jueves, 20 de marzo de 2014

700 años de la ejecución de Jacques de Molay: desmitificando la maldición templaria.

“Dios vengará nuestra muerte. ¡Clemente, y tú también Felipe!, traidores a la palabra dada. ¡Os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!… A ti Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año."
Estas son las palabras que, al parecer, dijo Jacques de Molay el 18 de marzo de un lejano 1314. Con él moría la Pauperes Commilitones Christi Templique Salomonici u Orden del Temple y nacía su leyenda. Esta mitología o leyenda creo que está mucho más viva desde finales del XIX hasta nuestros días que en épocas precedentes. Cierto es, en cualquier caso, que la leyenda nació en el mismo momento que el Gran Maestre moría entre las llamas.  

Debo dejar claro que no soy experto en Templarios, aunque entre mis lecturas han tenido un hueco especial como se puede ver en la bibliografía, donde en el epígrafe 2.1. Cruzadas,Templarios y Órdenes militares dejo constancia del mejor material al respecto que ha ido pasando por mis manos.  Movido más por la curiosidad que el academicismo, os relaté mis divagaciones en la entrada En torno a templarios y akelarres.

Más que la supuesta maldición de Jacques de Molay, que luego analizaré,  siempre me pareció mucho más interesante analizar las causas de la caída de la Orden y el complejísimo proceso que la monarquía francesa, principalmente el protomaquiavélico Nogaret , llevó a cabo para ello.

Estudiando estas causas se puede llegar a la conclusión que la Orden cayó cuando el sueño cruzado languidecía. Sin Cruzada no hay cruzados, y por tanto los templarios perdieron su razón de ser. En todo caso, en Historia las respuestas no son únicas, y a ello debemos unir el proceso de fortalecimiento de la monarquía francesa. Ésta no iba a permitir un ejército en sus tierras (no olvidemos que la orden era la élite militar de la época) que no dependía de ella, sino del papado. Una tercera razón, mucho más conocida, era la enorme deuda que la monarquía francesa tenía con los templarios: la corona, evidentemente, concluyó que desaparecida la orden ocurriría lo mismo con la deuda.

La suerte de la orden estaba echada. Nogaret ideó un cepo político y militar perfecto para acabar con la Orden. Esperaron a que el Papa se retirara a descansar de una enfermedad que posteriormente le llevarían a la muerte, para detener en la noche del viernes 13 de Octubre de 1307, a gran parte de la orden. Luego se iniciaría un amañado proceso judicial donde la crueldad mostrada por Nogaret y sus hombres provoca un estremecimiento. Un proceso cruel, complicado y que se alargó en el tiempo por la lucha que entre papado y monarquía.
Sello de los Caballeros templarios. 700 años de la ejecución de Jacques de Molay: desmitificando la maldición templaria.
Sello de los Caballeros Templarios

También debemos tener en cuenta que la orden aún era muy prestigiosa, y el poder de la monarquía entonces no era ni mucho menos absoluto. Así se entiende que Felipe IV, exasperado por el largo proceso, decidiera finalmente ajusticiar, de manera sumaria y casi furtiva, a Molay y otros líderes templarios.

Muchos amantes de “lo oculto” se preguntan por qué la orden no se defendió o lo hizo de manera tan torpe. Sí que lo intentaron algunos hombres como Pedro de Bolonia, procurador General de la Orden, pero el órdago necesitaba ser respondido por el propio maestre, que por otro lado nunca tuvo posibilidades reales de defender a sus compañeros de manera efectiva.

Molay era hombre de armas y poco dado a las sutilezas políticas, y nunca se dio cuenta que el papa era tan víctima de la política de la monarquía francesa como él mismo, tal como prueba el ahora famoso pergamino de Chinon. Tampoco ayudaba la elevada edad del Gran Maestre, que ya superaba los setenta años, ni por supuesto, la durísima reclusión, no exenta de salvajes torturas. Estos factores terminaron por desquiciar y arruinar al anciano Molay, que nunca entendió completamente la dimensión de lo que se le venía encima.

Y llegamos a la tan famosa “maldición templaria” que citábamos al comienzo de la entrada. Al papa le dijo “…antes de cuarenta días”, cifra que por todos es sabido tiene una gran tradición dentro de la simbología cristiana. Pongamos uno de los ejemplos más claros:
Jesús fue conducido del Espíritu de Dios al desierto, para que fuese tentado allí por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, tuvo hambre. (Mt 4, 1-11)
Acertó. ¿Maleficio real? Más bien creo que pura intuición del propio Molay. Clemente V estaba muriéndose desde que comenzó el proceso y es más que plausible que el propio Molay supiese de la fragilidad de la salud del papa. No termino de ver el misterio en todo esto: realmente ni siquiera supone una coincidencia si la enfermedad del sumo pontífice era tan evidente. Tal vez hubiera más que indagar si hubiese dicho otro número, pero como acabamos de decir utilizó números bíblicos propios de un hombre de fe y no del demonio, como Nogaret pretendió.

Felipe IV de Francia murió en un accidente de caballo y sí, Molay acertó con él, Aquí la imaginación podría llevarnos a plantear la revancha de antiguos templarios,o algún simpatizante de la extinta orden. Pero sin documentación, nada podemos añadir y la imaginación, por regla general, es mala compañera del historiador. 

Pero acertar es una cosa y creer que Molay desde el Averno volviera a por el rey es otra. Supuestamente Molay no sólo maldijo al rey, sino que maldijo a toda la monarquía francesa "hasta la decimotercera generación", justamente la de Luis XVI, que acabó decapitado por la revolución. También entra en la leyenda la escena repetida hasta la saciedad de la ejecución de luis XVI con el sans-culotte gritando "¡Jacques de Molay, has sido vengado!"

Lo primero que debo de decir al respecto es que todo lo que he encontrado usa las fórmulas “según algunas leyendas”, “se dice”, “se cuenta”, o similares, pero ningún documento de la época pone en boca de Molay tales afirmaciones. Con todo este aluvión de informaciones inexactas poco puedo añadir salvo que creo que nos encontramos ante una profecía inversa

Y aunque así hubiese sido, sin negar la ironía del asunto, todos convendremos que el citado número trece tiene una larga tradición de número de mala suerte desde la antigüedad: Plutón, dios del inframundo, era el decimotercer dios olímpico. En el panteón nórdico el dios de los engaños, Loki, ocupa la misma posición. Más cercano a nosotros se nos presenta Judas, decimotercer comensal en la última cena. Si hubiese dicho la catorce la cosa habría tenido más enjundia, pero queda claro que el número trece ya tenía una larga tradición como número maldito.
Última cena de Leonardo Da Vinci. 700 años de la ejecución de Jacques de Molay: desmitificando la maldición templaria.
Última cena de Leonardo Da Vinci, obra maestra del arte por su original concepción de la escena,
absolutamente alejada de cualquier lectura esotérica.
Además, curiosa maldición, que traspasaba no sólo siglos sino también dinastías. Felipe IV era Capeto y Luis XVI pertenecía a la dinastía de los Borbones. Me pregunto si las supuestas maldiciones se heredan con la corona.

Quema de templarios en Francia. 700 años de la ejecución de Jacques de Molay: desmitificando la maldición templaria.
Quema de templarios en Francia
Lo que en la época sorprendió muchísimo a los asistentes del final de Molay, lo que en verdad cimentó la leyenda de la Orden Templaria fue la entereza de un demacrado y anciano maestre, soldado de Cristo, que se entregó a la muerte como un verdadero mártir cristiano mirando a Notre Dame y con las manos unidas para poder elevar su última plegaria a Dios. Como refleja la fuente utilizada por el catedrático Francisco Ruiz en un interesante artículo

 Al ver la hoguera dispuesta, el maestre se quitó las vestiduras y quedó allí en pie, en camisa… cuando le iban a atar dijo: dejadme unir las manos para rezar... Dios sabe que mi muerte es injusta y dentro de poco muchos males caerán sobre los que nos han condenado. Dios vengará nuestra muerte... Murió con tanta dulzura que todo el mundo quedó asombrado.

Umberto Eco nos demostró en El péndulo de Foucault que las leyendas en torno a los Templarios dan un enorme juego literario. La literatura y la historia, a pesar de sus evidentes puntos de encuentro, tienen sus propias reglas y códigos y confundirlos sólo puede llevar al desastre. 

Aquí termina esta breve disgresión en torno la figura de Molay y su más que supuesta maldición. Para mí indagar un poco en todo este asunto ha sido todo lo contrario a una maldición y sólo espero que hayas disfrutado del viaje conmigo.

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