viernes, 15 de marzo de 2013

El futuro ya no es lo que era (y V)

La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo
Alan Kay

Hola a todos. Con esta entrada daremos carpetazo al tema que nos lleva ocupando una temporada, sobre la capacidad de previsión del futuro, las corrientes culturales y artísticas en su rededor, y el interés que podría tener para un historiador conocer este punto de unión entre ciencias y humanidades.

Hemos hablado, concretamente, de las predicciones místicas del futuro (más falsas que un duro de 6 pesetas) y de la ciencia-ficción, que mezcla la fantasía con el conocimiento tecnológico para inspirar, y con cierta frecuencia, acertar por donde irán los tiros. Hemos analizado también el retrofuturismo, y las sociedades descritas en utopías, distopías, ucronías y los diversos subgéneros que hablan de futuros y pasados alternativos. Con esto podemos afirmar que, desde luego, ha interés por la temática. Pero puesto que poder predecir ciertos patrones del futuro es cosa que puede resultar muy seria para gobiernos, corporaciones, etc., el tema se ha profesionalizado, como ya mencionamos, ya que hace unos 70 años nació la prospectiva.

Como ya mencionamos, Marinetti había ideado el concepto en los años 10 del siglo XX, no fue hasta los años 40 cuando tomó carta de naturaleza. Fue Flechteim quien propuso la misma con un nuevo enfoque, basado en las probabilidades y sus implicaciones sociales. Nace en esa misma época RAND, destinada primero a, militarmente, analizar escenarios y tendencias relacionados con la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente, también destinando sus esfuerzos a otras instituciones y corporaciones. En los años 60 la disciplina se asienta, y comienza su difusión y uso más generalizado; es en 1968 cuando nace el Club de Roma, una de las asociaciones multidisciplinares más famosas en este campo.

Es importante destacar que la idea principal de estas asociaciones (Think Tanks) no es predecir el futuro como algo inamovible, si no preverlo, diseñarlo y mejorarlo, de forma que se corrijan, o al menos, se minimice el daño o las tendencias negativas, y se focalice adecuadamente el esfuerzo para las positivas. Para ello, es imprescindible la presencia de expertos, profesionales y académicos, en múltiples campos: analistas políticos, críticos culturales, gestores de inversión, antropólogos, economistas, ingenieros, historiadores, matemáticos, biólogos, filósofos, etc.

Claro como el agua...  Imagen extraída de aquí
Sin embargo, las grandes asociaciones dedicadas a estos estudios suelen estar rodeadas por teorías conspiranóicas. En el caso de RAND su proximidad al gobierno de EEUU y, sobre todo, a su ejército, la hace blanco de múltiples teorías. El Club de Roma, pese a su carácter de ONG, no está libre de las mismas. No digamos del célebre Club Bilderberg, en este último caso de forma justificada (el que existan las teorías, no que sean justas, quiero decir) debido al secretismo y elitismo que lo rodea. La cuestión es que el riesgo que tienen estas asociaciones es que podrían tener la capacidad de llevarnos hacia una nueva versión del despotismo ilustrado. La necesidad de conocimientos muy específicos, la capacidad de conducir los esfuerzos de la sociedad hacia escenarios pre-acordados, y el elitismo de las asociaciones (debido a la propia necesidad de contar con los mejores) son un buen caldo de cultivo para ello. El mejor resumen al respecto nos lo deja Forges en la viñeta adjunta.

Resulta sin embargo, paradójico, que algunos de los líderes implicados en estas decisiones y estudios no parecen confiar mucho en sus propias capacidades. Como ya dijimos en el primer artículo de esta mini-serie, desde siempre los engañabobos que dicen ser capaces de predecir el futuro han hecho su agosto con todo el mundo, pero a mí me desconcierta sobremanera que lo consigan a día de hoy, y encima con gente supuestamente formada, y, lo que es peor, con poder.

Por ejemplo, tal como pueden leer aquí, Boris Yeltsin tenía en nómina astrólogos, magos y hechiceros; su adivina particular era una mujer caucasiana llamada Dzhuna, una Rasputín de finales de siglo. Ronald Reagan recurrió a la astrología para tomar importantes decisiones en la Casa Blanca. El que fuera presidente de Brasil, Fernando Collor de Mello, practicaba la numerología para conducir los destinos del país. Continuando la lista a través de este enlace, Mitterrand consultó a Elizabeth Teissier sobre la guerra del Golfo y el referéndum de Maastricht; el astrólogo Maurice Vasset asesoró, al parecer, a De Gaulle de 1944 a 1969. En Wall Street hace estragos la astrología financiera, e incluso algunas consultorías utilizan los horóscopos para seleccionar personal. En 1993, la inspección de trabajo francesa dictaminó que no se podía excluir a una persona de un trabajo por ser capricornio.

Bien es cierto que he citado principalmente a políticos, por ser los casos más notorios;  generalmente, para temas con un mínimo de enjundia, descubrimos que la cabeza les venía de serie con el resto (en algunos casos ni eso). Pero, puesto que son los que al final toman las decisiones, no sabe uno si respirar aliviado ya que está complicado que con esos mimbres salgan los cestos del despotismo ilustrado citados anteriormente, o terminar de asustarse al ver en manos de quien andamos. El día que se ilegalice, por constituir una estafa, tanto a los fabricantes de “productos milagro” como a toda la caterva de videntes, tarotistas, quiromantes y similares lo mismo avanzamos algo. Al menos, si les aplicamos la merecida pena de galeras, avanzará el barco…

Finalmente, creo que merece la pena mencionar algunas de las actuales previsiones para el futuro. Páginas como Proyecto A1, Futuro y Prospectiva, Tendencias21, así como fuentes de información generalistas nos ofrecen recopilaciones y análisis de algunos probables hechos del futuro. Recopilaciones exhaustivas pueden verlas aquí y aquí; les destaco algunas de las que me parecen más llamativas en lo referente a tecnología: 
  • Corazones totalmente artificiales construidos en laboratorio (2015)
  • Insectos artificiales y pequeños animales con cerebros artificiales, así como reconocimiento de derechos básicos para los mismos (2020)
  • El conocimiento de las máquinas excede al humano (2020)
  • Sólo el 15 % de las muertes a nivel mundial se producen por enfermedades infecciosas (2025)
  • Hígados artificiales (2030)
  • Primer viaje tripulado a Marte (2040)
La aparición de nuevas profesiones es también algo a tener en cuenta: expertos en ética científica, granjeros verticales, nanomédicos, especialistas médicos en la tercera edad, ingenieros de vehículos alternativos… La lista es para tenerla en cuenta y tener claro hacia donde nos conviene animar los estudios de nuestros hijos.

Estas son sólo algunas previsiones, y no parecen tener un cariz pesimista (más bien todo lo contrario), pero, lógicamente, hay algunas que ponen los pelos como escarpias. Por ejemplo, es ya conocido el informe de la ONU que declaró que las guerras futuras serán por el agua. También es preciso tener en cuenta temas como los problemas energéticos actuales, que repercutirán en la forma de viajar, por ejemplo; lo cual repercute en cómo se propagan las pandemias. Por su parte, el auge de potencias como China también cambiará el escenario político de las próximas décadas, y hay que esperar a ver cómo evolucionan los países musulmanes tras la “primavera árabe”, en los que ya que estamos viendo, en varios casos, un resurgimiento del islamismo.

En resumen, la prospectiva es una disciplina que pretende averiguar las tendencias por las que discurrirán los años venideros. Pero puesto que al final todo está interrelacionado, es muy complicado tener en cuenta todas las implicaciones que pueden tener sucesos concretos. Y de hecho, dista mucho de ser una ciencia exacta; por ejemplo, hoy día produce sonrisa leer previsiones de estrategia política realizadas justo antes de la caída del muro de Berlín, que pilló a casi todo el mundo por sorpresa. Si bien algunos analistas serios ya predecían que la Tercera Guerra Mundial sería totalmente distinta a las anteriores y se basaría más en guerrillas, los hechos del 11-S y sus consecuencias no estaban, lógicamente, registrados en las previsiones. Sobre los logros de la tecnología prevista hace no demasiados años podemos citar una larga lista de predicciones erróneas que llegan a mover a la sonrisa.

Y no sé ustedes, pero aunque me gusta que los novelistas usen su imaginación, estimulando las de sus lectores, y que los expertos hagan sus previsiones para poder planificar, minimizar problemas e incentivar los aspectos más positivos, prefiero que, en general, el futuro me sorprenda. No creo en el determinismo ni la predestinación, y el azar (entendido en todos los niveles que quieran) sigue teniendo un gran impacto en el desarrollo de cualquier acontecimiento. Y en todo caso, el porvenir sigue siendo cosa de todos.

Nos vemos en el futuro. Hasta entonces, cuídense.

PD. de forma excepcional, me gustaría dedicar esta serie de entradas a Daniel, de Sevilla, quien está sufriendo en propias carnes la división de mundos "ciencias - humanidades". Espero que lo que he ido contando en estas entradas sirva como buen ejemplo de que un historiador con conocimientos de otros campos puede aportar mucho si le dan la ocasión.

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