jueves, 21 de febrero de 2013

El futuro ya no es lo que era (IV)

Toda la historia de la humanidad ha sido una lucha entre la sabiduría y la estupidez.
Philip Pullman, El catalejo lacado

Hola a todos. Decíamos en entradas anteriores de esta serie (parte I, parte II y parte III) que, si bien el tema de las predicciones sobre el futuro destaca, principalmente, por los avances técnicos, es importante prestar atención a los temas sociales que aparecen en la ciencia-ficción.

Al igual que en lo referente a la tecnología, en estos aspectos ha habido aciertos y fallos; las predicciones de hace unas décadas hablaban tanto de que hoy día nos alimentaríamos a base de pastillas como de sociedades ideales donde no habría guerras y se habría derrocado a la enfermedad, gracias a la dirección por grandes gobiernos mundiales encabezados por sabios. En ambos casos han fallado; en el primer caso, por suerte, aunque los menús de Ferrán Adriá o el alto consumo de ansiolíticos podrían considerarse un acierto tangencial. En el segundo, tal vez por desgracia; y digo tal vez porque las sociedades utópicas que suelen aparecer en las novelas del género tienden, en cuanto se detallan un poco, a parecerse demasiado a dictaduras, y realmente suenan más a distopías, caracterizadas generalmente por socialismos totalitarios, control social y mediocridad generalizada.

Ya Karl Popper, en Utopía y Violencia (1947), hablaba del peligro de las utopías. Aun centrándose en la primera  utopía documentada (La República, de Platón), la crítica es extensiva a casi todas, las cuales, en general, degeneran en un gobierno totalitario; la propia de Platón se asemeja demasiado a un estado estalinista. Puesto que se alcanza un supuesto estado ideal, cualquier crítica al mismo carecería de sentido y la oposición al status quo se convertiría en una amenaza. Por otra parte, acabarían con la iniciativa para intentar solucionar los problemas, sean del tipo que sean, e impedirían los cambios. Además, suelen basarse en planteamientos bienintencionados, pero ingenuos. Una sociedad donde los seres humanos vivan cientos de años, por ejemplo, generaría un problema crítico de superpoblación a no ser que se limitase a niveles mínimos por los gobiernos el número de nacimientos, lo cual degeneraría rápidamente en la aplicación de técnicas eugenésicas. Además, no tengo yo demasiado claro que frau Merkel nos dejase llegar a esas edades, por el gasto en pensiones…

En todo caso, las utopías son más propias del ensayo político y religioso; además, entroncando con el párrafo anterior, a menudo han generado conflictos, ya que la utopía de unos puede ser la pesadilla de otros. No es el caso de La ciudad de Dios, de San Agustín, pero la utopía pangermánica del NSDAP complicó un poco la vida a los habitantes de Europa hace 70 años. En todo caso, en el género de la ciencia-ficción abundan más las distopías (que, visto lo visto, no son a veces más que cuestión de punto de vista). Malthus ya alertó de un futuro distópico provocado por un crecimiento exagerado de la población. Siendo, por otra parte, un género relativamente reciente en la historia, abundan sus ejemplos tanto en la literatura como en el cine. Un caso es la ya citada Metrópolis, de Fritz Lang, donde la mayor parte de la población vive en guetos subterráneos donde hace funcionar la maquinaria que sirve a la élite pobladora de la superficie. Un mundo feliz, de Aldous Huxley, es un buen ejemplo de falsa utopía: describe un mundo donde la ingeniería genética, combinada con otras tecnologías, habría permitido un mundo sin guerras, y donde todos serían felices, pero a cambio de erradicar la familia, la diversidad, el arte, la filosofía y la ciencia.

Gran Hermano te vigila...
Imagen de aquí
1984, de Orwell, es bien conocida: un estado todopoderoso y omnipresente, encarnado en la figura del Gran Hermano, controla opresivamente a la sociedad a través de la desinformación y la vigilancia intensiva de sus miembros. Esta es una de las distopías que ha visto parte de su argumento hecho realidad a día de hoy, ya que las redes de comunicación y los medios informativos pueden llegar a ser usados en esta línea por regímenes totalitarios; es el caso de, por ejemplo, Corea del Norte y la biografía de su anterior pequeño cabroncete Gran Hermano, Kim Jong-Il (según la propaganda oficial del régimen era una mezcla entre Leonardo da Vinci y Superman; el hijo de momento parece situarse un pedaño más abajo). En los países democráticos podemos ver también atisbos de manipulación, pero no se trata, por suerte, de la misma liga. Por su parte, el programa de TV “inspirado” en la novela tiene en común con la trama de la misma, principalmente, la intención de aborregamiento… y es que la mejor vacuna contra este escenario es la búsqueda del conocimiento, pero hay gente que ha desarrollado inmunidad al tratamiento.

Existen decenas de ejemplos de obras (muchas de ellas, excelentes) de la literatura, el cine y el cómic que describen, o en las que al menos, se atisban, futuros (más o menos próximos) antiutópicos: Fahrenheit 451, La naranja mecánica, La fuga de Logan, Akira, Desafío Total, Gattaca, El sexto día, V de Vendetta, Watchmen, Blade Runner, etc. Es imposible hacer una lista de las mejores distopías, por su gran número y variedad, además de la influencia de gustos y modas; en todo caso, la última novela con gran éxito de ventas el género es Los juegos del hambre, que demuestra que la temática sigue teniendo tirón. Hay otras muchas, aunque la proporción de fantasía en los relatos tiene niveles variables, y excluyo aquellas obras que se basan en la premisa de un futuro post-apocalíptico en el que la civilización ha desaparecido (aunque hay grandes obras entre las mismas), por constituir un subgénero que se aleja, creo yo, del que podría ser objeto de análisis de un historiador.

En paralelo al mundo de la ciencia-ficción, existe, desde hace unas décadas, una corriente cultural denominada retrofuturismo; la definición del mismo es el conjunto de expresiones artísticas que se inspiran en las visiones del futuro anteriores a 1960. Páginas como la ya citada paleofuture.com o Proyecto A1 nos sirven para tomar contacto con este concepto, el cual denota el interés por los futuros que nunca tuvieron lugar. Su materialización en los mundos de la literatura, el cine y el cómic se ha producido con diversas ucronías (cuyo significado puede ser el de novelas históricas alternativas), y con los diversos movimientos “-punk” (sin los Sex Pistols, en todo caso); principalmente, steampunk, dieselpunk, atompunk y cyberpunk.

Las ucronías, que podríamos llamar también historia-ficción, tienen un origen más antiguo, todo hay que decirlo; la primera ucronía registrada se encuentra entre las páginas de Ab urbe condita, de Tito Livio, donde se habla de un avance de los ejércitos de Alejandro Magno hacia el oeste y no hacia el este. Ya en 1836, Louis Geoffroy escribió Napoléon et la conquête du monde, 1812-1821, donde el corso ganaría la guerra a Rusia e Inglaterra y se convertiría en un emperador mundial; tiene, además, toques de sci-fi. En adelante, surgen multitud de ellas inspiradas por sucesos alternativos en casi cualquier época histórica: victorias de la Armada Invencible (Pavana, de Keith Roberts), desaparición de la Europa cristiana por la Peste Negra (Tiempos de arroz y sal, de Kim Stanley Robinson), un mundo donde los nazis han ganado la guerra (Patria, de Robert Harris), la victoria del Sur en la guerra de secesión norteamericana, la de los republicanos en la guerra civil española, etc. Tienen en común el basarse en los llamados puntos Jonbar, cuya definición es la de aquellos momentos determinantes que marcan el devenir histórico. Lo interesante es que hay que tener unos conocimientos sólidos tanto de historia “real” como de capacidad de análisis de la misma para llegar a un buen nivel de detalle, con lo cual, tomen nota. 

Laboratorio de estética steampunk
Imagen de aquí
Finalmente, como subgéneros de las ucronías y la ciencia-ficción, están las corrientes ­ya citadas de steampunk y similares. Estas se ambientan en pasados alternativos; en el caso del steampunk, principalmente en la época victoriana, donde la máquina de vapor sigue siendo la tecnología dominante. Este movimiento tiene bastante tirón; en buena medida, por ser una época bien documentada, que permite jugar mucho con el tema tecnológico (no en vano es la época donde la ciencia-ficción irrumpe, como ya citamos), y cuyas máquinas tienen una estética reconocible y generalmente más atractiva que la actual. Su influencia ha trascendido el mundo del papel y ha llegado al real, como es caso del telectroscopio de Londres. Por su parte, el dieselpunk abarcaría la estética y tecnología hasta los años 50 del siglo XX, y el atompunk, el periodo de la conocida como la era atómica. Su hermano mayor, por ser el fundador de la saga, el cyberpunk, se ambienta generalmente en futuros próximos caracterizados por una ambientación distópica y una tecnología informática descollante. Por destacar lo premonitorias que pueden llegar a ser algunas obras debidamente ambientadas, William Gibson, autor de algunas de las mejores novelas del género como Neuromante, y popularizador del género ciberespacio, ha declarado, "El Japón contemporáneo simplemente es cyberpunk”. Como añadido, uno de mis primos, que ha visitado el país del Sol Naciente, dijo que la ciudad que se puede ver en Blade Runner se parecía muchísimo a Tokio.

Con este repaso a las actuales tendencias de la ciencia-ficción y derivados damos por concluido el análisis de las profecías realizadas en el pasado. En la última entrada de la serie analizaremos las profecías actuales, dando un pequeño repaso a la prospectiva, y la importancia que tiene el conocimiento histórico en la misma. 

Hasta entonces, cuídense.

PD. les dejamos aquí los enlaces gratuitos a algunas de las obras citadas; lógicamente, nos limitamos a los libros cuyos derechos de autor han cesado al haber transcurrido al menos 70 años tras la muerte del autor.

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