lunes, 12 de mayo de 2014

En torno a la Microhistoria: dos o tres cosas que supongo he aprendido de ella II: Historia nocturna, el descenso a los infiernos microhistóricos.

En la entrada En torno a la Microhistoria: dos o tres cosas que supongo he aprendido de ella, comenzábamos el análisis de esta fascinante forma de hacer historia. En ella remarcábamos la importancia capital de un libro de Carlo Ginzburg llamado Historia nocturna. Las raíces antropológicas del relato. 

Empecemos diciendo que a ver si los planetas se alinean y algún editor se anima a reeditar este imprescindible libro en un formato digno. La última edición de Península con su paupérrimo papel y su letra diminuta no le hacen justicia, y a pesar de ello, gracias a la editorial por publicarlo. Es mejor tenerlo así que no tenerlo. Ya puestos a pedir, tampoco se entiende que Los benandanti. Brujería y cultos agrarios entre los siglos XVI y XVII siga en los infiernos de los descatalogados

Como decíamos para continuar con nuestro análisis vamos a centrarnos en Historia nocturna. Hoy "sólo" vamos a resumirlo. Y entrecomillo el sólo pues quienes han leído el libro saben que es complicado hacerlo en poco espacio. En el próximo post nos dedicaremos a su análisis. 

¿Qué es el aquelarre? En principio una pregunta fácil, muchos europeos darían una respuesta muy similar a esta pregunta. Más difícil es saber cómo se formó esta imagen en la mente de los europeos y aún más complicado desentrañas los orígenes del mismo. ¿Discurso creado por las élites o por el pueblo? Pues como Ginzburg dice estamos ante una formación cultural de compromiso. 

Ginzburg constata las similitudes de chamanes, benandanti y la secta de los brujos. Una cosa es constatar y otra explicar, y para ello la Historia tradicional se muestra incapaz. Por ello se hacía necesario articular un modelo propio excediendo los límites de la Historia como ciencia y que se apropiara de todos las herramientas de otras ciencias que le sirvieran para su trabajo. ¿Eso es la microhistoria? Más o menos, no adelantemos acontecimientos. 

En torno a la Microhistoria: dos o tres cosas que supongo he aprendido de ella II: Historia nocturna, el descenso a los infiernos microhistóricos. Portada de Historia nocturna, un desciframiento del aquelarre
Mítica portada de la edición de Muchnik editores
¿Cómo es posible que se insertara en la mente de los europeos de la idea de una conspiración mundial de brujos? Ahora mismo estoy mordiéndome la lengua para no establecer paralelismos con las ideas conspiranóicas actuales... volvamos a la Edad Moderna antes de meterme en jardines demasiado frondosos. Esta pregunta evidentemente no fue planteada por primera ver por Ginzburg, sino que ya había muchos trabajos previos que son desechados con argumentos y critero por Ginzburg  en un extenso prólogo.

Hay tres momentos clave en la formación de esta conspiración brujeril. Nos situamos en la Francia de 1321, donde debido a la situación de carestía y la presión centralista de la monarquía la población sufre enormemente. El chivo expiatorio se sirve en bandeja, hay una conjura de leprosos, luego se unirían los judíos y hasta el rey de Granada, contra ellos. El plan era envenenar las aguas para quedarse con el mundo. 

Este modelo se repetirá en 1348, también en Francia, con algunas diferencias. Mientras que en un primer momento élites y pueblo se mueven de manera conjunta, es esta ocasión los primeros achacan la enfermedad a imprecisos enemigos del rey y misteriosos mendigos, mientras que el pueblo se lanza en una furia antijudía incontenible. Los leprosos desaparecián de escena. Tercer momento, bula del papa Alejandro V de principios del XV, cuando la idea de conjura ya no tiene como protagonistas a leprosos o judíos, sino al mismísimo diablo, que conspira para acabar con la cristiandad utilizando a los brujos. Aquí la relación no es tan evidente como en otros momentos y la conexión tiene que ser intuida por medio del paradigma indiciario.

Hasta aquí la primera parte del libro. Buen análisis sin más. Y desde aquí Ginzburg parece decir "A volar, y el que pueda que me siga". Porque iniciamos un viaje a través de toda la historia del mundo, y a lo largo y ancho de toda la geografía. No hay límites espaciales ni temporales para explicar el aquelarre. La Historia por sí misma no puede hacerlo y acudirá a la Antropología y a cualquier ciencia que le ayude en su empeño. Aviso para navegantes: para hacer esto hay que ser muy pero que muy bueno.

Aquí no me puedo detener a explicar qué es un aquelarre, aunque con la entrada que podéis leer aquí os podréis hacer una buena idea. Muchas de las acusaciones ya las podemos rastrear en los textos del egipcio Manetón. Dos de ellas son especialmente interesantes; el vuelo nocturno y la cojera mítica.

El vuelo mítico ya podemos relacionarlo en el texto de Reginione de Prum del 906, donde se relata cómo algunas mujeres, seducidas por el demonio, tienen la ilusión de cabalgar sobre animales volando en la noche acompañando a Diana. Ginzburg habla de sincretismo cultural en este caso. La cáscara clásica de Diana pero rellenada con material de filiación celta, ya que Diana nunca cabalgó sobre animales, y sí lo hicieron diosas celtas como Epona, diosa de establos y caballos. Estas diosas nocturnas tienen su conexión con un sustrato mitológico de carácter euroasiático previo que puede rastrearse incluso en los cazadores siberianos y  que, desfigurado, llegó a ser el aquelarre. Otra vez nos encontramos ante un uso extremo del paradigma indiciario.

Ya Heródoto habla de personas que se convierten en animales para luchar, mito que parece ser hunde sus raíces en el Paleolítico y que también se localiza en el continente americano, alejado miles de kilómetros de los europeos y sin conexión entre ambos. Así seguían haciendo Benandanti, Táltos u Osetas siglos después y en lugares diferentes.

En torno a la Microhistoria: dos o tres cosas que supongo he aprendido de ella II: Historia nocturna, el descenso a los infiernos microhistóricos. Crisme Vauderye 1460. Una de las primeras representaciones del Aquelarre.
Crisme Vauderye 1460. Una de las primeras representaciones del Aquelarre.
Hablemos de la cojera mítica. El diablo es cojo y esta cojera es clave para seguir desenmarañando la madeja del aquelarre. Aquí el que vuela es Ginzburg, partiendo de la Esfinge y pasando por Edipo, Melampo, Jasón, Aquiles, Hermes, Teseo, Dionisos, Apolo o Hades: todos tienen conexión con la cojera mítica, aquella que nos pone en un contacto más directo con el suelo y por tanto con el inframundo. ¿Sólo en el mundo griego? En China la danza Yu, donde se arrastran los pies, nos permite ver la extensión espacial del mito e incluso, nuestra ahora edulcorada y "disneyzada" Cenicienta nos hace ver su extensión temporal.

Analizados todos los elementos, ¿cuál es la conclusión de Ginzburg? Que debemos postular a favor de una unidad mitológica euroasiática subterránea cuya comprobación escapa a los recursos de la Historia y cualquier otra ciencia. Respuesta fundamentada pero no concluyente en un intento de explicar antes que encogerse de hombros.

Hasta aquí este forzado brevísimo análisis. Mucho aún por decir sobre la importancia de Calendas y Saturnales en la configuración del mito del Akelarre, mucho por ahondar en este fascinante texto de muchísima riqueza documental y sobre todo de ideas. Al menos espero os sea útil para en posteriores post, tomando como modelo este libro, desentrañemos un poco qué es esto de la microhistoria. 

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