jueves, 28 de junio de 2012

Despedida y cierre... hasta septiembre

Hola a todos:

Oviedo, uno de nuestros
cuarteles de verano
Llegamos al fin del curso académico, y con él, a la época de repliegue a nuestros cuarteles de verano, situados en el norte. Es lo que tiene la climatología española, que no hay quien haga la guerra con estos calores. Pero que no se preocupe nadie: a partir de Septiembre volveremos con renovados bríos (tenemos ya unas cuantas entradas en la nevera, junto a las cervezas), y en los meses estivales no dejaremos de generar algún post con temas que merezca la pena comentar.

Y puesto que la época veraniega suele ser buen momento para intentar ponerse al día con las lecturas pendientes (aunque me temo que a nosotros nos harían falta un par de años sabáticos para lograrlo), hacemos ahora, como el año pasado, un repaso a las lecturas que no podemos dejar de recomendar.

Por mi parte, el ingeniero de a bordo, las lecturas a recomendarles se alejan de mi especialidad profesional, lógicamente, ya que este no es el foro más adecuado. Nótese que si bien Roberto puede hablar de lecturas académicas y ortodoxas, que pretenden ayudar a los futuros historiadores a ser mejores profesionales, yo soy voraz lector de temas históricos, y hablo desde la perspectiva de aquel que comprará libros de temas históricos fuera de círculos endogámicos. Recuerden: la divulgación bien hecha, una novela histórica debidamente documentada y ambientada (como siempre, hay que separar el grano de la paja) o incluso una buena ucronía garantizan al autor prestigio profesional y reconocimiento por el gran público; y este último punto, si bien minusvalorado en ocasiones por los guardianes de las esencias, al final es lo que da de comer a cualquier profesión.

Ahora que mi biblioteca municipal particular situada en casa de Roberto, que siempre me ha aconsejado bien sobre lecturas, no tiene el mismo ritmo que antes en cuanto a renovación de material, tiene uno que buscarse un poco más la vida al respecto. Pero como lector empedernido que es uno desde siempre, y estando muy bien rodeado de gente con criterio (hablo de Roberto, claro, pero no sólo de él), todos los años aparecen nuevas joyas en mis estanterías (a estas alturas ya rebosantes). Algunas tienen que esperar turno, en todo caso, pero otras pasan rápidamente a las primeras posiciones, en modo pila LIFO.

Enlace a la editorial
aquí
Entre las recomendaciones de este año están No es un deporte de riesgo, de Nigel Barley. A los que se leyeran el ya recomendado El antropólogo inocente les gustará igualmente esta nueva edición de las aventuras y desventuras del antropólogo más ameno. La especie elegida, de Juan Luís Arsuaga e Ignacio Martínez, nos ayudará también a conocer a nuestros antepasados más remotos, aunque nos dejará en el aire la pregunta… ¿elegida para qué?

Impagable la obra póstuma del historiador Tony Judt, El refugio de la memoria; alejada de su línea habitual, el tristemente fallecido autor nos habla de sus propias vivencias mientras una enfermedad degenerativa sólo le dejaba su propia mente como refugio. La lectura de esta pequeña joya me ha impulsado a comenzar a leer su magnum opus, Postguerra. Ambos libros han sido, además, regalos de una de las personas imprescindibles en mi vida, a la que junto a tantas otras cosas debo agradecer estos libros. En una línea no muy lejana, entre lo mejor que he leído este año está Némesis, de Max Hastings. La historia de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, un conflicto paralelo al europeo más que parte de una única guerra. Sin duda acabará cayendo Armagedón, del mismo autor, donde narra la derrota de la Alemania nazi.

Y como no solo de pan vive el hombre, ni tampoco de libros de historia o similares, cambio de tercio. Excusas para no pensar, del genial Eduard Punset, nos dará, paradójicamente, mucho en lo que pensar, especialmente en lo referente al modo en que funciona nuestro cerebro. Si no la conocen, la divertidísima saga de libros de Mundodisco, de Terry Pratchett, les arrancará más de una carcajada, y tanto la gente de ciencias como la de humanidades encontrarán muchos guiños entre sus páginas. En otro género, Cita con Rama, del ínclito Arthur C. Clarke, hará las delicias de los aficionados a la verdadera ciencia-ficción.
Página de Maus
Imagen extraída de aquí

Finalizo con recomendaciones que tal vez sorprendan a algunos: Persépolis, de Marjane Satrapi, y Maus, de Art Spiegelman. Dos de las mejores novelas gráficas, y que, cada una en su estilo, nos darán una bofetada de realidad, demostrando que el cómic hace mucho tiempo que no es cosa de niños.

Esperamos que estas recomendaciones hagan crecer su lista de lecturas pendientes un poco; por lo que a nosotros atañe, las nuestras son ya del tamaño de un paquidermo adulto (ars longa, vita brevis), pero la única forma de seguir evolucionando es ir fijándose objetivos. Cedo ahora la palabra a Roberto, que está haciendo el postrer esfuerzo de este año con tantos cambios para él.


Por parte de un servidor, Roberto, poco que añadir. Juan está terminando el curso de manera elegante mientras que yo intento cerrar temas pendientes entre el agotamiento y el nerviosismo. Este año he tenido dos grandes retos que me han sacado hasta el último gramo de energía, y doy públicamente las gracias a Juan por las numerosas veces que ha salido a mi rescate para que este humilde blog tuviera un post semanal. El primer reto ha sido hacerse profesor de Arte / Historia / Literatura (y lo que se tercie) para adultos. Por un lado ha sido muy, pero que muy gratificante la experiencia, pero te dejas el alma preparando temas y dando clases. He estado durante meses al 100% de mis posibilidades todos los días de la semana. Afortunadamente he ido a caer en Arjé Formación, donde todo el mundo me ha tratado a las mil maravillas. Vaya mi más sincero agradecimiento. El segundo reto ha sido hacer frente al doctorado y todo el trabajo que ha salido adelante en la universidad, como por ejemplo congreso dedicado a Japón, que fue un absoluto éxito, mi inclusión en el IULCE, para el que desarrollo orgullosamente algunas humildes tareas, o la salida de mi primer artículo en Espejo de brujas. Resultado: agotado, pero enormemente feliz. Un año atrás no imaginaba esta situación ni en el mejor de los sueños. Ni una sola queja. Ahora en verano a descansar unos días, y otra vez al 100% para preparar el curso que viene. ¡Que suerte tenemos los profesores de tener tres meses de vacaciones! ¡¡Bendita ignorancia!!


Dicho esto, de lecturas ando realmente escaso si no son meramente profesionales. He leído con gran aprovechamiento La Dinastía de los Austria de Ediciones Polifemo y ahora estoy embarcado en la lectura La Corte en Europa: Política y Religión. Se trata en ambos casos de obras colectivas de tres tomos de enorme alcance y variedad de temas. Por razones docentes estoy revisitando la obra, también en varios tomos, de Historia de las mujeres de Taurus. En este campo no debemos perder de vista la Historia de las Mujeres en España y América, que nos sirve de complemento a la anterior más centrada en el ámbito europeo.

El inimitable doctor House
Imagen extraída de aquí.
De lecturas más profanas me ha ido surtiendo Juan con la obra ya referenciada de Nigel Barley No es un deporte de riesgo y si tengo fuerzas le pediré el de Judt. Otro gran amigo me ha dejado Anatomía del Amor de Helen Fisher y suele acertar recomendando. Ya iré comentando qué tal. En torno a novela, después de meses sin poder acercarme a obra alguna, me he decantado por revisitar a mi adorado Sherlock Holmes y el siempre intrigante El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Me he lanzado a la lectura de la obra de Roberto Bolaño titulada 2666. Sólo he leído unas cincuenta páginas y sólo puedo decir que por ahora muy prometedora. Eso sí, este verano cual Olivia de Havilland juro que en mi maleta sólo entrará el famoso ebook con novelas de esparcimiento y sólo eso. Al final como siempre no lo cumpliré; todo el mundo miente….y la peor mentira es la que nos hacemos a nosotros mismos. Vaya este sentido homenaje a House que nos dejó este año. Por cierto, que el amigo Hugh Laurie es arqueólogo y antropólogo por Cambridge, tras su paso por Oxford y el Colegio Eton… vamos, una máquina, el angelito. No perder de vista también su paso por la imprescindible Black Adder.

En definitiva un año trabajado y sufrido hasta el final. Un gran año donde el blog, este pequeño gran proyecto, nos ha dado enormes alegrías. Queremos seguir creciendo, todo lo que podamos, conociendo a gente tan interesante con quien compartir ideas, trabajos y proyectos para que vuestro trabajo en la facultad sea más eficiente y productivo. Para el curso que viene nos esperan nuevos retos, nuevos viajes de Juan que luego dan pie a enormes posts llenos de erudición, didactismo y sobre todo cariño, nuevas innovaciones en las que ya estamos trabajando y…uf, les dejo descansar, por ahora y como dice Juan, dejaremos que el invierno se acerque…

Mientras tanto, feliz verano a todos....

jueves, 21 de junio de 2012

De la tierra de los kiwis a la isla del Minotauro

Ake! Ake! Kia Kaha E! (¡Arriba!¡Arriba!¡Se fuerte!)
Lema del batallón maorí

Aunque el tema de conversación de estos días gira en torno a la Eurocopa, ya saben los asiduos que mis debilidades se inclinan principalmente hacia el noble deporte del balón oval. Ya les hablé, con la excusa del mundial de rugby, de algunas de las hazañas de los maoríes en la entrada sobre su participación en la primera guerra mundial; léanla de nuevo si les apetece (les vendrá bien para retomar el hilo), que yo les espero aquí. ¿Ya? Estupendo... La cosa es que hoy, puesto que hace unos días una vez más mi querido XV del trébol ha sido incapaz (aunque por poco) de derrotar a los admirados e indómitos All Blacks, me apetece volver a hablar del tema. Además, que por el número de visitas, parece que el tema ha suscitado cierto interés.

De la tierra de los kiwis a la isla del Minotauro: el pájaro kiwi
El kiwi, animal símbolo de Nueva Zelanda (Kiwi bird)
Esta vez nos vamos al segundo round de la gran contienda mundial que ocupó la primera mitad del siglo XX. En este caso Nueva Zelanda, si bien vio libre su territorio de los cruentos combates de aquellos años, sentía relativamente próxima la zarpa de los poderosos ejércitos nipones. Aunque sus hombres recibían instrucción militar desde los 12 años, contaba con una débil marina, y Churchill decidió convertir al país en una gran base que sería aprovechada sobre todo por los norteamericanos y su enorme potencia aeronaval. Las tropas locales, por su parte, fueron enviadas al escenario europeo como parte del contingente de la Commonwealth. La llegada de las tropas estadounidense causó serios problemas entre la población, que vio la llegada de miles de soldados en busca de compañía femenina, lo cual llegó a afectar a la moral de las tropas neozelandesas destacadas fuera. Los burdeles y cabarets hicieron su agosto, así como las “estaciones de la luz azul"; estas casas fueron llamadas así por tener una luz azul en la entrada, y en ellas los soldados podían recibir un rápido tratamiento antivenéreo.

Sin embargo, pese al frívolo papel del país de la nube blanca en la contienda, sus tropas destacaron en otros aspectos, principal y paradójicamente, en el Mediterráneo. Al constituirse la Segunda Fuerza Expedicionaria de Nueva Zelanda (2NZEF) en 1940, se incluyó un batallón de maoríes, el 28º, formado por voluntarios. El batallón no era muy numeroso (originalmente, 39 oficiales y 642 hombres de otros rangos), y estaba formado principalmente por hombres del entorno rural, lo que retrasó el entrenamiento en aspectos técnicos y produjo una carencia de expertos en señales, conductores, etc. Sin embargo, en Junio de 1940, el batallón había llegado ya a Gran Bretaña para reforzar las defensas de la metrópoli. En Enero de 1941 se les destinó a Egipto, y desde allí se les redirigió a Grecia, donde realmente comenzó su contribución a la causa de los aliados, la cual se basó en sus puntos fuertes: la casi innata capacidad de atrincheramiento y el ser de los mejores luchadores cuerpo a cuerpo del mundo.

La invasión alemana de los Balcanes y Grecia arrolló a los británicos, y el 28º batallón recibió su bautismo de fuego. Tras la primera fase de la invasión las fuerzas británicas fueron avasalladas por las del Eje, por lo que hubieron de retirarse; esto llevó a los maoríes al legendario paso de las Termópilas, donde tomaron las mismas posiciones defensivas que Leónidas y los 300. Nos quedará siempre la duda de si se habrían ganado el respeto de los espartanos, pero, tras recibir las órdenes de evacuación, extensivas a todas las tropas de la Commonwealth, fueron embarcados tras sufrir importantes bajas.

Su siguiente destino fue Creta, como parte de la guarnición que debería defender la isla de la única gran operación aerotransportada de la Wehrmacht: la rompedora operación Merkur. Aunque no se lanzaron paracaidistas germanos en su zona, pronto hicieron honor a su capacidad de asalto; intentando liberar a otro batallón británico copado en un aeródromo protagonizaron varias cargas a bayoneta calada que infligieron graves daños a las tropas nazis. Pese a la encarnizada defensa aliada la patria del rey Minos sucumbió a la invasión alemana, y los británicos tuvieron que retirarse una vez más. Durante la evacuación numerosos maoríes se ofrecieron voluntarios para quedarse en las playas y cubrir el repliegue de sus camaradas.

De la tierra de los kiwis a la isla del Minotauro: Maoríes en África del Norte
Maoríes en África del Norte
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Egipto fue la siguiente parada de su periplo, y donde consiguieron su temible reputación. Tras el entrenamiento necesario para que se aclimataran al desierto, y tras recibir algunos refuerzos tras las fuertes bajas sufridas, a finales del 41 avanzaron hacia Libia, donde consiguieron importantes victorias; su habilidad con las bayonetas les hizo ganarse rápidamente la fama de “cazadores de cabelleras” y el respeto del propio Erwin Rommel, de quien se cuenta que  llegó a decir “¡Dadme al batallón maorí y conquistaré el mundo!”. Durante toda la campaña del Norte de África forjaron su leyenda como uno de los mejores batallones, eso sí, a costa de grandes bajas, al ser, lógicamente, empleados en la primera línea de los combates más feroces.

Derrotado el Afrika Korps y con el norte del continente negro dominado al fin por los aliados, el 28º batallón llegó a su último escenario bélico en Octubre del 43: Italia. Su primer combate en este frente no tuvo lugar hasta Enero del 44, y fue en el pueblo de Orsogna, donde sufrieron un severo castigo por parte de la artillería alemana que les obligó a retirarse. Participaron también en la batalla de Montecassino, y de nuevo se vieron obligados a una retirada debido a la irrupción de panzers en sus posiciones. Las pérdidas sufridas les mantuvieron apartados de los principales combates durante meses, pero se cree que como desquite fueron los primeros en entrar en Florencia en Agosto, y decisivos en los combates de la parte final de la guerra, en torno a Trieste. Acabada la guerra en Europa, se planteó su envío al Pacífico (¡a casa!) para combatir a los nipones, pero el fin de la guerra llegó antes de su vuelta. Aunque el 28º batallón maorí se disolvió oficialmente, parte de sus integrantes formaron parte de las tropas de ocupación de Japón.

De la tierra de los kiwis a la isla del Minotauro: Te Moananui-a-Kiwa Ngarimu, primer maorí en recibir la VC
Te Moananui-a-Kiwa Ngarimu,
primer maorí en recibir la VC.
Imagen extraída de aquí.
A lo largo de la contienda, 3.600 hombres formaron parte del batallón. De ellos, 649 murieron, 1.712 fueron heridos y 267 fueron capturados o desaparecieron; su posición habitual de punta de lanza de las ofensivas cuerpo a cuerpo les llevó a sufrir este gran  porcentaje de pérdidas. Sin embargo, el 28º maorí recibió más condecoraciones individuales al valor que ningún otro batallón neozelandés; esto incluye a un poseedor de la Cruz Victoria (se han otorgado apenas 1.356 en 150 años, bastante poco teniendo en cuenta que Gran Bretaña y sus colonias han estado envueltas en casi todos los saraos bélicos en ese periodo), y la recomendación de la misma para un sargento. Se considera a este batallón uno de las mejores fuerzas de infantería de la historia reciente.

Las principales fuentes de información han sido esta página, y esta otra, y, por supuesto, esta página neozelandesa. Espero que hayan disfrutado de esta pequeña investigación; a mí, al menos, me ha confirmado que, definitivamente, sea en el rectángulo de Ellis, o en cualquier otro campo de batalla donde el combate en distancias cortas marca la diferencia, es mejor tener a estos hombres en nuestro bando que en el contrario.

E haere rā!

Juan

miércoles, 6 de junio de 2012

¿Cómo dar referencias técnicas?


¡Eso del sistema métrico es un instrumento del demonio! Mi coche mide 40 varas y 13 celemines, y de ahí no habrá quien me saque, ¡leñe!
Abuelo Simpson

Como ya explicó de manera impecable Roberto en sus artículos sobre cómo citar correctamente, parte I, parte II y acerca de los mapas, no hacer las merecidas y correspondientes menciones de nuestras fuentes constituye delito de lesa majestad en un buen trabajo. En una especialidad como la investigación histórica a primera vista no debería ser frecuente tener que hacer referencia a datos técnicos, pero en más ocasiones de las que pudiera parecer habrá que hacerlo; en ingenierías y similares es habitual también, en la sección estado del arte, situar el tema tratado en su marco histórico. La idea que deseo transmitirles en esta entrada es la necesidad no solo de ser exquisitamente escrupulosos a la hora de citar dichos datos técnicos, si no, sobre todo, de entender lo que significan aunque no pertenezcan a nuestra especialidad profesional.

Al hablar de este tema me viene a la cabeza la conocida frase de Hipócrates: “ars longa, vita brevis”. No podemos ser expertos en todo, ni aunque nos lo propongamos, tal como la altura de la torre de libros que conforman mi particular lista de espera atestigua. Por grande que sea nuestra curiosidad, no podemos ser historiadores, lingüistas, botánicos, zoólogos, médicos, ingenieros, arquitectos, músicos y paleontólogos a la vez; el loable espíritu de la areté griega (permítanme en este caso usar el significado de la búsqueda del conocimiento general), o del renacimiento, al más puro estilo de Leonardo, solo tenía sentido en su marco geográfico e histórico. En el siglo XIX toma forma, al fin, la Ciencia con mayúsculas su forma actual, desprendiéndose de lastres como las pseudociencias (lamentablemente algunas aún permanecen vivas entre nosotros) y, por desgracia, debido a la gran especialización que comienza a requerir desde entonces, renunciando a parte del humanismo que la había revestido tradicionalmente.

Sin embargo, para cualquier persona formada, tan importante es poder manejar matemáticas básicas cómo escribir sin faltas de ortografía. La falsaria división de los estudios y los profesionales en “de ciencias y de letras” enturbia la necesaria interdisciplinariedad en nuestra vida; tan grave me parece en un profesional de la comunicación, la lingüística o la historia un mal manejo de datos técnicos como en un ingeniero, médico o economista escribir con una gramática de primaria. Lógicamente no podemos pedir a un estudiante de filología germánica que calcule integrales triples, ni a un físico que traduzca textos de Tácito, pero a ambos podemos pedirles que, razonablemente, sean capaces de entender información básica de disciplinas ajenas a las que conforman su perfil profesional. Para que entiendan mejor lo que quiero decir, les ruego que cuando puedan peguen un vistazo a esta entrevista.

Termómetro con escalas Celsius
y Farenheit
Imagen extraída de aquí
Llegados a este punto, ¿qué hacer si es preciso en nuestro estudio dar un dato técnico que no entendemos, o del que no estamos seguros? Como siempre, preguntar; ya conocen el proverbio chino que reza que quien no sabe y pregunta pasa por ignorante un instante, pero el que no pregunta permanece en la ignorancia. No den nada por supuesto, ya que algo aparentemente obvio o intuitivo puede pasarnos desapercibido si no estamos acostumbrados a manejarlo; por ejemplo, no sé cuantos de ustedes saben que hablar de temperaturas inferiores a 273 grados bajo cero no tiene sentido si no añadimos que la escala usada es Fahrenheit, usada en los países de habla inglesa; de estos suelen provenir la mayor parte de noticias de tipo científico, y no es la primera vez que en el telediario salen datos como que “la temperatura en la superficie de Marte es inferior a los -300º bajo cero”. Doble burrada… ni esa temperatura es viable en la escala que usamos comúnmente, y si está bajo cero, el “menos“ implicaría positivo. Pueden consultar a algún conocido ducho en la materia correspondiente, o si no, a nuestro moderno oráculo de cabecera, Google. Hace una temporada les expliqué una serie de técnicas para hacer búsquedas eficaces, que tal vez consideren necesario revisar en este punto. Lógicamente, en cualquier biblioteca virtual, deberían poder encontrar la bibliografía necesaria.

Uno de las cosas básicas a recordar es que los datos no deben usarlos en el sistema métrico periodístico, deleznable técnica de aborregamiento de masas consistente en medir las áreas en campos de fútbol y los volúmenes en piscinas olímpicas. Aparte de que este sistema de referencia presupone que toda la audiencia está interesada en las disciplinas deportivas, el hecho de realizar la equivalencia de 1 campo de fútbol = 1 hectárea es ya una aproximación muy burda. Teniendo en cuenta que continuamente se oyen barbaridades como dar radios en metros cuadrados, hablar de temperaturas imposibles, confundir moluscos con crustáceos, etc., uno a veces se pregunta si los medios de comunicación de masas son tan malos porque no tienen interés en informar debidamente sobre nada que no sea política o deporte, o porque directamente no interesa que la ciudadanía se culturice; ni siquiera la frase de encabezado de este artículo puede igualar algunas de las perlas que se pueden llegar a escuchar en un telediario. Soltada esta filípica, les recomiendo que lean este otro artículo, particularmente interesante; lean, lean, yo les espero aquí.

Explicado esto, tal vez algunos se pregunten cuando puede tener un historiador necesidad de manejar datos técnicos; la respuesta es: con frecuencia. Y a la hora de realizar estos incisos técnicos, lo más importante es entender el dato nosotros mismos, porque si no es complicado poder transmitirlo debidamente. Esto implica contextualizarlo también: no confundir millas y kilómetros, acres y hectáreas, escalas térmicas, traducciones como billions por billones o corn por maíz si estamos hablando de la época romana, etc. No siempre será fácil, lógicamente, pero es preciso hacer un pequeño esfuerzo al respecto; puede que incluso la comprensión de algún concepto o sus cálculos les sorprendan y les lleven a elaborar una teoría propia sobre algún hecho histórico.

Por ejemplo, si conocen el lugar donde tuvo lugar una batalla y las fuentes hablan de un número de tropas sorprendente, tal vez puedan hacer una estimación sobre la imposibilidad de que pudieran maniobrar las mismas en dicho espacio y por tanto buscar otro enfoque sobre la causa de la derrota de uno de los bandos; esto suelo comentarlo acerca del combate más conocido en mi tierra, la batalla de Covadonga, al ver en los textos medievales menciones a torres de asedio y catapultas… si son ustedes capaces de subir las mismas, monte arriba, hasta los pies de la cueva, les pago una ronda de cervezas. Poder calcular volúmenes o superficies de forma básica puede tener también interés al hablar sobre la construcción de monumentos como las catedrales o las pirámides, o infraestructuras, como las vías romanas. Si queremos hacer un estudio sobre la evolución de las armas, sin duda un poco de física básica que explique la gran mejora que supuso el cañón estriado puede ayudarnos; en la misma línea, no  olviden que los franceses perdieron la batalla de Crécy por no tener claro que los arcos largos ingleses tenían mayor alcance que las ballestas de los genoveses. Igualmente, conocer bien las plantas que crecen en una región, y los efectos de las mismas en el organismo, nos ayudará a comprender mejor algunos hechos sobre los casos de brujería; tal es el caso del últimamente tristemente célebre estramonio.

Por otra parte, como ya he mencionado, la perversa separación de los campos de conocimiento en ciencias y letras puede llevarnos incluso a falsear la importancia de algunos personajes históricos. Genios como Newton o Descartes son muy complejos de analizar sin romper esa moderna y artificial barrera, ya que el padre de la teoría de la gravitación universal, puede que el hombre más inteligente del que se tiene noticia, puede ser considerado a su vez el último gran mago; el francés, famoso por su labor en la filosofía, es también uno de los grandes matemáticos de la historia; por ejemplo, da su nombre a las coordenadas cartesianas. Podríamos hablar mucho sobre estas dicotomías en referencia a otros grandes personajes como Pitágoras, Aristóteles, Benjamin Franklin, Leonardo da Vinci o d’Alembert. En resumen, que dependiendo del trabajo que nos ocupe podemos acabar pareciendo la Enciclopedia Británica, pero el esfuerzo realizado redundará en una mayor calidad del trabajo, y, por tanto, en mayor credibilidad y prestigio. Y llegado el caso, en mayor tasa de victorias en el Trivial.

Monasterio de El Escorial
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Para finalizar, y aprovechando que aun sigue en El Retiro la feria del libro, me permito aconsejarles la lectura de Breve historia de casi todo, de Bill Bryson, que dará a los duchos en humanidades que lo deseen un barniz en las principales disciplinas científicas (sobre todo en su historia y logros) de forma bastante amena. Y, a modo de curiosidad y, ahora sí, de colofón, les hablaré de la página howbigreally. Permite comparar, sobre los mapas proporcionados por Google Maps, los tamaños y longitudes reales de lugares y monumentos, actuales e históricos. Puede ayudarles a hacerse, de forma intuitiva y visual, una idea de las verdaderas dimensiones de los mismos, e incluso usar la imagen como referencia en función de lo que se pretenda exponer. O, al menos, siempre puede quedar más irónicamente elegante dar una superficie en “monasterios de El Escorial” que en “campos de fútbol”, ¿no creen?

Cuídense.

Juan.