jueves, 14 de noviembre de 2013

De re musica: tratados de historia que se escuchan (I)

Si un compositor pudiera decir lo que quiere decir con palabras, no se molestaría en tratar de decirlo con música.
Gustav Mahler

Entre mis últimas lecturas ha estado la selección de artículos de El País en torno a la figura de Richard Wagner en el 2º centenario de su nacimiento (que comparte con otro gigante en el género, Giuseppe Verdi), y, conforme lo estaba terminando, pensaba que nunca habíamos hablado en el blog sobre la relación entre música e historia. Es innegable que Euterpe y Clío, musas protectoras de estas disciplinas, colaboran en la disciplina de historia de la música, especialmente teniendo en cuenta que la propia palabra música significa "el arte de las musas". Pero lo que pretendo transmitirles hoy va un poco más allá, y es la necesidad de conocer la música de un periodo para comprender el mismo, o, tal vez más habitual en ciertos casos, la visión del mismo que se tuvo en otra época.

Músicos medievales. Imagen de "La música Sacra"
Músicos medievales. Imagen de "La música Sacra"
Recuerdo que, cuando se estrenó la muy mediocre película Destino de caballero, el director se defendió de las críticas en torno al uso de música de Queen, Eric Clapton o David Bowie alegando que era tan anacrónico como usar música del barroco. Pese a lo simplista de la argumentación, cierto es que razón no le falta, y que en las películas ambientadas en el mundo antiguo resultaría muy complicado encontrar una banda sonora adecuada y que pertenezca a ese periodo, y no es mucho más sencillo hasta bien avanzada la época medieval.

Esto se debe a que, aunque disponemos de información sobre qué instrumentos usaban, y restos arqueológicos que nos permiten hacernos una idea de cómo sería su música, en general no disponemos de información suficiente sobre la misma, y, en caso de disponer de ella, es un terreno tan propio de arqueólogos y musicólogos especializados, que el común de los mortales difícilmente podemos apreciar en nuestro día a día; aunque, desde luego, es un gran reto para los profesionales.

Nos tememos que, saber realmente qué sonidos se escucharían en la corte de Trajano, es como intentar reconstruir la discografía completa de los Rolling Stones a través de, únicamente, las portadas de sus discos y las tablaturas usadas por un grupo homenaje para 3 de sus canciones. A modo de curiosidad, les adjunto la información sobre la que se supone la partitura más antigua del mundo, una tablilla asiria del siglo XV a.C que contiene un himno a la diosa Nikal. Por otra parte, la partitura más antigua de la que conocemos el nombre de su autor es de comienzos del siglo XIV d.C., firmada por el Maestro Piero (lo cual, una vez más, nos confirma lo geniales que llegan a ser Les Luthiers).

Jordi Savall. Imagen de Alia Vox.
Jordi Savall. Imagen de Alia Vox.
Bien avanzada la edad media es cuando comenzamos a contar con registros suficientes como para reconstruir de forma fiable la riqueza musical de la época; para adentrarse en ella les recomiendo encarecidamente que se dejen guiar por el genial Jordi Savall y las distintas formaciones que ha dirigido. Su conocimiento de la música medieval, renacentista y barroca le ha convertido en un referente mundial en las mismas, con grabaciones que casi obligan a un historiador a hacerse con ellas: Shakespeare y la música inglesa, Música de la época de las Cruzadas, El reino olvidado: la tragedia cátara, Isabel I reina de Castilla o Dinastía Borgia constituyen auténticos tratados de historia en forma musical.

A finales del siglo XVI nació un género que revolucionó la música y toma una forma que aun conocemos hoy día: la ópera. La primera ópera conocida es Dafne, de Jacopo Peri, aunque es Claudio Monteverdi quien tiene el honor de ser el compositor de la ópera más antigua que aun se representa: L’Orfeo. Es a partir de esta época en la que aquellas piezas que han llegado hasta nosotros comienzan a conocerse como música clásica, por contraposición a la música antigua anterior.

Portada de L'Orfeo de Monteverdi. Imagen de Wikimedia.
Portada de L'Orfeo de Monteverdi.
Imagen de Wikimedia.
El barroco, desde comienzos del siglo XVII, constituye uno de los períodos de mayor riqueza musical, especialmente en su época tardía, en la que los grandes compositores y las nuevas técnicas parecían surgir casi de la nada; por vez primera, existen músicos como Bach, Vivaldi, Haendel o Telemann, cuyos nombres casi cualquier persona reconocería, pues su influencia en su época y en las posteriores es indeleble. No en vano es una época revolucionaria en muchos aspectos, con lo que no es de extrañar que también lo sea en este campo, el cual, lógicamente, interactúa con los demás; es el caso, por ejemplo, de Bach y las matemáticas, con lo cual volvemos relacionar la palabra música con su etimología.

Resulta particularmente interesante, a mi entender, el uso de temas mitológicos en aquellas óperas; no en vano, se buscaba una comunión de diversas artes, y el renacimiento había encumbrado a Grecia y Roma, por lo que una versión modernizada del teatro griego resultaba casi inevitable, pues este concepto es el que pretende lograr la ópera en sus inicios; es por esto que el conocimiento de las obras de este período resulta muy útil para comprender la visión que se tenía de dicha época.

Este gusto se mantuvo durante mucho tiempo, produciendo auténticas maravillas. La ópera Orfeo ed Euridice, de Glück, constituye un buen ejemplo de la transición entre el barroco y el clasicismo, cuyos máximos exponentes (no hace falta decirlo, supongo), fueron Haydn, Mozart y Beethoven. Este último fue, además de uno de los más grandes de la historia, un elemento fundamental para la evolución del clasicismo al romanticismo, periodo apasionante en muchos aspectos.

Hasta aquí esta entrada; esta vez hemos llegado hasta el siglo XIX de un tirón, y en la siguiente veremos la importancia que ha cobrado lo música en nuestras vidas desde entonces. Hasta entonces, les dejo con este video con la danza de las furias, de la citada Orfeo ed Euridice.


2 comentarios :

  1. La primera parte del artículo, justifica y apologiza el gusto de Baz LuHrman por meter música contemporanea en su filmografía, cualesquiera que fuese el marco histórico: Romeo y Julieta, El Gran Gatsby...

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    1. Viendo su versión de "Moulin Rouge", su gusto por el anacronismo musical está más que claro... pero como todo, hay que saber hacerlo bien.

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