jueves, 24 de octubre de 2013

Fuentes secundarias e internet


Si unas semanas atrás hablábamos de los límites de internet en la búsqueda de fuentes primarias, ahora vamos a hacerlo sobre las fuentes secundarias en Internet. Todos conocemos repositorios de artículos de internet como Dialnet o Know

Esto, qué duda cabe, ha facilitado mucho el acceso a miles de artículos, y por tanto nuestro trabajo es mucho más fácil. Elliot es consciente de este cambio afirmando que:
La mayor parte de lo que he investigado y escrito se produjo antes del advenimiento de la informática fácilmente accesible. (...) Las generaciones futuras, libres de las limitaciones impuestas por horarios de apertura y las inciertas condiciones de trabajo en las bibliotecas y archivos, quizá vuelvan la mirada con una mezcla de asombro e incomprensión hacia las actividades que sus predecesores, armados de poco más que pluma y cuaderno, y se extrañen ante las inmensas lagunas en la información a su alcance.
Haciendo Historia, Taurus, 2012, p. 13

Ahora bien, esto no nos puede llevar a ignorar aquellos artículos, trabajos, libros que no estén colgados en la red. Como no tengo fácil acceso, los ignoro. Descarga lo que puedas legalmente pero eso no te va a evitar el paseo a la biblioteca. Ya hablaremos de las bibliotecas. Hacer una búsqueda en profundidad en casa con nuestros ordenadores combinada con una visita a la biblioteca/archivo se presenta como la opción más prudente.

Pongo un ejemplo práctico. Si vas al Archivo Histórico Nacional, y previo pago de una nada desdeñable suma de dinero, te podrás hacer con una fuente digitalizada. De principio puede pensarse que ya no tendremos necesidad de volver a consultar la fuente original. Ahora con mi PDF y mi enorme monitor puedo acercar o alejar el texto, manipular contrastes y mil y un recursos más para poder leer mejor el texto. La Paleografía así parece ser una ciencia más fácil. 

Nada más lejos de la realidad: no tengo muy claro el motivo, pero hay cosas que sólo entiendes cuando estás delante del texto original. Mi cerebro capta el texto de otra manera. Y, de nuevo, no dudo en absoluto de la capacidad de los trabajadores del AHN, pero son humanos y se pueden equivocar. Hay que comprobar que el PDF facilitado sea correcto.


AHN en Madrid.
Nuestra dependencia, o más bien, comodidad, con los ordenadores ha llevado a situaciones poco deseables como que los libros más citados en trabajos sean aquellos que tienen una vista previa en Google. Así lo cree Anaclet Pons;
Una simple conjetura servirá: aunque no existan pruebas, no sería descabellado aventurar que aquellos volúmenes que Google Libros ofrece en vista previa o completa son más examinados y citados que aquellos otros de consulta restringida; o que, de entre los de vista previa se citan más los párrafos que se pueden leer que aquellos otros que no son accesibles y que, por tanto, han de ser inspeccionados adquiriendo el volumen o acudiendo a la biblioteca.
El desorden digital. 
Guía para historiadores y humanistas, Madrid, Siglo XXI, 2013, p. 230

Quien vea en este post un ataque a las fuentes digitales se equivoca de medio a medio: lo que pretendemos es avisar sobre su correcto uso y sus límites. Vuelvo a Elliot con negrita mía.
Y sin embargo, con todo el aumento de la información que puede esperarse de la aplicación de los recursos electrónicos hoy disponibles para los historiadores, los problemas a los que siempre se han enfrentado continuarán saliéndoles al paso
Haciendo Historia, Taurus, 2012, p. 13

La herramienta es poderosísima, pero eso no nos exime de saber utilizarla con criterios de historiadores. Cambian los medios, mejoran, pero el trabajo en esencia es el mismo.

Debemos dejar de lado, por el momento, cuestiones tan interesantes como si redactar en papel o electrónico debe cambiar nuestro lenguaje y modos de comunicación para otro post.

Un saludo.

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