domingo, 28 de abril de 2013

Puente de Mayo

Hola a todos. Esta semana, con motivo de la celebración del día del trabajo, y, en Madrid, el día de la Comunidad, no publicaremos la correspondiente entrada en el blog. Aprovechamos para desear a todos un feliz día de asueto, que, al fin y al cabo, no es preciso acabar como el padre de Mafalda todos los días.
Imagen de aquí.
Por otra parte, para aquellos que hagan puente en Madrid, les recomendamos lo aprovechen para ver la película de Garci Sangre de Mayo, o leer Un día de cólera, de Perez-Reverte, a fin de conocer más sobre los hechos rememorados. Nos vemos a la vuelta.
La carga de los mamelucos, de Goya. Imagen de aquí.






jueves, 25 de abril de 2013

Sobre la docencia. Dos o tres cosas que he aprendido sobre ella.


Este post no tiene más objeto que retrataros uno de los muchos trabajos que podréis encontraros en un futuro. Actualmente, entre otras cosas, doy clases en talleres de ayuntamientos sobre las materias más diversas que os podáis imaginar a un público normalmente adulto. Esta es mi experiencia y mi enfoque, tan válido como cualquier otro y entendiendo que cada tipo de docencia (universitaria, de instituto…) tiene sus particularidades, pero que en cualquier caso las coincidencias serán más que las citadas particularidades.

Primer aviso. Respeta a tu alumno. Parece obvio pero recién salidos de la carrera podemos cometer el error de creernos semidioses de la sabiduría y el conocimiento y nada más lejos de la realidad. Lo primero porque no te ha dado tiempo a serlo (y a mí menos). Lo segundo porque una cosa es saber y otra enseñar y lo tercero porque el alumno te puede dar mil vueltas. Muchos de mis alumnos han viajado y leído muchísimo y en ocasiones pueden saber sobre un tema concreto más cosas que tú. Llevado al ámbito de la educación secundaria, el alumno/a es joven, que no tonto, y si le tratas con el debido respeto  (¡y él a ti), te lo agradecerá.

Segunda cuestión ligada a la primera. Debes de adecuarte a tu auditorio. También parece lógico, pero se puede caer en el error de tener ya un guión preparado y soltarlo igualmente si te escuchan adultos, niños o jóvenes de mayor o menor nivel cultural. Moraleja, por mucho que estés “cansado” de dar la misma clase, tómate tu tiempo el día antes para repensar el enfoque que necesitan tus alumnos y preparar materiales adecuados para cada grupo de alumnos.

Clase del inimitable Dr. Jones, Indiana Jones.
El trabajo de profesor casi os diría que comienza en casa frente al papel en blanco y termina cuando saludas a los alumnos. Hay días que no es así, pero eso lo trataremos un poco más tarde. Si tú has trabajado en casa el tema, lo de dar clase es ya coser y cantar. Es cuando realmente puedes disfrutar. Yo reconozco que soy un poco lento a la hora de trabajar, pero para que os hagáis una idea preparar dos horas de clase a mí me lleva en torno a 6 horas entre documentación, escribir el guión y preparar el PowerPoint. Alguno pensará que una vez que ya la has preparado, nunca más volverás a tener que trabajar esa clase. Relea por favor el segundo punto y tenga en cuenta que cuando uno imparte una clase se da cuenta de fallos y  mejoras que, si quieres hacer bien tu trabajo, deberán ser constantes. Además hay  que tener también presente que la ciencia, y la Historia lo es, avanza y tú como docente debes avanzar con ella.

¿Me están enseñando en la carrera a ser docente? Bien mirado la respuesta es sí. Te están dando las líneas maestras para impartir la docencia y te estás entrenando para saber seleccionar fuentes de calidad y hacerlas entendibles por medio de trabajos. Dicho esto tú no sólo estás preparado para dar clase de Historia, sino que te estás preparando para dar clase de casi cualquier área humanística y me explico. Historia del Arte por supuesto, no me digas que no puedes tirar de lo aprendido en Arqueología, que no has leído nada Arte por interés a lo largo de la carrera. Literatura por supuesto pues si eres buen historiador te gustará leerte hasta las instrucciones del televisor y te habrás dado cuenta que Historia y Literatura son materias que tienen mucho que ver. Afirmo con rotundidad que el mejor manual de Historia Moderna lo escribió un tal Miguel de Cervantes. ¿Alguien me puede negar que Luces de Bohemia es la esencia del  S. XIX español? Además dar clase es un camino de ida y vuelta pues no sólo enseñarás a tus alumnos, sino que tú mismo al preparar las clases te enriquecerás enormemente e interconectarás la Historia, con el Arte, con la Literatura e incluso con la Filosofía. Te ayudará a ser un humanista integral.

Pero no todo son alegrías. El preparar clase, como he comentado, es duro y desagradecido. Y no sólo porque sea un trabajo solitario, sino porque es un trabajo que casi nadie suele valorar. A lo mejor uno se piensa que, de principio, trabajar en casa sea algo deseable, pero luego te das cuenta que es una trampa, pues tener la oficina en casa te impide desconectar de manera eficaz. Por eso me hace mucha gracia cuando los que no saben cómo va esto opinen alegremente que dar 20 o más horas lectivas no es para tanto. Dos semanitas y se les quita la idea de la cabeza. Veinte horas lectivas son, por lo menos, otras tantas en casa de trabajo solitario. Si a eso le unimos las reuniones, tutorías y demás obligaciones del profesor y os aseguro que te salen más de 40 horas semanales.

R2-D2 con su inseparable amigoC3PO
También hay que tener en cuenta que dar clase es estar al 100% todo el rato. Necesitas estar atento todo el rato, que el alumno no se aburra, que sepas que están enterándose de lo que les cuenta y por supuesto ir controlando la propia materia que tú estás impartiendo. Resultado, dar más de cuatro horas de clase al día te deja literalmente fundido. El año pasado había un día a la semana que daba seis horas de clase y os aseguro que R2D2 tenía una conversación más interesante que la mía. Te quedas vacío. 
Y tengo la suerte que mis alumnos al ser mayores atienden y no interrumpen en clase. No me quiero ni imaginar cómo debe ser con adolescentes problemáticos. Dicho esto decir que la experiencia que tuve con adolescentes realizando el CAP fue fantástica. No os creáis la adolescencia que os pinta la TV.

Porque dar clase tiene algo de actor. Ten en cuenta que tienes que mantener la atención de un auditorio. Que eres algo así como un actor con un monólogo y que tienes días buenos y días menos buenos. Es lo que tiene esto de la inspiración, aunque ya se sabe que la inspiración es en su mayor parte trabajo previo. Y eso me ha hecho plantearme muchas cosas en torno a la oratoria. Cuando alguien hace de la clase algo vivo, cuando supuestamente improvisa, la clase es mucho más dinámica. Ahora, cuando veo a los cómicos de la Paramount Commedy, valoro mucho más su trabajo. Parece que el monólogo que te están contando les está saliendo en ése momento y os aseguro que no es así y la gracia de su trabajo. Hablando de esto con Juan me dijo una cita de Churchill que realmente no conocía y que lo resume muy bien y es lo que yo intento, otra cosa es que lo consiga.

Cuentan que en una ocasión preguntaron a Winston Churchill, famoso por su fina oratoria y por sus discursos encendidos y geniales, cómo hacía para improvisar de una manera tan magistral –de hecho las improvisaciones de Churchill quedaron para siempre en el hall de la fama de los mejores oradores–, y su respuesta fue: “es porque dedico mucho tiempo a preparar mis improvisaciones”.


Y aún tienes que escuchar que qué suerte tenemos por tener tres meses de vacaciones. Para empezar muchos nos quedamos en paro en verano. No son vacaciones, es paro amigos míos. Y no son vacaciones o al menos más de la que cualquier otro tiene. “En llegando” septiembre, es decir, a finales de julio, te entra un miedo atroz ante un nuevo curso y te pones de inmediato a preparar materiales, clases y todo lo que se te ocurre. Y ése trabajo ni pagado ni reconocido y por eso, si no estás seguro que realmente te gusta esto de la docencia déjalo pasar. 

miércoles, 24 de abril de 2013

Del palo afilado a la ciberguerra: la tecnología en el campo de batalla (I)


Hola a todos. Como habrán podido ver, esta vez no abro la entrada con una cita al uso, si no que recurro a la fuente original; y es que es complicado transmitir la idea mejor que la impagable Mafalda.

En los años del colegio muchas veces se explica la historia, o gran parte de ella, como una sucesión de mandamases que, entre batalla y batalla, paraban de guerrear para construir acueductos, catedrales o similar. Como sabe cualquier amante de la historia, sin necesidad de ser un profesional del ramo, esto es tan simplista como explicar un cuadro de Monet en base a la lista de colores Pantone empleados, ya que no permite comprender el conjunto. Con el tiempo, me percaté que uno de los aspectos que quedaban sin explicar eran, precisamente, las propias batallas en sí, algunas de ellas apasionantes desde un punto de vista histórico y analítico.

Al ser ésta una de mis debilidades, en mi biblioteca particular consta una buena serie de libros sobre historia militar y análisis de batallas, los cuales explican bastante bien aspectos logísticos, tácticos, etc. Pero a menudo echo de menos mayor detalle sobre la tecnología empleada por cada bando. Y es que, no nos engañemos, gran parte de la investigación a lo largo de la historia ha estado muy orientada a conseguir ventaja en el campo de batalla. Tan importante como conocer el terreno y la calidad de las tropas (factor más decisivo que el número, por otra parte), es conocer las capacidades tecnológicas propias y del enemigo. Y sin duda, será labor de los futuros historiadores conocer las técnicas de guerra en el ciberespacio tanto como la evolución de las bifaces prehistóricas y de las armas de fuego. De la evolución desde un extremo al otro quiero hablarles durante las próximas entradas.

Podríamos comenzar el análisis hace millones de años, rememorando la escena de 2001, odisea en el espacio, en el que un homínido emplea por primera vez un hueso para golpear a otro, adquiriendo así ventaja en la lucha. Esta primera arma disparó un proceso que no ha cesado; durante toda la prehistoria las puntas de lanza endurecidas con humo y toda la industria lítica, son buena muestra de ello; por cierto, que ya hablamos de una bella muestra de bifaz, Excalibur, cuando hablamos de Atapuerca. Por su parte, los primeros arcos (primer mecanismo compuesto), surgen en torno a 17.000 años a.C. Cabe decir que estas herramientas tenían uso bélico, pero, sobre todo, cinegético, además de usarse con cualquier otro fin práctico que pudiera necesitarse; la cuestión es que la evolución desde inicios del paleolítico hasta el final del neolítico indica una evolución tecnológica que daba ventaja, de una u otra forma, a los primeros en lograr los avances.

Una vez alcanzado el culmen de tecnología basada en piedra, la humanidad alcanzó la edad de los metales; primero el cobre (4.000 a.C., aunque hay usos anteriores de forma aislada), luego el bronce, mucho más duro (3.000 a.C.) y la del hierro (1.500 a.C), que supone un salto tecnológico importante; pese a ser un elemento muy abundante en la naturaleza, y conocido por el hombre desde mucho tiempo atrás, no se desarrolla hasta entonces una técnica de metalurgia útil para su manipulación; con él llegan profundos cambios en las sociedades que lo manejan, y una importante ventaja militar debido a la mejor calidad de las armas.

Un buen ejemplo de la ventaja que confiere el dominio de la metalurgia es la conquista de Egipto por parte de los hicsos en el siglo XVII a.C.; los egipcios contaban con la gran ventaja estratégica de estar rodeados por desiertos difícilmente franqueables, pese a tener una tecnología bélica no muy avanzada; los hicsos, que llegaron progresivamente desde Canaán, contaban con arcos compuestos, carros de caballos y armas de bronce de buena calidad, lo cual les dio una ventaja decisiva. Por su parte, en Europa uno de los mejores ejemplos es el de la cultura de Hallstatt.

Resulta llamativo, por su parte, leer en la Ilíada (historia situada en el siglo VII a.C., aproximadamente) como se alternan las armas de hierro y de bronce entre los contendientes; por otra parte, el hecho de que las de Aquiles fueran forjadas por el propio Hefesto, haciendo uso de su mejor arte, deja claro que ya entonces, además del valor y la estrategia, consideraban necesario tener una ventaja tecnológica. Así lo narra el Canto XVIII:

Aquiles vendando a Patroclo; imagen de aquí.
Así habló; y, dejando a la diosa, encaminóse a los fuelles, los volvió hacia la llama y les mandó que trabajasen. Estos soplaban en veinte hornos, despidiendo un aire que avivaba el fuego y era de varias clases: unas veces fuerte, como lo necesita el que trabaja de prisa, y otras al contrario, según Hefesto lo deseaba y la obra lo requería. El dios puso al fuego duro bronce, estaño, oro precioso y plata; colocó en el tajo el gran yunque, y cogió con una mano el pesado martillo y con la otra las tenazas.

En el grupo de la tecnología bélica podríamos incluir el uso del caballo y los elementos usados con él; siendo el último animal domesticado por el hombre, fue usado en la guerra casi desde el inicio de esta relación; ya hemos citado a los hicsos, de los que los egipcios copiaron su uso. Y citando de nuevo la Ilíada, resulta curioso que se denomine a los troyanos domadores de caballos (particularmente a Héctor), pese al escaso peso de los mismos en el combate, donde se usaban como tiro de carros; posteriormente fueron empleados como transporte de infantería, más que como una fuerza de caballería al uso. Fueron los asirios en el siglo VIII A.C. quienes desarrollaron la caballería ligera, y los persas en el siglo V A.C. quienes evolucionaron hasta la caballería pesada; obsérvese en ambos casos que eran los imperios más importantes en su entorno en la época. Este último, sin embargo, desapareció ante el empuje de Alejandro Magno, el cual, además de una gran visión estratégica, contaba con grandes ventajas entre sus filas: la caballería pesada de los compañeros (hetairoi), los pezheitaroi, cuya ventaja como tropa se basaba en el uso de las sarissas, largas picas de mayor longitud que la de los hoplitas tradicionales, y un eficaz grupo de ingenieros militares (que diseñaron la primera versión de la catapulta), decisivos en el sitio de Tiro.

Cerramos aquí esta entrada, en la que comprobamos que lo de liarnos a mamporros unos con otros lo llevamos haciendo desde que el mundo es mundo; en las próximas veremos cómo cada vez lo hemos hecho de forma más eficaz.

PD. Pueden ustedes descargar de forma gratuíta y legal La Iliada en este enlace. Sobre las tácticas de los ejércitos de Alejandro Magno, me atrevo a recomendarles la trilogía Alexandros, de Valerio Massimo Manfredi: una serie de novelas históricas que permiten profundizar tanto en el personaje como en sus campañas militares.

martes, 23 de abril de 2013

Confieso que he leído.


No recuerdo el primer libro que leí pero tampoco me recuerdo sin un libro en la mano. Leyendo a todas horas y cuando mi padre me obligaba a apagar la luz, escondido bajo las sábanas seguía leyendo con una linterna. Bendita ingenuidad. Leer me hizo ser una persona de hábitos nocturnos. Lo sigo siendo. Los teléfonos no suenan, las aspiradoras de los vecinos o los demás habitantes de la casa duermen y dejan espacio para la lectura.

Recuerdo aquella gran enciclopedia de treinta tomos que miraba sin cesar. . No había wikipedia ni ordenadores y en todas las casas había una expuesta en el salón, fruto de una ya hoy desaparecida clase media que accedía por primera vez a la cultura. Aún la conservan mis padres y podría deciros casi de memoria algunas entradas. El miedo y la fascinación que me producía leer el proceso de momificación egipcio. Recuerdo cómo esperaba como si de un mesías se tratara al señor de Círculo de Lectores. Dos meses había que esperar para un libro que te duraba con suerte una semana.

Fuente aquí
Y en el colegio…No había otro libro que Fray Perico y su borrico. Nos fascinaba y lo leíamos sin descanso. Y también conocimos a Platero…¿A qué mente retorcida se le ocurrió pensar que la obra de Juan Ramón Jiménez era para niños? Lo que lloré con el burrito de marras. Luego llegaron aquellos libros llamados de Elige tu propia Aventura que se compaginaban con los clásicos de la colección Araluce, hoy creo ya desaparecida.  La Divina Comedia, La Odisea, Los caballeros de la tabla redonda.  Y poco después Sir Walter Scott, Jack London, Dickens o Julio Verne en menor medida. Alucinaba con Allan Poe y no digamos nada de Sherlock Holmes de Conan Doyle. Y aquí fue la película antes del libro y hablo, cómo no, de El secreto de la pirámide (1985). Me sigue pareciendo una de las mejoras películas de Holmes. Nunca más ve volví a separar de sus historias y hace unos años me compré una edición completa espectacular que puedes ver aquí.  Nunca pude con Dumas y sus tres mosqueteros y por eso me perdí uno de los mejores libros de la historia, y posiblemente peor escritos, El conde de Montecristo. Tuvo que venir mi chica hace un par de años a sacarme de mi error.

Ya en la adolescencia leyendo a tumba abierta. Daba igual el qué. Recuerdo con especial cariño los libros de J.J. Benitez. De alguna manera despertaron en mí las ganas por conocer la verdad de la Historia, que luego se mostró mucho más fascinante que los relatos de Benítez. Desde la adolescencia no he vuelto a leerlos. Devoré las historias de Poirot y lloré con Boabdil la pérdida de Granada con El manuscrito carmesí de Gala. No he vuelto a leerlo, temo que me defraude. Cada libro tiene su momento.  De mi adolescencia lectora me sacó a golpes mi adorado Unamuno con San Manuel Bueno, Mártir. Me leí de un tirón todo Unamuno y descubrí a Baroja (y con los años a su sobrino Julio Caro Baroja) y a Machado, pasión compartida con mi madre. Que duro fue saber realmente qué decían estos versos…

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Dí: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Y de Machado a otro andaluz como Lorca. Dios mío, me sigue faltando el aliento cuando leo el último SILENCIO, de Bernarda Alba.

Federico García Lorca


Bernarda: Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A
otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) Las lágrimas cuando estés sola. ¡Nos
hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto
virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!





Y en la veintena la locura. Umberto Eco, García Márquez con sus Cien años de soledad…y para rematar entré a trabajar unas horas en una librería. Allí se empezó a fraguar la humilde biblioteca que pugna conmigo por echarme de casa. Siempre que abrías una caja de libros era con la esperanza de encontrarte un clásico básico como lo llamaba. Eran compras ineludibles. La mitad de mi sueldo en libros y el resto en cosas propias de veinteañeros. La de dinero que me dejé en aquella época. El mejor dinero gastado de mi vida. ¿Coche? Ni de broma. Prefería los libros y sobre todo leer en los medios de transporte público. Siempre con mi cartera llena de libros. Sólo leías uno, pero llevabas por si acaso…ahora he aprendido a racionalizar. Sigo sin coche ni carné ni falta que me hace. Era de los que me pasaba de parada una y mil veces, de los que iba leyendo por la calle. No concibo salir a la calle sin un libro. Y en las vacaciones me he llegado a llevar una maleta para ellos. También aquí he racionalizado.

Feria del Libro de 2008. Caseta de Crisol en la que pasé
momentos duros y muy divertidos.
 Desde el recuerdo, gracias a todos mis compañeros.

Y en la carrera ya la locura Aquí podéis ver algo de mis lecturas académicas en los enlaces que os vamos poniendo. Bibliomaníaco impenitente. Buscando ésa joya perdida entre anaqueles de librería. Internet ciertamente es más cómodo pero le ha quitado cierta gracia a esto de comprar libros. Y mi libro electrónico cargado de todo lo que se os ocurra, pero sobre todo descatalogados y de libros que tengo incluso en papel. Pero lo tengo en los dos formatos y ruego a los dioses no saquen otro porque lo compraré.

Ahora el problema es el tiempo para leer. Una de las muchas cosas malas de ser adulto es que pierdes el control sobre tu tiempo y tus lecturas. Se acabaron esas noches de julio en vela, se acabó el leer lo que querías. Ahora voy en el autobús repasando clases, preparando cosas. Y no me quejo, pero hay veces que me leo un libro porque sí, para volver a tener esa sensación de libertad y me siento otra vez ése niño que leía bajo las mantas escapándose de la realidad.

Y no me siento especial ni mejor porque me guste leer. ¡Qué estupidez pedante!  Muchos os habréis visto reflejados en estas humildes palabras y me encanta encontrarme con vosotros, con los  buenos lectores. No hago proselitismo de lectura. Si no te gusta leer tú te lo pierdes. Yo no concibo la vida sin libros.

Por eso, por todo eso. Me quería felicitar y os quería felicitar por el Día del Libro. El día del libro, del escritor, del editor, del maquetador, del librero. De esos seres desgraciadamente casi míticos que nos hacen la vida un poquito mejor. De todo corazón GRACIAS.

Y el jueves volveremos con una entrada dedicada a la enseñanza, al mundo académico, que es al que se debe este blog. Hasta ése día disfrutad con un buen libro.

jueves, 11 de abril de 2013

La cultura NO (¡QUE NO!) es gratuita.


Las vacaciones tienen un efecto perverso en mí. Regenera mis pocas neuronas y me da por pensar. En un periódico en Internet encontré un titular que llamó mucho mi atención: “Hay que romper la concepción de que los libros tienen un precio”. Habla en torno a una interesante iniciativa que promueve el intercambio de libros entre particulares. La iniciativa en sí no me parece discutible, pero sí el concepto de cultura gratuita que de él se desprende.

Imprenta española de principios del XX.
En la edición de un libro son muchas las personas que entran a colaborar hasta que por fin el libro entra en nuestras estanterías. Desde el autor, pasando por el editor, el maquetador, la imprenta, el transportista de los libros, el comercial y finalmente el librero que te atiende. Evidentemente Internet puede y debe abaratar muchos costes ya que si el libro es electrónico el coste de la imprenta, por ejemplo, desaparece. Y sí, es cierto que esta reducción de  costes por ahora no se ve reflejada como desearíamos en el precio final, pero eso es harina de otro costal. A mí lo que me realmente me sorprende es el concepto que tenemos, al menos en España que es donde vivo y conozco, de que la cultura es gratis o debe de serlo.

No sé a quién se le ha ocurrido esto ni tampoco que toda la cultura deba ser subvencionada porque sí. Algo creo saber, pero tampoco es momento de entrar en conversaciones bizantinas. ¿Que si estoy de acuerdo en que la cultura sea gratis? Por supuesto que lo estaré cuando yo pueda entrar en un hipermercado y comprar lo que me plazca sin pagar, o no me cobren la luz o el teléfono. Es obvio, llego con el carro lleno a la amable cajera y le digo que a mí no me cobre porque me dedico a la cultura.

Imagen extraída de aquí
Todos entendemos que debemos pagar por lo que tenemos, pero por alguna razón eso nos cuesta más con la cultura. Nos podemos dejar cifras astronómicas por ver un derbi futbolístico o en tener el último smartphone del mercado y al día siguiente fruncir el ceño porque me cobran 10 euros por un museo. Conferencias gratis, cursos baratos, museos gratis, guías voluntarios, becarios precarios. Todo gratis. La cultura de acceso universal, no así la comunicación, la alimentación o la vivienda. Cultura gratis para el que no pueda por supuesto. Y para eso buenas bibliotecas bien surtidas, descuentos astronómicos para los más necesitados en acceso a educación y cultura. Pero la barra libre no es una opción para la cultura ni para negocio alguno. Y sí, la cultura es un negocio como otro cualquiera, tanto es así que cuenta con su propia crisis y agotamiento de modelo, en tanto en cuanto todos tenemos la santa manía de comer y pagar facturas. 

Siempre me acuerdo de aquella gran frase que muchos de vosotros habréis oído mil veces. “¿Estudias Historia? ¡Qué bonito! Yo quise estudiarla, pero preferí hacer otra carrera con más salidas”. Que le falta añadir “para no ser un muerto de hambre como tú”. Y es que aquí se comete otro equívoco. Como haces lo que te gusta parece que no hay que pagarte. Y vuelta a lo de antes, hago lo que me gusta pero no termino de entender por qué no me deben pagar por ello. No entiendo por qué el trabajo debe ser algo que no te guste. Supongo que el que se hiciera abogado, médico o ingeniero le gustará. Y si no, sinceramente es su problema.

Asociado a eso, como te gusta no te cuesta esfuerzo. Claro que no. Me siento al ordenador y viene Clío travestida de Mila Kunis (supongo que a las chicas se les presentará George Clooney con café incluido) y me escribe los artículos/prepara las clases mientras suena música celestial. Temo que no es así. En este blog ya hice una serie de post (parte II, III y IV) hablando sobre ello. Lo que ocurre es que sudas cada letra, después de haber hecho un tortuoso proceso de documentación, y cuando ya preferirías sacarte los ojos con tus propias manos que seguir, das por terminado tu trabajo. Y os aseguro que una buena clase o artículo no sale en dos ratos sueltos.

Clío. Detalle de la obra de Vermeer
El arte de la pintura.
Fuente: Wikipedia
Cuando alguien va a la oficina tiene un ordenador, material de oficina y fotocopiadora. En nuestro caso todo eso sale normalmente de nuestro bolsillo, lo paga el que os escribe. Igual que los libros, igual que todo.  ¿Me gusta? Adoro mi profesión. Me siento un afortunado por haber podido publicar ¿Es dura? Mucho porque además sabes que tu esfuerzo la mayoría ni se da cuenta de él. No es que no lo valore, es que no lo conoce. Y en eso también tenemos nuestra parte de responsabilidad.

Andamos ahora a vueltas con encontrar nuevos modelos económicos. Maneras de salir de este atolladero y no nos damos cuenta que la industria cultural sería una de las claves para salir airoso de esta. La industria cultural mueve en España entre el 2.8 y el 3.6% del P.I.B. en España como puedes ver en este artículo. Nada despreciable. En otro artículo, no muy halagüeño, publicado en EL PAÍS bajo el título No consumiremos como antes de la crisis, dice una experta:

Así que los jubilados del futuro serán muy diferentes de los actuales, según Castro. “Serán más educados, con más renta, y tiene unos hábitos diferentes, quizá gasten más en viajes o cultura, por ejemplo” apunta la investigadora.

¿Los jubilados del futuro? Eso ya está ocurriendo en el presente. La gente cada vez demanda más cultura, con más calidad y ése es un reto en que las Humanidades podemos y debemos responder. ¿Y cómo?, profesionalizando al máximo la cultura. Y ése es nuestro reto, formación continuada y profesionalidad al máximo. Porque me da la sensación que muchas veces se trata al cliente cultural con desdén. Nadie se dejaría operar por un “afisionaillo” a la medicina, pero sí llevar de guía al “tío Romualdo”. Da igual que la “musealización” del  monumento esté montada de aquella manera, “¡ qué más da si nadie se va a dar cuenta!”, o eso cree ellos. O de ahí pasamos al concepto Parque Warner y no sabes si estás viendo una exposición sobre íberos (el ejemplo es al azar) o el making of y los escenarios de una película. Y es que ya se sabe, los íberos y el 3D son todo uno. Y ocurre lo mismo con la industria del libro, cuyo modelo de bestseller está demostrando un más que evidente desgaste. Porque estoy dispuesto a pagar por un buen ensayo o novela, pero no me temblará el pulso en tratar su mercancía cultural como lo que es, producto de un momento.

Y es que como siempre intento, este post es un canto a la esperanza. Si de manera más o menos chapucera, con clamorosas y aplaudibles excepciones, el mundo cultural mueve un P.I.B más que considerable… Imaginad lo que se puede hacer de manera seria y profesional. Ya hablaremos en otro post de las nuevas fórmulas que se están ensayando. Hay futuro y hay que luchar por él. Perfecto, el reto suena bien. Como dice una buena amiga de este blog lucharemos “de derrota en derrota hasta la victoria final”.

Y hablando de derrotas y victorias, la semana que viene Juan creo que llega tocando tambores de guerra. Hasta entonces un saludo.

jueves, 4 de abril de 2013

Comics e historia: condenados a entenderse

¿Alesia? ¡No conozco Alesia! ¡No sé dónde se halla Alesia! ¡Nadie sabe dónde se encuentra Alesia!
Abraracurcix, en “El escudo arverno”

Hola a todos. Tras el pequeño parón vacacional, y antes de comenzar una serie de post de temática bélica por mi parte, hoy vengo a hablarles del llamado noveno arte. Sí, es cierto que este no tiene una musa protectora en la mitología griega, como tampoco lo tienen el cine (7º) ni la fotografía (8º). Pero que sea el más novato de los mismos no implica que no merezca un puesto en la lista de las manifestaciones artísticas humanas. Y, ni mucho menos, es algo inmaduro o para chavales; como cualquier otro, abarca todo el espectro.

Cabe decir que los que ya andamos en la treintena nacimos en un mundo donde en España aún se los llamaba tebeos (en honor del mítico TBO, en el cual sigue siendo impagable revisar las máquinas de Goldberg diseñadas por el profesor Franz de Copenhague), y a lo largo de los 80, con el boom del mismo en Europa, fueron adquiriendo carta de madurez y sufriendo un cambio de nomenclatura. En España tal vez aun arrastran cierta fama de ser “para chavales”, del todo inmerecida; además de haber grandes adaptaciones en formato de novelas gráficas inspiradas en joyas literarias (al igual que películas), también hay grandes historias originales contadas en formato cómic.

Y por tanto, la Historia, con mayúsculas, es una fuente inagotable de guiones también para el cómic, al igual que para las otras disciplinas artísticas. Bien con un hecho histórico concreto, bien en un periodo que sirve como decorado, o bien a través de una ucronía o como escenario para un mundo ficticio, los dibujantes y guionistas pueden encontrar siempre un público interesado en temas históricos para sus creaciones. Citaremos a continuación algunos de los mejores cómics sobre historia, o con trasfondo histórico.

Astérix, el galo, y su inseparable
Obélix. Imagen de aquí.
Por ejemplo, un servidor se crió leyendo los cómics de Astérix el galo (aprendí a leer con Astérix en Hispania); desde la muerte de Goscinny los guiones nunca alcanzaron la brillantez de antaño, pero son tan atemporales que aun conservan frescura, y siguen siendo capaces de conseguir que los más jóvenes se interesen por Julio César y el mundo clásico. La pareja Goscinny – Uderzo también creó a Umpa-Pa, joven indio americano cuyas aventuras transcurrían en la Norteamérica colonial. Como guionista Goscinny también creó a Lucky Luke,  que consigue un efecto similar al de Astérix con el mundo del far west, y al casi olvidado Iznogud el infame, autor de la mítica frase “quiero ser califa en lugar del califa”, ubicado en el mundo del islam clásico y legendario. Y encima, nos hacen reír a mandíbula batiente… ¿alguien da más?... A mí me parecen grandes razones para leer cómics.

Tal vez menos internacionales y con menor inmersión en el mundo histórico, pero con números igualmente geniales, están Mortadelo y Filemón, de Ibáñez, Superlópez, de Jan, y Zipi y Zape, de Escobar. No, no me he vuelto loco… además de arrancarnos alguna carcajada existen números como “El quinto centenario”, “La caja de Pandora” o “El tonel del tiempo” que, entre gamberrada y gamberrada, dan un repaso a temas históricos y mitológicos, que sin duda despertarán la curiosidad de los peques de la casa. Recuerdo también en los tebeos de mi infancia personajes como Neronius, Parsley o Johan y Pirluit, que, aunque sin demasiado rigor, conseguían transportarnos a otras épocas y reírnos un rato. Es una pena que a día de hoy no haya revistas infantiles como aquellas.

Otro español, Forges, celebérrimo por sus tiras cómicas en los diarios, creó en los 80 las ilustraciones de la colección en fascículos “Historia de aquí”, entretenida historia de España que combinaba texto divulgativo con sus características y divertidas viñetas. Además, me permito aquí citar a un gran desconocido, Yalahás Piff-iado, espía colegiado, de Rigol y Gerome, que explicaba de forma bastante rigurosa, para su carácter burlesco, distintos aspectos y hechos del califato omeya y del joven reino de Asturias. Aunque menos detallista pero también con acento asturiano tenemos a Gladius, el gladiador pacifista, de Neto, para sonreir durante un buen rato.

Subiendo un peldaño en cuanto a “seriedad”, tenemos otros clásicos: Tintín, de Hergé, El teniente Blueberry, de Charlier y Giraud (Moebius), y Corto Maltés, de Hugo Pratt. Con el primero podemos hacer una visita a diversos países (algunos inventados) a lo largo de buena parte del siglo XX; hijo de su época, pese a sus posible incorrección política desde el punto de vista actual, posiblemente nadie vuelva a dibujar máquinas con la belleza y calidad que lo hizo Hergé. Con el segundo nos haremos con un revolver Colt y un sombrero de cowboy para recorrer el salvaje oeste de los EEUU durante varias décadas, incluyendo la guerra de secesión; si bien en algunos casos el trasfondo histórico es un mero decorado, en otros aparece de manera muy detallada. Con el último recorreremos el mundo (normalmente en barco) durante la Primera Guerra Mundial y los años posteriores, viendo como el marino se ve envuelto en diversos hechos históricos.

Portada del cómic 300; imagen de aquí.
Todos los citados hasta ahora son colecciones, en algunos casos muy largas, desarrolladas durante décadas, y que han sufrido cambios con el tiempo, incluso la muerte de alguno de sus autores, además de adaptaciones al cine o la TV. Pero existen, lógicamente, cómics con carácter histórico en un único volumen que han alcanzado merecida fama. Es el caso de 300, de Frank Miller, en los que se narra la heroica resistencia de Leónidas en Las Termópilas. Esto también aplica a Maus, de Art Spiegelman, único cómic hasta la fecha en recibir un Pulitzer, contando la historia de un superviviente de los campos de exterminio nazis. La conversión de judíos en ratones y nazis en gatos le da una fuerza simbólica sólo posible a través del dibujo. Por su parte, Persépolis, de Marjane Satrapi narra de forma autobiográfica las experiencias de una joven persa durante los años en los que se derrocó al Sha y se instauró el régimen de los ayatolás. Con otro estilo, Alan Moore y Eddie Campbell son responsables de la existencia de From Hell, novela gráfica en torno a los crímenes de Jack el Destripador, donde el Londres victoriano muestra su lado más oscuro. Y, por supuesto, hay españoles en la lista: Carlos Gimenez es autor de las series “36-39, Malos Tiempos”, ambientada en la guerra civil española y Paracuellos, protagonizada por los niños recogidos en un orfanato al final de la misma; en ellos los datos históricos son bastante escasos, pero es innegable la calidad de la ambientación, en buena parte debida a la información proporcionada por personas que vivieron aquello.

En cuanto a las biografías contadas en este formato, estamos en una época muy prolífica. Ya en los 80 la editorial Bruguera realizó una colección (integrada inicialmente en los números especiales del Mortadelo) donde se recogía la vida de personajes como Carlos I, Mahoma, Livingstone o Miguel Ángel. Actualmente podemos encontrar en nuestras librerías las vidas de Martin Luther King, el Che Guevara, Dalí, y otros muchos pues, como decíamos, la Historia (con mayúsculas) se ha convertido en un filón para narrar grandes historias (con minúscula). Incluso tenemos desde hace poco la versión en cómic de cómo Gabriel García Márquez escribió Cien años de soledad.
                                                                                                 
Imagen de la adaptación de El anillo del Nibelungo.
Imagen de aquí.
Si bien no se trata de un tema estrictamente histórico, las adaptaciones tienen también un sitio importante en las estanterías; dispongo en casa de una gran adaptación al comic de la Odisea (hay varias disponibles), otra de La Ilíada y otra de Drácula. Marvel Comics, más conocida por sus historias de superhéroes, ha sacado la colección Marvel Illustrated, donde pueden encontrarse adaptaciones de grandes hitos literarios: El último mohicano, Los tres mosqueteros, El retrato de Dorian Gray… La idea desde luego no es nueva, ya que yo dispongo de un ejemplar de los 80 de Bruguera adaptando historias de aventuras como El Corsario Negro, Dick Turpin, Los tres mosqueteros, 20 años después, y otras, pero es innegable que la superfuerza de Marvel puede ser decisiva en este tema. Además, la versatilidad de este medio permite la existencia de cómics como los que considero las joyas de la corona de mi colección: la adaptación de la tetralogía operística El anillo del nibelungo, de Wagner.

El legendario Príncipe Valiente.
Imagen de aquí.
Y, pese a su escaso rigor histórico, merece la pena citar clásicos como El Capitán Trueno, El guerrero del antifaz, El jabato, y El príncipe Valiente, ya que estoy seguro de que ha servido para excitar la imaginación de nuestros mayores, y en muchos casos para hacerles querer saber más sobre las cruzadas, la corte del Rey Arturo o los gladiadores romanos. En el caso opuesto (en lo referente a tiempo entre nosotros), hay apariciones tan recientes que cuesta seguir el ritmo para hacerse con ellas y leerlas, como es el caso de la serie Las águilas de Roma o la biografía de Olympe de Gouges. Estoy seguro de que me dejo algunas joyas en el tintero, y les agradeceremos a los lectores que nos informen de las mismas.

Finalmente, para saber más, les dejo esta página; habla de algunos que no conozco, por lo que no me atrevo a afirmar nada, pero pueden comprobar que algunos otros casos coincidimos.

Nos vemos en un par de semanas. Hasta entonces, cuídense.