jueves, 24 de enero de 2013

El futuro ya no es lo que era (II)

Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado.
Friedrich Nietzsche

Como decíamos ayer, en la primera entrada de esta serie, una vez irrumpe el método científico en el flujo de la historia, la humanidad, siempre ansiosa por anticipar el futuro, comienza (al menos en las mentes más preparadas) a desdeñar los métodos místicos de predicción, y a imaginar, ya en base a conocimientos sólidos de las leyes naturales, mundos alternativos. Lógicamente, pronto empieza a preguntarse como sería el mundo del futuro, aunque apoyándose en buena medida en intuiciones e imaginación, en el mejor sentido de la palabra.

Ese mundo futuro comenzó a imaginarlo Louis-Sébastien Mercier, que en 1770 publicó la ucronía El año 2440 proponiendo algunas evoluciones en educación, moral y política que habrían de darse poco después en la revolución francesa. Nicolás de Condorcet comenzó a hablar del progreso como motor de la humanidad y a esbozar la historia universal como una serie de pasos, culminados por la llegada del método científico y la sociedad nacida de la revolución francesa. Thomas Malthus inició el uso de las matemáticas para hacer predicciones en 1798 con su Ensayo sobre los principios de la población.

Desde mi libro favorito de Verne, el Nautilus...
Imagen de aquí
Es de esta preocupación por el mundo real del futuro en los planos científico, social, económico, etc., y por los límites de la ciencia, donde nace la verdadera ciencia-ficción, que resulta a la vez consecuencia e inspiración de muchos de los avances de esta época. Podemos citar como antecedente claro Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, escrita en 1818; no en vano, trata de un científico que dota de vida a un hombre artificial; cabe citar en una línea parecida, y en los mismos años, los celebres cuentos de E.T.A. Hoffmann (y su adaptación operística por Offenbach), donde aparece el físico Spalanzani y su creación, la autómata Olimpia. Aunque a menudo la visión sobre épocas posteriores (incluyendo el entonces mítico año 2000) que tenían entonces resulta deliciosamente ingenua, basada en cachivaches a vapor, ropa con miriñaques y máquinas voladoras esperpénticas, la capacidad de predicción, gracias a la mezcla de formación e intuición, de Julio Verne nos resulta asombrosa aún hoy día. Tras él,  otros escritores como H.G. Wells, Edward Bellamy, Aldous Huxley, George Orwell, Philip K. Dick, Arthur Clarke, Stanislaw Lem, Ray Bradbury o Isaac Asimov han contribuido en buena medida a esbozar un mundo futuro que, en algunos aspectos, ya ha llegado. Lógicamente, cada uno de ellos fue influido por la época que le tocó vivir: no es posible imaginar un mundo futuro igual desde los años posteriores a la Primera Guerra Mundial que desde los de la carrera espacial. Realizaremos un examen algo más a fondo de estos aspectos en posteriores entradas.

En todo caso, por fascinantes que resulten las obras de estos autores, en buena medida son producto de su imaginación. Muchos han tenido una formación que les ha permitido construir futuros coherentes y razonablemente posibles, pero también hay casos en los que sus propuestas son imposibles; por ejemplo, al describir máquinas o sistemas que violan las leyes de la física. Por otra parte, aunque en un principio son, en general, producto de una época que confiaba ciegamente en las bondades del progreso, tras los horrores de las guerras mundiales y la llegada de la guerra fría, la tecnología se reveló como capaz de una destrucción sin precedentes, y esta fe decayó. La propia ciencia-ficción recoge ejemplos de este cambio de tendencia: el avance tecnológico sin fin se ve criticado en diversas distopías; ejemplos de las mismas son Metrópolis, Un mundo feliz, Fahrenheit 451 o 1984. La existencia de una tecnología poderosa que es usada sin ética es criticada también en novelas como La batalla de Dorking, de Chesney, escrita en 1871 e inicio de una retahíla de novelas de guerras futuristas que describe los horrores de una guerra mecanizada.

De forma lógica, por tanto, surge una nueva forma de anticipar los cambios que llegarán con el tiempo. Aunque la idea se había esbozado anteriormente por parte de Marinetti, a mediados de los años 40 del siglo XX nace la futurología o prospectiva. La idea subyacente es, como no puede ser de otro modo, la adecuada para esa época: no puede confiarse el progreso en exclusiva al desarrollo tecnológico; si bien la tecnología es, de por sí, neutral desde un punto de vista ético, es preciso, en la medida de lo posible, dirigir su uso y tener en cuenta sus probables implicaciones.

Por tanto, la predicción del futuro se basa desde entonces en un análisis científico que tiene en cuenta todos los aspectos posibles. El análisis es interdisciplinar, abarcando las competencias propias de tecnólogos, economistas, sociólogos, biólogos, historiadores, etc. Incluso los temas gastronómicos son objeto de estudio. El enfoque cambia de forma importante: no se trata sólo de predecir el futuro en base a artes mágicas, o a la imaginación combinada con una base técnica, si no en construirlo. Observando el presente, se analizan las tendencias que pueden definir el futuro, de forma que se influya en él: es decir, no basta con prever los avances e implicaciones, si no que se pretende diseñar y construir el futuro. Tanto los estados como las empresas aplican distintas metodologías que les permiten anticiparse, adaptarse y gestionar el porvenir. Son bien conocidas la corporación RAND o el Club de Roma como grandes asociaciones orientadas a estas tareas (Think Tanks); en todo caso, debido a su propia naturaleza, también envuelve a menudo a las mismas cierto halo de conspiranoia y plegamiento a intereses económicos. Analizaremos también este tema con más detalle en futuras entradas, puesto que se habla, no sin cierta base, de que este enfoque nos conduce paulatinamente a una nueva versión del despotismo ilustrado.

Valor, y al toro... Imagen de aquí
Espero haber captado su atención con este tema, y que hayan percibido el interés que tiene tanto para historiadores como para otros perfiles, constituyéndose en un apasionante campo de interdisciplinariedad donde un perfil como el de los habituales de este blog cobra particular importancia. En futuras entradas continuaremos estudiando distintos aspectos relacionados: las distopías y ucronías, el steampunk, el retrofuturismo, las previsiones posibles e imposibles, y las tendencias futuras.

Hasta entonces, cuídense.

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