jueves, 17 de enero de 2013

Baltasar de Zúñiga. Una encrucijada de la Monarquía Hispana (1561-1622).

Hay libros que te marcan la vida, libros que te hacen cambiar tu modo de pensar o sentir y libros que te hacen amar una profesión. En mi caso uno de los más importantes para amar esta profesión fue sin duda El Conde-Duque de Olivares de Elliot. Cuando acabé de leerlo supe lo que quería hacer, saber transmitir la historia con esa fluidez y amenidad de la que es capaz muy poca gente. Luego me lancé a leer el no menos interesante Richelieu y Olivares y siempre que tengo oportunidad leo algo sobre el poco afortunado Conde-duque.

Hay que tener mucho valor y altas miras para completar, al menos en parte, el trabajo de Elliot y es lo que se ha propuesto Rubén González Cuerva en su obra Baltasar de Zúñiga: una encrucijada de la Monarquía Hispana (1561-1622). El personaje y el interés de su estudio lo refleja Rubén, al que diré para evitar suspicacias no conozco de nada, en su prólogo;


Muchos años después del ascenso al trono de Felipe IV, el Conde-Duque se defendió de los que criticaban las perentorias decisiones que se tomaron entonces excusando su protagonismo: había sido su tío Baltasar de Zúñiga, quien entonces se encargaba del manejo de los papeles, el responsable de un giro cuyas consecuencias se arrastraban veinte años después y que significaron uno de los principales baldones del retroceso político de la Monarquía hispana en la Europa del siglo XVII. Pero ¿quién fue ese Baltasar de Zúñiga y qué poder tuvo para marcar el rumbo de la diplomacia española durante una de sus fases más decisivas? ¿Aportó una estrategia novedosa en un momento de encrucijada, en el que la Monarquía se jugaba su puesto hegemónico en la Cristiandad?

Preguntas que, como he dicho ni el propio Elliot había respondido en su magna obra. ¿Y por qué tiene importancia la figura de Zúñiga. Vuelve a responder el autor diciendo que;

Este acercamiento individualizado a la historia resulta especialmente pertinente cuando el elegido es Baltasar de Zúñiga, quien puede representar con notable complejidad a toda su generación. En su figura convergen una serie de factores primordiales que le convierten en un modelo ideal para entender la Corte española de en torno a 1620. Además de su relevancia intelectual y sus contactos con lo más granado de la cultura europea de su época, destacó por su gran  experiencia internacional y contar con una visión muy cosmopolita de la Monarquía.  En este sentido, no solo contrastaba con el duque de Lerma, que nunca salió de la península Ibérica, sino que destacó por marcar las relaciones con el Sacro Imperio en la segunda década del siglo, justo el momento en el que este escenario se convirtió en el gran avispero de la Cristiandad. De este modo, la figura de Zúñiga permite evaluar las relaciones dinásticas mantenidas con la Corte imperial y comprobar las características del gran eje de confesión y dinastía establecido con Roma y Viena, que definió el nuevo rumbo de la política de Felipe III y su hijo. Por último, el relevante peso que adquirió en la Corte madrileña en la transición entre ambos reinados nos da la oportunidad de seguir en perspectiva estos años cruciales, que por la costumbre de acotar las investigaciones a un reinado suelen quedar cortados y algo desdibujados en otras obras.



¡Nada más y nada menos!. De lo micro a lo macro en un ir y venir constante para entender una época de enorme complejidad. Y viendo el índice, sólo nos basta eso, para comprobar que el autor ha atendido a todas las vertientes posibles. Lo más sorprendente de todo es que nos encontramos ante la adaptación de la tesis de Rubén para su publicación. Hay que tener mucho valor para que tu obra académica más importante pretenda continuar el trabajo de Elliot y de tantísimo calado. 

Es de agradecer que comiencen a surgir nuevos historiadores con nuevos proyectos, como el que nos ocupa, u otros como el excelente trabajo de Bruno Pomara, que con su Violencia, bandolerismo y justicia en el Reino de Sicilia (1619-1621), ganó el II Premio de Jóvenes Investigadores de la Fundación Española de Historia Moderna. Con ellos se demuestra que hay un futuro para nuestra disciplina siempre que se trabaje.


Mientras llegamos a ése futuro disfrutemos con la lectura de sus trabajos. Mientras, nosotros seguiremos visitando aquel futuro que ya no es lo que era, e indagaremos en las posibilidades del cine como arma didáctica e intentaremos aportar datos que nos aclaren un poco el debate en torno a la universidad, que para eso tenemos LicenciaHistórica.


Un saludo








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