jueves, 31 de enero de 2013

Las abreviaturas más comunes en la redacción de un trabajo histórico.


Cuando estamos redactando un trabajo es muy frecuente la duda en torno al uso correcto de las abreviaturas. Tema espinoso sin duda, pero que debemos aprender a manejar para que nuestros trabajos desde el punto de vista formal sean impecables .Según la RAE, abreviatura es; 


Tipo de abreviación que consiste en la representación gráfica reducida de una palabra mediante la supresión de letras finales o centrales, y que suele cerrarse con punto; p. ej., afmo. por afectísimo; Dir.a por directora; íd. por ídem; SS. MM. por Sus Majestades; D. por don.


Hay que dejar claro que una abreviatura no es una sigla, que según la RAE es:
  1. f. Palabra formada por el conjunto de letras iniciales de una expresión compleja;p. ej., O(rganización de) N(aciones) U(nidas), o(bjeto) v(olante) n(o) i(dentificado), Í(ndice de) P(recios al) C(onsumo).
  2. f. Cada una de las letras de una sigla (‖ palabra formada por letras iniciales). P. ej., N, O y U son siglas en ONU.
  3. f. Cualquier signo que sirve para ahorrar letras o espacio en la escritura.
Ni tampoco es un acrónimo, como se puede ver ,de nuevo, en la definición de la RAE;

(Del gr. ἄκρος 'extremo' y -ónimo).

  1. m. Tipo de sigla que se pronuncia como una palabra; p. ej., o(bjeto) v(olador) n(o) i(dentificado).
  2. m. Vocablo formado por la unión de elementos de dos o más palabras, constituido por el principio de la primera y el final de la última, p. ej., ofi(cina infor)mática, o, frecuentemente, por otras combinaciones, p. ej., so(und) n(avigation) a(nd) r(anging), Ban(co) es(pañol) (de) (crédi)to.

Para más información en torno al uso y distinción de todos estos términos os recomiendo una visita a la web Reglas de OrtografíaVolviendo a lo que nos toca, las abreviaturas, deciros que de su estudio a lo largo de la Historia se ocupan principalmente los paleógrafos. Es parte importantísima de su trabajo el conocer estas abreviaturas y su evolución para poder entender un texto. Para muestra un botón que he encontrado en un post de en un excelente blog llamado Archiviun Sancti Iacobi, perteneciente al Área de Documentación Medieval del Archivo de la Catedral de Santiago. 


En la actualidad absolutamente todas las ramas del saber tienen sus propias abreviaturas y su número va creciendo por nuevas incorporaciones, mientras que otras por motivos académicos se dejan de utilizar. Como muy bien nos explican desde la RAE;

Se trata de una lista necesariamente incompleta, ya que cualquier usuario de la lengua puede crear cuantas abreviaturas considere oportunas, siempre que lo haga de acuerdo con las reglas de formación de este tipo de abreviaciones

En cuanto al tema de crear abreviaturas os recomiendo encarecidamente no poneros a ello y dejemos la imaginación para otras tareas. Utilizad sólo aquellas de uso más común, que para el caso de la Historia poco más o menos son las siguientes. 

  • a.C: Antes de Cristo
  • Anón. : Anónimo.
  • art: artículo. Hablamos de articulado de leyes exclusivamente.
  • cap./caps.: capítulo/ capítulos.
  • cf., cfr.: confero, confróntese, compárese.
  • col. /cols. : columna/columnas. También puede indicar colección.
  • d.C: Después de Cristo. Nada de B.C. ( before Christ) en un texto castellano como en algún sitio he leído.
  • ed/ eds: Editor/editores. También puede significar edición.
  • fig. / figs: Figura/ figuras.
  • fo: folio. También se utiliza f., o fº. aunque menos frecuente. Plural ff.
  • ibid: ibidem (en el mismo lugar). Se utiliza para indicar que se encuentra en la misma obra y página.
  • inf. : infra, véase más adelante.
  • l.: libro.
  • MS/Ms: Manuscrito. Plural MSS/Mss
  • n.: nota.
  • núm: número.
  • op. cit.: obra ya citada del mismo autor.
  • p.: página. También se utiliza pág.; Plural pp./págs..
  • r y vº: recto y vuelto. Yo suelo utilizar v para vuelto.
  • seud.: seudónimo.
  • s.a.: sin año.
  • s.f.: sin fecha.
  • s.d.: sine data. Cuando no figuran ni el año ni el lugar de edición.
  • s.l.: sin lugar de edición.
  • s.n.: sin nombre.
  • sig/sigs: siguiente/siguientes. También para el plural se puede utilizar ss.
  • sec: sección.
  • sic: así. Para indicar que estás haciendo una cita literal aunque pueda parecer incorrecta.
  • N. del A.: Nota del autor.
  • N. del E: Nota del Editor.
  • N. del T.: Nota del traductor.
  • t.: Tomo.
  • Tr./trad: traducción
  • v.: ver, veasé.
  • vs: versus.
  • vol./vols.: volumen/volúmenes.
Para el caso de la Historia creo que es más o menos completa, aunque podéis también acudir al apéndice de las mismas facilitado por la RAE. Y cuidado con su uso correcto. En el más que hipotético caso de que algún día llegara a escribir una carta a alguien de la realeza más me vale poner S. A. (que es Su Alteza) y no S. a. (que es Su arroba "@"). Y todo por una mayúscula o minúscula.

Sede de la Real Academia Española
¿Cuál es la manera de utilizar bien las abreviaturas? Pues muy buena pregunta. Recomiendo mesura a la hora de utilizarlas porque si abusamos de ellas corremos el riesgo de que el lector se pierda o malinterprete las mismas. Pongo un ejemplo extraído de las abreviaturas que se utilizan en el diccionario de la RAE y que podéis consultar completas en este enlace. El uso de la abreviatura germ. sirve tanto para germánico como para germanía. Se supone que el contexto ayudará al lector a interpretarla correctamente, pero las interpretaciones  son traicioneras y sólo pueden llevar al lector a la confusión. La RAE ha establecido normas, que podéis consultar aquí, sobre su formación, usos en femenino, los plurales de las mismas y su correcta ortografía. 

Espero que todo lo explicado os sirva. Fijaos a partir de ahora cuando leáis un libro en los detalles en torno a las abreviaturas. Al fin de al cabo, el movimiento se demuestra andando.

Un saludo

jueves, 24 de enero de 2013

El futuro ya no es lo que era (II)

Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado.
Friedrich Nietzsche

Como decíamos ayer, en la primera entrada de esta serie, una vez irrumpe el método científico en el flujo de la historia, la humanidad, siempre ansiosa por anticipar el futuro, comienza (al menos en las mentes más preparadas) a desdeñar los métodos místicos de predicción, y a imaginar, ya en base a conocimientos sólidos de las leyes naturales, mundos alternativos. Lógicamente, pronto empieza a preguntarse como sería el mundo del futuro, aunque apoyándose en buena medida en intuiciones e imaginación, en el mejor sentido de la palabra.

Ese mundo futuro comenzó a imaginarlo Louis-Sébastien Mercier, que en 1770 publicó la ucronía El año 2440 proponiendo algunas evoluciones en educación, moral y política que habrían de darse poco después en la revolución francesa. Nicolás de Condorcet comenzó a hablar del progreso como motor de la humanidad y a esbozar la historia universal como una serie de pasos, culminados por la llegada del método científico y la sociedad nacida de la revolución francesa. Thomas Malthus inició el uso de las matemáticas para hacer predicciones en 1798 con su Ensayo sobre los principios de la población.

Desde mi libro favorito de Verne, el Nautilus...
Imagen de aquí
Es de esta preocupación por el mundo real del futuro en los planos científico, social, económico, etc., y por los límites de la ciencia, donde nace la verdadera ciencia-ficción, que resulta a la vez consecuencia e inspiración de muchos de los avances de esta época. Podemos citar como antecedente claro Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, escrita en 1818; no en vano, trata de un científico que dota de vida a un hombre artificial; cabe citar en una línea parecida, y en los mismos años, los celebres cuentos de E.T.A. Hoffmann (y su adaptación operística por Offenbach), donde aparece el físico Spalanzani y su creación, la autómata Olimpia. Aunque a menudo la visión sobre épocas posteriores (incluyendo el entonces mítico año 2000) que tenían entonces resulta deliciosamente ingenua, basada en cachivaches a vapor, ropa con miriñaques y máquinas voladoras esperpénticas, la capacidad de predicción, gracias a la mezcla de formación e intuición, de Julio Verne nos resulta asombrosa aún hoy día. Tras él,  otros escritores como H.G. Wells, Edward Bellamy, Aldous Huxley, George Orwell, Philip K. Dick, Arthur Clarke, Stanislaw Lem, Ray Bradbury o Isaac Asimov han contribuido en buena medida a esbozar un mundo futuro que, en algunos aspectos, ya ha llegado. Lógicamente, cada uno de ellos fue influido por la época que le tocó vivir: no es posible imaginar un mundo futuro igual desde los años posteriores a la Primera Guerra Mundial que desde los de la carrera espacial. Realizaremos un examen algo más a fondo de estos aspectos en posteriores entradas.

En todo caso, por fascinantes que resulten las obras de estos autores, en buena medida son producto de su imaginación. Muchos han tenido una formación que les ha permitido construir futuros coherentes y razonablemente posibles, pero también hay casos en los que sus propuestas son imposibles; por ejemplo, al describir máquinas o sistemas que violan las leyes de la física. Por otra parte, aunque en un principio son, en general, producto de una época que confiaba ciegamente en las bondades del progreso, tras los horrores de las guerras mundiales y la llegada de la guerra fría, la tecnología se reveló como capaz de una destrucción sin precedentes, y esta fe decayó. La propia ciencia-ficción recoge ejemplos de este cambio de tendencia: el avance tecnológico sin fin se ve criticado en diversas distopías; ejemplos de las mismas son Metrópolis, Un mundo feliz, Fahrenheit 451 o 1984. La existencia de una tecnología poderosa que es usada sin ética es criticada también en novelas como La batalla de Dorking, de Chesney, escrita en 1871 e inicio de una retahíla de novelas de guerras futuristas que describe los horrores de una guerra mecanizada.

De forma lógica, por tanto, surge una nueva forma de anticipar los cambios que llegarán con el tiempo. Aunque la idea se había esbozado anteriormente por parte de Marinetti, a mediados de los años 40 del siglo XX nace la futurología o prospectiva. La idea subyacente es, como no puede ser de otro modo, la adecuada para esa época: no puede confiarse el progreso en exclusiva al desarrollo tecnológico; si bien la tecnología es, de por sí, neutral desde un punto de vista ético, es preciso, en la medida de lo posible, dirigir su uso y tener en cuenta sus probables implicaciones.

Por tanto, la predicción del futuro se basa desde entonces en un análisis científico que tiene en cuenta todos los aspectos posibles. El análisis es interdisciplinar, abarcando las competencias propias de tecnólogos, economistas, sociólogos, biólogos, historiadores, etc. Incluso los temas gastronómicos son objeto de estudio. El enfoque cambia de forma importante: no se trata sólo de predecir el futuro en base a artes mágicas, o a la imaginación combinada con una base técnica, si no en construirlo. Observando el presente, se analizan las tendencias que pueden definir el futuro, de forma que se influya en él: es decir, no basta con prever los avances e implicaciones, si no que se pretende diseñar y construir el futuro. Tanto los estados como las empresas aplican distintas metodologías que les permiten anticiparse, adaptarse y gestionar el porvenir. Son bien conocidas la corporación RAND o el Club de Roma como grandes asociaciones orientadas a estas tareas (Think Tanks); en todo caso, debido a su propia naturaleza, también envuelve a menudo a las mismas cierto halo de conspiranoia y plegamiento a intereses económicos. Analizaremos también este tema con más detalle en futuras entradas, puesto que se habla, no sin cierta base, de que este enfoque nos conduce paulatinamente a una nueva versión del despotismo ilustrado.

Valor, y al toro... Imagen de aquí
Espero haber captado su atención con este tema, y que hayan percibido el interés que tiene tanto para historiadores como para otros perfiles, constituyéndose en un apasionante campo de interdisciplinariedad donde un perfil como el de los habituales de este blog cobra particular importancia. En futuras entradas continuaremos estudiando distintos aspectos relacionados: las distopías y ucronías, el steampunk, el retrofuturismo, las previsiones posibles e imposibles, y las tendencias futuras.

Hasta entonces, cuídense.

jueves, 17 de enero de 2013

Baltasar de Zúñiga. Una encrucijada de la Monarquía Hispana (1561-1622).

Hay libros que te marcan la vida, libros que te hacen cambiar tu modo de pensar o sentir y libros que te hacen amar una profesión. En mi caso uno de los más importantes para amar esta profesión fue sin duda El Conde-Duque de Olivares de Elliot. Cuando acabé de leerlo supe lo que quería hacer, saber transmitir la historia con esa fluidez y amenidad de la que es capaz muy poca gente. Luego me lancé a leer el no menos interesante Richelieu y Olivares y siempre que tengo oportunidad leo algo sobre el poco afortunado Conde-duque.

Hay que tener mucho valor y altas miras para completar, al menos en parte, el trabajo de Elliot y es lo que se ha propuesto Rubén González Cuerva en su obra Baltasar de Zúñiga: una encrucijada de la Monarquía Hispana (1561-1622). El personaje y el interés de su estudio lo refleja Rubén, al que diré para evitar suspicacias no conozco de nada, en su prólogo;


Muchos años después del ascenso al trono de Felipe IV, el Conde-Duque se defendió de los que criticaban las perentorias decisiones que se tomaron entonces excusando su protagonismo: había sido su tío Baltasar de Zúñiga, quien entonces se encargaba del manejo de los papeles, el responsable de un giro cuyas consecuencias se arrastraban veinte años después y que significaron uno de los principales baldones del retroceso político de la Monarquía hispana en la Europa del siglo XVII. Pero ¿quién fue ese Baltasar de Zúñiga y qué poder tuvo para marcar el rumbo de la diplomacia española durante una de sus fases más decisivas? ¿Aportó una estrategia novedosa en un momento de encrucijada, en el que la Monarquía se jugaba su puesto hegemónico en la Cristiandad?

Preguntas que, como he dicho ni el propio Elliot había respondido en su magna obra. ¿Y por qué tiene importancia la figura de Zúñiga. Vuelve a responder el autor diciendo que;

Este acercamiento individualizado a la historia resulta especialmente pertinente cuando el elegido es Baltasar de Zúñiga, quien puede representar con notable complejidad a toda su generación. En su figura convergen una serie de factores primordiales que le convierten en un modelo ideal para entender la Corte española de en torno a 1620. Además de su relevancia intelectual y sus contactos con lo más granado de la cultura europea de su época, destacó por su gran  experiencia internacional y contar con una visión muy cosmopolita de la Monarquía.  En este sentido, no solo contrastaba con el duque de Lerma, que nunca salió de la península Ibérica, sino que destacó por marcar las relaciones con el Sacro Imperio en la segunda década del siglo, justo el momento en el que este escenario se convirtió en el gran avispero de la Cristiandad. De este modo, la figura de Zúñiga permite evaluar las relaciones dinásticas mantenidas con la Corte imperial y comprobar las características del gran eje de confesión y dinastía establecido con Roma y Viena, que definió el nuevo rumbo de la política de Felipe III y su hijo. Por último, el relevante peso que adquirió en la Corte madrileña en la transición entre ambos reinados nos da la oportunidad de seguir en perspectiva estos años cruciales, que por la costumbre de acotar las investigaciones a un reinado suelen quedar cortados y algo desdibujados en otras obras.



¡Nada más y nada menos!. De lo micro a lo macro en un ir y venir constante para entender una época de enorme complejidad. Y viendo el índice, sólo nos basta eso, para comprobar que el autor ha atendido a todas las vertientes posibles. Lo más sorprendente de todo es que nos encontramos ante la adaptación de la tesis de Rubén para su publicación. Hay que tener mucho valor para que tu obra académica más importante pretenda continuar el trabajo de Elliot y de tantísimo calado. 

Es de agradecer que comiencen a surgir nuevos historiadores con nuevos proyectos, como el que nos ocupa, u otros como el excelente trabajo de Bruno Pomara, que con su Violencia, bandolerismo y justicia en el Reino de Sicilia (1619-1621), ganó el II Premio de Jóvenes Investigadores de la Fundación Española de Historia Moderna. Con ellos se demuestra que hay un futuro para nuestra disciplina siempre que se trabaje.


Mientras llegamos a ése futuro disfrutemos con la lectura de sus trabajos. Mientras, nosotros seguiremos visitando aquel futuro que ya no es lo que era, e indagaremos en las posibilidades del cine como arma didáctica e intentaremos aportar datos que nos aclaren un poco el debate en torno a la universidad, que para eso tenemos LicenciaHistórica.


Un saludo








jueves, 10 de enero de 2013

El futuro ya no es lo que era (I)

Me interesa el futuro, porque en él voy a pasar el resto de mi vida
Charles F. Kettering

Hola a todos. Comenzamos el año 2013 en el blog con una miniserie de varias entradas para hablarles de un campo del conocimiento histórico que no siempre se tiene en cuenta: el futuro. Por paradójico que pueda resultar esto, es un claro punto de unión entre las disciplinas técnicas y la de historia, amén de otras muchas no siempre relacionadas directamente. No en vano, entre las frases que presiden este blog, la de lord Byron (de quien ya hemos hablado un poco por estos lares, por otra parte) ya nos permite intuir este nexo.

El profeta, de Gargallo
Imagen de aquí
A modo de introducción, analizaremos hoy el fenómeno de la predicción del futuro desde sus orígenes; ya desde la más remota antigüedad el hombre ha querido conocer el porvenir. Dejaremos aparte los casos de profecías de carácter sagrado ya que merecerían un capítulo aparte, tanto por sus implicaciones como por su origen.

En todo caso, desde las prácticas chamánicas de la prehistoria hasta los modernos estafadores de la televisión nocturna y similares (¿cuándo recuperará el código penal las galeras?), pasando por toda la panoplia de oráculos, sibilas, pitonisas, profetas, augures y adivinos, la gente ha intentado averiguar algo sobre los tiempos venideros, aunque fuera de forma personal y sobre hechos concretos. Es lo que podemos denominar predicción mística, la cual, basándose en la ambigüedad, algo de psicología de mercadillo, la credulidad y el desconocimiento de la gente, ha permitido (y por desgracia, permite) vivir del cuento a muchos charlatanes a lo largo de la historia.

Claros ejemplos históricos son las profecías del bien conocido oráculo de Delfos, célebre por sus respuestas confusas; No morirá y No, morirá son respuestas que suenan muy parecidas a los oídos de una madre angustiada que pregunta si su hijo volverá sano y salvo de la guerra contra Esparta. La clave era mantener un registro donde se anotaban todas las predicciones. Muy significativo era el método usado para predecir el sexo de los bebés, tal como lo cuentan los actuales guías turísticos: se apunta en el registro lo contrario a lo que se decía a los futuros padres; de ese modo, si la predicción (al 50%) acertaba, todos contentos, y si fallaba, les “demostraban” a los padres que habían entendido mal. Hay que tener en cuenta que si bien el origen de las mismas era el propio dios Apolo (o eso decían los sacerdotes), estas profecías no son del mismo tipo de las tenidas en consideración por las religiones del Libro.

Otro claro ejemplo es el célebre Nostradamus, el cual continúa dando que hablar con sus cuartetas, que, como diría don Miguel de Cervantes, “ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para solo ello”. Y por algún extraño motivo, en la época en la que el hombre ya ha pisado la Luna, enviado la Voyager a los confines del sistema solar y se han formulado las teorías del Big Bang y las supercuerdas, los periódicos continúan publicando el horóscopo. La cuestión es que los astrólogos (a quien Dios guarde en una garrafa) continúan haciendo creer a alguna gente que es posible predecir el futuro o conocer la personalidad de alguien en base a la posición relativa de estrellas situadas a inmensas distancias unas de otras y de nosotros. Lo que no tengo claro es cómo han conseguido encajar la aparición de un decimotercer signo zodiacal. Y es que cuando se habla sin decir realmente nada es relativamente fácil conseguir que múltiples escenarios encajen de alguna manera en lo “predicho” por el supuesto vidente.

Goscinny siempre tuvo respuestas para todo...
Imagen de aquí
El análisis de las técnicas empleadas, tanto tradicional como actualmente, permite, al leer entre líneas, reconocer algunas de las debilidades humanas. Todas aquellas que emplean rituales o  productos como humos, aceites, bebedizos, hongos, etc. capaces de producir un éxtasis (el cual puede recibir también los nombres científicos de toña, moña, pedo, pedal, cogorza, melopea, colocón, ciego, merluza, cebollón, castaña, curda o cuelgue) resultan particularmente interesantes por ser polivalentes, ya que han permitido al vidente tanto prever el futuro como ver dragones, elefantes rosas o pitufos. Por lo que respecta a las técnicas basadas en la observación tenemos una auténtica recopilación de métodos; ya don Francisco de Quevedo describió la quiromancia como nadie en su Libro de todas las cosas y otras muchas más:

Todas las rayas que vieres en las manos, oh curioso lector, significan que la mano se dobla por la palma y no por arriba, y que se dobla por las junturas; y por eso están las grandes en las coyunturas désas, como es cuero delicado, resultan las otras menudas. Y para ver que esto es así mira que en el pescuezo y frente, caderas, corvas y codos y sangraduras y nalgas, por donde se arruga el pellejo y en las plantas de los pies hay rayas. Y así había de haber, si fuera verdad (como hay quirománticos), nalguimánticos, y frontimánticos y codimánticos y pescuecimánticos y piedimánticos.

Además de estas “lecturas” (don Francisco resultó, paradójicamente, profético, ya que hasta la práctica de la culomancia tenemos hoy día), se ha recurrido a cualquier “-mancia”: están en la lista ejemplos como la observación del vuelo de los pájaros, la de los posos del café, las cartas del tarot, el I Ching, o la hepatoscopia. Esta última tiene, al menos, algo de credibilidad, ya que permitiría saber si el paté sería bueno ese año.

Independientemente de que a día de hoy se conserven algunas de estas prácticas a modo de sacacuartos a los más ingenuos, la credibilidad de las mismas comenzó a decaer con la llegada, progresiva, del método científico. En todo caso lo hizo lentamente (tanto que aun perdura), y una nueva forma de predecir el futuro comenzó a surgir, eso sí, basándose mucho más en una mezcla de imaginación y algunos conocimientos (ya con cierta solidez) que en una metodología; es la época en la que podemos considerar que comienza a aplicarse la ciencia, aunque de forma intuitiva, para hacer predicciones. Resulta notable como los primeros esbozos de una literatura basada en mundos fantásticos (excepción hecha de Platón) surgen paralelamente al método científico, aunque no haya aún importancia de la ciencia y tecnología en la misma. Utopía de Tomas Moro (1517), La Nueva Atlántida, de Francis Bacon (1626), La historia cómica de los Estados e Imperios de la Luna y La historia cómica de los Estados e Imperios del Sol de Cyrano de Bergerac (1657 y 1662, respectivamente), o Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1726) son grandes ejemplos. En todo caso, no podemos considerarlos ciencia-ficción ya que no implican para nada al primer elemento, siendo su temática satírica (realmente divertida incluso hoy día en algunos casos), o idealista. En todo caso, son un síntoma de que la imaginación combinada con conocimientos más sólidos de las leyes naturales había llegado a ocupar algunas de las grandes mentes de su tiempo, permitiendo imaginar mundos alternativos. La siguiente pregunta en esta línea que excitaría la imaginación de los ilustrados era obvia: ¿cómo sería el mundo que habitarían los hombres del futuro?

De este nuevo enfoque hablaremos en la siguiente entrada, analizando el surgimiento de la literatura de ciencia-ficción, y del enfoque actual para lograr prever por donde pueden ir los tiros.

Hasta entonces, cuídense.