lunes, 9 de julio de 2012

Censuras con buenas intenciones, censuras al fin y al cabo.

En nuestra despedida avisábamos que sólo escribiríamos cuando nos lo pidiera el cuerpo.  Para suplir esta falta de entradas nos hemos volcado en Facebook y Twitter colgando aquellas noticias y enlaces que nos han parecido más interesantes. Pero hoy ha salido una noticia en el diario EL MUNDO que creo merece un comentario y análisis más profundo.

La noticia se titula Mi lucha ¿libre?, y en ella se comenta la situación jurídica del conocido libro de Adolf Hitler, cuya publicación a partir de 2015 se verá mucho más libre de trabas jurídicas para su publicación. Vaya por delante que como historiador estoy en contra de cualquier tipo de censura por mucho que esta responda a muy altos ideales. Creo que el acceso a los documentos, por muy polémicos que estos sean, debe ser lo más libre posible. No porque apartemos la vista del horror este desaparecerá como por arte de magia. Muy al contrario creo que Mi lucha (Mein Kampf, en el original alemán) debería ser lectura obligatoria en nuestros institutos para que nuestros jóvenes alumnos entiendan, comprendan y asuman a donde lleva el odio, el racismo y la intolerancia. Enfrentarse al horror para vencerle. Aquí el docente debería exprimirse al máximo para hacer entender a los alumnos lo que supusieron Hitler y sus escritos. Porque la ignorancia y la censura pueden llevar a este libro a tener cierto aire de misticismo del que este panfleto carece por completo. Es el momento que los historiadores se empleen al máximo en dejar las vergüenzas del nazismo y cualquier otro totalitarismo al aire. En ello nos jugamos mucho a la vista de lo ocurrido en Grecia con Amanecer Dorado. En Alemania, país por el que se tiene gran respeto y admiración en este blog, se estrenó en el año 2008 el film Die Welle (La ola), que obtuvo un razonable éxito de taquilla y que precisamente reflexiona sobre los peligros de los totalitarismos. Recomiendo verla a todo el mundo y podéis hacerlo de manera gratuita pinchando aquí. En ella se hace una reflexión seria y alejada de tópicos sobre tan espinoso tema. Y si queremos redondear la sesión cinematográfica podemos recurrir a la, también muy eficiente, American History X.

Porque por la misma razón que se ha vetado el acceso a Mi lucha se me ocurren otros muchos libros que deberían de correr la misma suerte. Aquí podríamos hablar de una “literatura del odio” que lejos de ignorar debería ser una parte importante en nuestra educación para destapar sus miserias. La lista se podría abrir con el Malleus Maleficarum, un manual de inquisidores que rezuma misoginia e ignorancia por sus cuatro costados. Por su causa miles de mujeres fueron maltratadas en el mejor de los casos (aunque suene frívolo), y asesinadas en el peor. Este libro no es muy difícil de encontrar a día de hoy y no es muy descabellado pensar que sería útil utilizarlo como contra ejemplo en nuestra lucha contra la violencia de género. Por este mismo motivo debería ser revisitado el Directorium inquisitorum de Eymerich.

Examinemos este texto sobre los judíos:

Vea V.M.: si el mantenimiento que les fiamos le roen, si el regazo en que los abrigamos le envenenan, si el seno donde los recogemos le abrasan, ratones son, Señor, enemigos de la luz, amigos de las tinieblas, inmundos, hidiondos, asquerosos, subterráneos. Lo que les fían roen y lo que les sobra inficionan. Sus uñas despedazan la tierra en calabozos y agujeros, sus dientes tienen por alimento todas las cosas, o para comerlas o para destruirlas. Desvelados en el sueño y descuido de los que los padecen temerosos, y fecundos de fertilidad tan nociva, que la casa donde están la minan de suerte que no puede vivir en ella quien se contenta con cerrar los agujeros u espantarlos, y sólo puede habitarla quien, o se muda della, o los mata. Sierpes son, Señor, que caminan sin pies, que vuelan sin alas, resbaladizos, que disimulan su estatura anudándola, que se vibran flecha y arco con su lengua en los círculos sinuosos de su cuerpo, que se encogen para alargarse, que pagan en veneno desentomecido el abrigo que se les da. Fuego son que paga la vecindad en incendios y la acogida en ceniza, que de pequeña centella crecen en hoguera, que tratados queman y vistos deslumbran, consentidos consumen y apagados ahúman y siempre con inquietud se dan priesa a consumir lo que los alimenta.

¿Adivinan el autor? Se trata de nuestro encumbrado Quevedo. Es un extracto de Execración de los judíos. ¿Por ello debemos dejar de leer a este autor? A mí me parece que es más inteligente, de nuevo, mirar el horror a la cara y desnudar la mentira. Por ello no se pierde ni un ápice el valor de la obra de Quevedo. Y aviso, es evidente para cualquiera que tenga mínima formación histórica, que comparar el nazismo con la persecución de los  judíos en la Edad Media y Moderna es deformar ambos fenómenos. Evidentemente son dos demostraciones de odios en apariencia similares pero profundamente distintos. Vale la pena ponerlos en relación pero con mucho cuidado para no confundir términos. Más bien me parece que la primera es la evolución perversa que desembocó en el nazismo. El intento de ello se materializó en la obra Ni una gota de sangre impura, pero temo que precisamente comete el error de comparar lo incomparable y confundir términos. En esta “historiografía del horror” se me antoja imprescindible leer la monumental obra de Carlo Ginzburg, Historia Nocturna, cuya primera parte realiza -entre otras muchas cosas- un análisis de la evolución del odio que llevó a la persecución de judíos, leprosos y supuestas brujas.

Visitemos el comienzo de un libro de otro de nuestros insignes literatos;

Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones, y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo, y la gana del hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables que no se quitan sino con la muerte.

Este es mucho más fácil de reconocer. Se trata del comienzo de la novela ejemplar La gitanilla de Cervantes. A lo mejor llevados por una censura de muy altos ideales pero mal entendida, llevaría a nuestras autoridades a retirar este texto. Muy al contrario creo que se debería estudiar y contextualizar este texto de manera adecuada para fortalecer nuestros ideales democráticos. Que Cervantes dijera esto en el s. XVII no es aplaudible desde nuestra óptica, pero sí  inserta en la lógica y discurso de su momento. Lo que no podemos permitirnos como sociedad libre y democrática es  que en el siglo XXI muchos sigan en este punto. Igualmente debemos tener en cuenta los esfuerzos del gran músico Daniel Barenboim, de origen judío, que lucha por introducir la música de Wagner en Israel; si bien el compositor alemán mantuvo una postura beligerante contra la cultura judía durante toda su vida, su antisemitismo era hijo de su tiempo. Al igual que otros muchos, Barenboim opina que no podemos confundir la obra del mismo con sus opiniones, especialmente descontextualizadas, y mucho menos con el uso que el nacionalsocialismo dio a su música.

Dentro de esta literatura del horror deberíamos conocer los Protocolos de los Sabios de Sión, falsificación histórica de primer orden, libro obligatorio en las aulas de la Alemania nazi y punto de arranque para el holocausto judío, o Shoah, como la llaman los hebreos. Como colofón a este post no querría dejar de hacer referencia al magnífico libro de Umberto Eco El cementerio de Praga, que precisamente hace un repaso a toda esta literatura del horror centrándose sobre todo en los citados protocolos. Libro imprescindible y recomendable para este verano.

Y tú, desocupado lector, ¿qué opinas?

2 comentarios :

  1. Nos llama la atención que justo ahora aparezca este señor diciendo ser nieto del Führer:

    http://www.perfil.com/contenidos/2012/04/09/noticia_0002.html

    Lo cual nos lleva a la pregunta inmediata: ¿de quien serían los derechos de autor de Mein Kampf?

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  2. No entiendo la polémica, de la obra "Mi lucha" ya existen varias ediciones diferentes en castellano, algunas publicadas en España en época reciente e, independientemente de su trasnochada ideología, no suscitaron entonces ningún tipo de dilema.

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