miércoles, 8 de febrero de 2012

Pequeño viaje a tierras del Basajaun



Mi dormir es soñar, mi soñar es pensar, y de mi pensamiento nace toda la sabiduría.
Erda, diosa de la Tierra (Siegfried – Acto III, Richard Wagner)

Los que me conocen saben que de un tiempo a esta parte hago frecuentes viajes al País Vasco; en esos lares, de donde tan a menudo nos han llegado pésimas noticias y donde al fin parece imponerse la cordura en algunas cabezas, tienen unas cuantas joyas que no siempre son conocidas en otras regiones.

El Cantábrico a los pies de Igeldo
Algunas las conocí a mediados de otoño, en una época en que el mar empieza a hacer de las suyas (la foto es del monte Igueldo al atardecer) y el monte se tiñe de distintos colores. Por si se lo están preguntando, por cierto, el Basajaun es uno de los personajes clave de la mitología de esas tierras. Puesto que este año la caída de la hoja llegó tarde, el tiempo nos respetó bastante y pudimos disfrutar de dos parajes de la provincia de Guipúzcoa, próximos a la villa de Oñate. Para los aficionados a las aventuras del capitán Alatriste, se supone que esta villa es el lugar de nacimiento de Íñigo; dejando el plano de la ficción, aunque no del delirio, de esa zona es otro famoso personaje: el loco Lope de Aguirre, al que muchos asociamos al rostro de Klaus Kinski gracias a la película de Werner Herzog. Decía, pues, que en las proximidades de esta localidad hay dos lugares que merecen la pena: las cuevas de Arrikrutz (cruz de piedra, en vasco), y la basílica de Aránzazu, cuya etimología contaré un poco más adelante.

Las cuevas son una formación kárstica, hasta cierto punto lógica en un lugar tan lluvioso y con terreno calizo, y cuya historia está ligada a Aránzazu en gran medida, ya que fueron los alumnos del colegio asociado a la basílica los artífices de algunos de los descubrimientos. Se accede a las mismas, en visita guiada, tras un breve paseo por una ruta de montaña por un estrecho valle, que en esta época por la mañana está particularmente bonito con los árboles evolucionando hacia tonos otoñales (ocre, carmesí, escarlata, bermellón, etc. para las chicas... rojizos para nosotros). Una vez dentro de las mismas veremos, siguiendo el recorrido habilitado para ello, distintos espeleotemas: estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas, banderolas y excéntricas. También nos muestran la reconstrucción de un esqueleto de león de las cavernas hallado en las cuevas por unos estudiantes del citado colegio, y  se cita alguna de las leyendas propias de la rica mitología vasca, como los gentiles. Aunque siendo yo del Principado, mi asociación mental inmediata realmente se dirigía hacia el cuélebre. Por otra parte, en la parte exterior de la cueva han encontrado los restos de un horno de reciclaje (es decir, para pequeñas reparaciones) de la edad del bronce o el hierro. No hay indicios de uso de la cueva por parte de humanos, pero sí los hay en otras de las proximidades. Por eso un paleontólogo local tiene como reto personal encontrar pinturas rupestres en Arrikrutz; de momento no ha tenido éxito, y parece complicado que lo tenga, pero sería buena noticia que lo consiguiese.

Exterior del Santuario
Realizada esta visita, yo nos dirigimos hacia el santuario de Aránzazu. La etimología es curiosa: arantza significa en vasco espino, y zu significa . Cuenta la tradición que el nombre viene de cuando un pastor local encontró la imagen de la virgen María entre los espinos, y asombrado, exclamó: “¿¡Arantzan, zu!?”, es decir, ¿Tú, entre los espinos? La versión más elaborada al respecto es la que cuenta el franciscano Gaspar de Gamarra en 1648; si me permiten la broma, resulta asombrosa en boca del buen fraile la capacidad de síntesis de esta lengua:

Imagen de Nuestra Señora de Aránzazu
Llámasse Aránzazu en buen lenguaje cántabro-bascongado y como la ethimología de haverse hallado esta santa imagen en un espino, que en esta lengua se llama Aranza y se le añade la dicción zu, y es a mi ver lo que sucedió en el misterioso hallazgo de esta soberana margarita que, lleno de admiraciones el pastor, viendo una imagen tan hermosa y resplandeciente de María Santíssima que hacía trono de un espino, la dijo con afectos del corazón: Arantzan zu?, que es como si dixera en lengua castellana: Vos, Señora, siendo Reyna de los Angeles, Madre de Dios, abogada de pecadores, refugio de afligidos, y a quien se deven tantas veneraciones y adoraciones, cuando merecíais estar como estáis en los cielos en throno de Seraphines, mucho más costoso y vistoso que el que hizo Salomón para su descanso. ¿Vos, Señora, en un espino?

Dicha imagen está, lógicamente, alojada en la basílica. Como pueden comprobar es una imagen pequeña y coqueta, de origen gótico y con cierto aire bizantino. El moderno templo, por su parte, es de mediados del siglo XX, ya que la historia del mismo está demasiado sujeta a incendios y barrabasadas. Diseñado por Sáenz de Oiza (los madrileños tal vez lo asocien a Torres Blancas, que sólo es una y no es blanca, o al edificio del BBVA en AZCA), la presencia de salientes representa, obviamente, los espinos. En el proyecto participaron grandes artistas vascos de la época: Basterretxea es el autor de las pinturas de la cripta, y las esculturas son obra de Chillida y Oteiza. La escultura más llamativa es de este último, y se encuentra en el frontal del edificio. Se trata de “Los apóstoles”.

Frontal del Santuario: los 14 Apóstoles
Si se fijan, este conjunto tiene una curiosidad, y es que los apóstoles son… 14. No hay una versión definitiva de por qué hay de más. La principal es que es el número que más armonioso quedaba en estas proporciones; el creador de la obra incluso cita, a modo de divertimento, que se trata de una alusión a las traineras, típicas de esa tierra. En todo caso, al no haber una explicación cerrada, surgen multitud de bromas, incluso que se trata de la alineación de la Real Sociedad, incluidos los reservas.

En fin, que se trata de un lugar que hará las delicias de los amantes de los paisajes montañosos y de los aficionados al arte del siglo XX. Tienen más detalles de este enclave aquí. Sobre el revuelto de hongos y el chuletón que culminaron la visita me temo que no puedo darles documentación, sólo un poco de envidia.

Cuídense.

Juan.

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