viernes, 16 de noviembre de 2012

¿Cómo funcionan las tecnologías usadas en arqueología? - II


Si algo nos enseñó el siglo XX es a ser cautos con la palabra “imposible”
Charles Platt

Hola a todos. En la anterior entrada comenzamos a hablar de la tecnología que rodea a la arqueología, concretamente de los métodos de datación absoluta, explicando los fenómenos biológicos, físicos y químicos en que se basan. En la presente entrada hablaremos de los métodos de datación relativa.

Para empezar, citaremos los casos intermedios, es decir, los métodos relativos calibrados. Se basan en fenómenos naturales que si bien no son tan uniformes como los ya citados, debidamente puestos en contexto y ayudándose de técnicas de datación absoluta para calcular los ritmos de cambio, permiten dar fechas absolutas.

Una de ellas es la racemización de aminoácidos, basada en la conversión de aminoácidos levógiros (L) a dextrógiros (D), o viceversa. En las plantas y animales vivos se forman aminoácidos (base de las proteínas), principalmente tipo L; cuando estos seres vivos mueren empieza la racemización y la transformación de L a D hasta alcanzar la estabilidad, la mezcla racémica, de modo que se puede datar un resto orgánico si se conoce la tasa de racemización de la molécula y la cantidad de formas L y D. Esta técnica de datación puede medir hasta el paleolítico medio (40.000 años), pero presenta el problema de que es dependiente de la climatología, ya que las temperaturas elevadas aceleran considerablemente el proceso.

Por su parte, el paleomagnetismo se basa en el hecho de que, a lo largo de la historia de la Tierra, el campo magnético ha cambiado de intensidad y dirección; las partículas de hierro que contiene la arcilla empleada para la fabricación de cerámica, hornos, etc. conservan la orientación del campo magnético en el momento de su cocción, con lo que mediante técnicas de decantación y sedimentación es posible conocer el instante en que se produjo la misma; esta técnica puede aplicarse hoy día hasta los 5.500 años de antigüedad, aunque es muy dependiente de las anomalías locales y los datos existentes en cada zona geográfica.

Punta de proyectil 
de obsidiana. 
Imagen extraída de aquí.
La técnica de hidratación de la obsidiana se basa en que esta roca ígnea, usada frecuentemente para hacer útiles al igual que el sílex, cuando se rompe, absorbe agua de su alrededor con la cual forma una capa de hidratación medible en laboratorio. Por desgracia, la formación de dicha capa depende de varios factores como la temperatura y la exposición a la luz solar directa, además de la composición química exacta de la misma. Por ello, es preciso apoyarse en una secuencia cronológica para la región en cuestión, además de analizar varias piezas. En todo caso, aunque su utilización está recomendada para los yacimientos de los últimos 10.000 años ha llegado a proporcionar fechas aceptables en torno a los 120.000 años

Finalmente, una de las últimas técnicas en aparecer es la basada en la tasa de cationes. Un catión es un ión positivo; la técnica se basa en que la pátina de polvo del desierto que se fija en piedras, grabados, herramientas de piedra, etc. contiene cationes de diversos elementos, los cuales presentan distinta solubilidad ante el agua de lluvia (por ejemplo, el del titanio es poco soluble, mientras el del calcio lo es mucho). Con lo cual, analizar la cantidad de los distintos cationes permitirá fechar la muestra. Su principal inconveniente es que, de nuevo, ha de aplicarse de forma local al estar sujeta a la climatología. De momento no hay consenso acerca de las fechas que puede abarcar.

Por su parte, las técnicas de datación relativa, como ya mencionamos, pretenden ordenar las cosas en secuencias: qué fue antes, y qué fue después. La primera técnica, resulta, pues bastante obvia: se trata de la estratigrafía. Esta técnica analiza la colocación de estratos superpuestos, basándose en los principios de que el más antiguo es el inferior (por tanto, los niveles superiores son más modernos), y los distintos objetos encontrados en el estrato correspondiente quedaron sepultados a la vez. Sin embargo, a veces eventos como los corrimientos de tierra pueden dificultar esta datación. Por otra parte, una vez se encuentran elementos que pueden ser datados mediante técnicas absolutas, se puede obtener una secuenciación completa para todo el yacimiento.

Cerámica procedente de un enterramiento infantil; 
imagen extraída de aquí.
Las secuencias tipológicas, por su parte, se basan en algo bastante lógico también: los objetos creados en una zona y época tienen características comunes y reconocibles. Además, los cambios en dichas características suelen darse de forma gradual. Sin embargo, como este ritmo de cambio varía; las armas evolucionan mucho más rápidamente que la decoración de la cerámica, por ejemplo. Igualmente, cada zona geográfica también sufre los cambios a distinto ritmo; la zona europea permite una datación muy fiable para los objetos de bronce, pero a nivel mundial la cosa cambia, por ejemplo. Igualmente, la forma de los objetos cambia más lentamente que la decoración, sujeta a modas. Este conocimiento nos lleva a las seriaciones, es decir, la capacidad de construir una serie cronológica con estos datos. Estas pueden ser contextuales (basada en la duración de los estilos), o de frecuencia (abundancia de los mismos).

Finalmente, la climatología, así como la flora y la fauna (fuertemente dependientes de la misma), constituye un elemento primordial a la hora de realizar estas dataciones relativas. Existen diversos indicadores basados en la misma, como las columnas de sedimentos marinos; estas columnas contienen conchas de foraminíferos, y los cambios en la composición química de las conchas de los mismos son un buen indicador del cambio de la temperatura marina. A día de hoy hay un registro que se remonta a los 2,3 millones de años. También las columnas de hielo son útiles para la datación, aunque en un rango mucho más corto: 2.000 – 3.000 años; esta datación se basa en el hecho de que el hielo compactado forma depósitos anuales, que pueden examinarse para la datación. Es particularmente útil el hielo polar para conocer oscilaciones climáticas, y está ahora mismo muy en boga para el estudio del cambio climático. Lamentablemente, para grandes profundidades o periodos de tiempo más lejanos no es posible examinar los estratos.

Por supuesto, como ya hemos citado, la flora y la fauna son claves a la hora de realizar una datación relativa; en el caso de las plantas, los granos de polen son casi indestructibles (ya les gustaría a los alérgicos que fuera de otra manera, me temo), lo cual permite a los palinólogos realizar series muy detalladas de la flora y clima del pasado. Existen, para algunas zonas, registros que llegan hasta hace 10.000 años. En lo referente a la fauna (dejando aparte los restos de foraminíferos y similares), podemos emplear sus restos para la datación gracias a la evolución. Existen diversas especies animales (especialmente roedores) cuyas características cambian con una rapidez relativa adecuada para nuestros fines. Lamentablemente este método presenta el problema de que una especie extinta en una zona puede continuar existiendo en otra, por lo que está relativamente limitada geográficamente. En el Museo de la Evolución Humana en Burgos, y en los yacimientos de Atapuerca, estos métodos están muy bien explicados, y junto a las joyas de la corona (Miguelón, Excalibur y Elvis) pueden verse muchos restos de animales que han ayudado a acotar en el tiempo las distintas piezas; les recuerdo que ya hablé algo del tema en esta entrada.

Nada más por hoy; espero que les haya sido útil y tengan claro en que fenómenos naturales se basan las técnicas de datación. En la próxima entrada les hablaré sobre tecnología electrónica aplicada a la arqueología; algunos dispositivos están revelándose realmente útiles en la investigación del pasado.

Hasta entonces, cuídense.



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