, que me ha dado tantos reinos, me ha negado un hijo capaz de gobernarlos. Temo que me lo gobiernen». Traducción actual, y perdonen la frivolidad, "Este hijo mío es tonto" versión Felipe II, cuya prudencia le hizo ser más suave que a cualquiera de nuestros padres. Que no sé si lo era, pero menos trabajador que su padre y con menos ganas de gobernar sí que se le veía al mozalbete rey.

Volviendo a la Plaza Mayor decir que la traza actual que vemos se la debemos en gran parte a Felipe II. Él no la vería terminada y mucho menos la imaginó como la conocemos ahora, pero reitero que el espíritu de la misma fue imaginada por Felipe II. Su hijo y sucesores posteriores se limitaron en gran medida a seguir el plan ya marcado.


La plaza ya existía como Plaza del Arrabal cuando menos desde el S. XV y para imaginarla en aquellos años debemos fijarnos en las bellas plazas de Chinchón o Medina del Campo. El primer porticado de la plaza se lo debemos a la idea de un vecino de la misma llamado Mari Gómez, que en 1541 para elevar el precio de su inmueble tuvo la idea de porticarlo. Tanto gustó la idea que en 1552, el ayuntamiento encargó al alarife Antonio Sillero la elaboración de un diseño uniforme de soportales para la plaza. Este diseño sería muy similar al que ahora podemos ver en la Calle Mayor de Alcalá de Henares, otra fascinante ciudad.

La Plaza Mayor de Madrid. Corazón de la villa y corte de San Isidro.Calle Mayor de Alcalá de Henares en 1910, donde se pueden apreciar los soportales. Modelo de lo que pudieron ser los primeros soportales de la Plaza Mayor de Madrid
Calle Mayor de Alcalá de Henares en 1910, donde se pueden apreciar los soportales.

La Plaza, que tuvo trazado irregular hasta siglos después, tenía sobre todo función de mercado, pero Felipe quería un escenario para demostrar su poder y esta fue la Plaza Mayor. Siempre se incide en la imagen de Felipe como ése rey cansado y oscuro que Sofonisba retrató con tanta maestría, pero se nos olvida aquel rey jóven y renacentista que se hizo larguísimo "erasmus"  conociendo la arquitectura de toda Europa en su Felicísimo viaje.

La Plaza Mayor de Madrid. Corazón de la villa y corte de San Isidro. Casa de la Panadería, Plaza Mayor de Madrid, verdadero centro neurálgico de la misma.
Casa de la Panadería, Plaza Mayor de Madrid.

Mirad los tejados de pizarra de las torres de la Casa de la Panadería. De indudable influencia flamenca y que tanto éxito han tenido en Madrid hasta hoy. Ejemplo de ello es la iglesia de Santa Teresa y Santa Isabel de los años 50. Los expertos también hablan de influencia clave para la Casa de la Panadería del antiguo Ayuntamiento de Amberes, y digo antiguo porque los españoles lo incendiaron en el saqueo de 1576. Los saqueos y la arquitectura no se llevan bien. Las trazas de influencia italiana según los expertos también se dan en la plaza. Y ahora sumemos, influencia flamenca, española e italiana. El imperio al completo se mostraba a los madrileños en un edificio, en una plaza, donde el rey daba pan a sus hambrientos súbditos. Como idea de poder no está nada mal. ¿No os parece?

La Plaza Mayor de Madrid. Corazón de la villa y corte de San Isidro.Saqueo y quema del ayuntamiento de Amberes en 1576. Ayuntamiento de Amberes como modelo de la Casa de la Panadería
Saqueo y quema del ayuntamiento de Amberes en 1576

Ironías de la vida. En la Plaza Mayor podemos ver la estatua de Felipe III y un texto en la Casa de la Panadería, de Felipe IV otro texto en la citada Casa, el escudo de Carlos II luce en la portada de la misma, pero de Felipe II nada. Esta injusticia parece que va a ser enmendada poniendo una estatua de Felipe II en la también interesante y bella Plaza de la Villa, aunque el damnificado sea ahora D. Álvaro de Bazán.

La Plaza Mayor de Madrid. Corazón de la villa y corte de San Isidro.Recreación del diario ABC de la Plaza de la Villa con la estatua de Felipe II. Estatua que intenta enmendar la injusticia de la falta de una escultura del Rey Prudente en Madrid.
Recreación del diario ABC de la Plaza de la Villa con la estatua de Felipe II

Dejo para mejor ocasión lo muchísimo que queda por contar de esta plaza. Los incendios, los innumerables cambios, las miles de historias que empapan sus muros, pero este post es ya demasiado largo. Juan seguro que me regaña, y con razón, cuando vuelva del puente, por ignorar el libro de estilo de Licencia Histórica. No voy a tener "villa y corte" para correr.

Sólo me queda, por aquello de no hacer un "Pío Moa" y no citar mis fuentes, decir que este post es pálido  y apresurado reflejo del fantástico libro de Juan Escobar La Plaza Mayor y los orígenes del Madrid Barroco editado por Nerea en 2007.

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