martes, 25 de octubre de 2011

¿Cómo gestionar la identidad digital? - I

Sólo en las matemáticas existe la identidad entre las cosas que conocemos y las que se conocen en modo absoluto.
Umberto Eco

Hoy quiero hablarles de uno de los temas más en boga e importantes en la sociedad digital, junto a la neutralidad de la red. De este último tema, uno de mis campos de batalla personales, hablaré otro día con brevedad, simplemente para que lo conozcan. Lo que pretendo transmitirles hoy es el concepto de identidad digital, y la importancia de mantener la misma tan impecable como la identidad tradicional. Espero que alguno se sorprenda con lo que digo, y tome conciencia de la importancia de este tema que a menudo pasa desapercibido, ya que se trata de un trabajo comunitario; en cierta manera, en las redes funcionamos conjuntamente como inteligencia de enjambre.

¿Qué entendemos por identidad digital? Es, a grandes rasgos, la información que puede obtenerse sobre nosotros a partir del conjunto de datos que ofrecemos al resto de usuarios de Internet. Hay definiciones más técnicas, pero para nosotros de momento bastará con esta. También es llamada en ocasiones Identidad 2.0; personalmente considero este tipo de expresiones totalmente simplistas y mediáticas, pero la incluyo aquí para que les suene. Recuerden: no es lo mismo datos que información. Los datos se transforman en información cuando, en el contexto adecuado, se convierten en útiles.

¿Y por qué hemos de cuidarla? Ya Roberto dio un esbozo de ello en otra entrada de este humilde blog: porque en nuestra sociedad, conectada a distintas redes de comunicación de forma permanente, esta identidad aporta sobre nosotros muchos datos de forma pública. Hoy día no existen una identidad online y otra offline: son la misma a través de diferentes medios. Las redes sociales, además de otros sitios en la red, no son más que nuestra moderna ágora. En ellas podemos dar rienda suelta a nuestras opiniones y escuchar otras, comerciar, informarnos y hacer amistades, pero todo lo que hagamos y digamos en ellas queda, de una forma u otra, registrado, y puede ser visto posteriormente por los demás. Esto es particularmente cierto en el caso de los nativos digitales; los nacidos a partir de 1990, aproximadamente, no saben cómo es el mundo sin las modernas redes de comunicaciones, y sus habilidades con las mismas pueden parecer hasta sorprendentes… y puede que también, en algunos casos, su falta de conciencia sobre algunos problemas que implican. Pecados de juventud, sin duda, pero en todo caso, como casi todo en esta vida, tomar conciencia del problema y actuar con sentido común nos evitará muchos problemas. Sí, ya sé, a Superman le funcionaba lo de ponerse gafas y un traje, pero es que en aquella época no había Facebook; además, aunque pueda sorprender a los más jóvenes, había unas estructuras llamadas cabinas telefónicas, que usaba para cambiarse.

Para empezar, que no se alarme nadie y empiece a dar de baja todos sus perfiles en las redes sociales. Una identidad digital bien gestionada es un excelente escaparate (sin necesidad de mudarse al Barrio Rojo de Amsterdam), tanto en lo profesional como en lo personal; nuestra imagen pública puede verse, sin duda, muy reforzada si sabemos cómo hacerlo. Esto es porque la primera característica de nuestra identidad digital es la visibilidad: hoy día es obligatorio estar en la red de una u otra forma en lo que se refiere a nuestra identidad profesional. Una empresa mayor que la tienda del 13 de la Rúe del Percebe que no esté en la red hoy se puede decir que no existe. A la hora de buscar trabajo, clientes o proyectos hoy día es básico saber venderse y dar una imagen distintiva. Esto se consigue con nuestros perfiles en redes sociales, con un blog, con la firma de nuestro correo, o incluso con las opiniones que hemos dejado en foros. El anonimato es cada día más difícil en Internet, para bien y para mal. Todo deja rastro, basta con dejar el que nos interesa, y, sobre todo, separar la parte profesional de la personal.

¿Y por qué hemos de hacer esta separación? Porque la segunda característica a tener en cuenta es la privacidad. Hoy día nuestro correo electrónico, teléfono, fotografías, currículum y otros datos son prácticamente públicos. Al darnos de alta en las páginas ofrecemos una información que, si bien está razonablemente bien protegida en España por la LOPD, no deja de estar en manos de terceros, en algunos casos aun después de darnos de baja. Y a pesar de la vigencia de la LOPD, muchas de las páginas son extranjeras, así que llegado el caso no sé qué tal andan de presupuesto para ir a reclamar a una empresa taiwanesa. Por tanto, en lo referente a este punto, la aproximación más adecuada me parece esta: la mejor manera de proteger tu privacidad en la red es asumir que no la tienes y modificar tu comportamiento en línea de acuerdo con ello. 

Estos dos parámetros repercuten en el último a tener en cuenta: la reputación. Tal vez piensen que no les afecta, pero si se paran a pensar, muchas de nuestras decisiones de compra, de reserva de hotel y de restaurante, o de descarga de software aunque sea gratuito, dependen de la opinión de terceros en base a la nota que le otorguen al producto en la página correspondiente. Por tanto, buenas opiniones sobre nosotros en redes sociales profesionales, foros académicos o laborales adecuados, o sobre nuestro blog repercutirán positivamente en la percepción sobre nosotros, lo cual nos facilitará el vender nuestros hermosos jabalíes. Para conseguir esto es imprescindible cuidar escrupulosamente los dos aspectos citados anteriormente.

Llegados a este punto, la pregunta lógica es la que da título a esta entrada: ¿cómo gestionar esta identidad digital? No hay una receta mágica, ya que cada uno tendrá sus propios intereses en la red. En todo caso, hay que tener los tres parámetros indicados más arriba, y considerar varios aspectos adicionales, para los cuales cada uno tendrá que generar su propia receta. Por no hacernos demasiado pesados, ya que el tema da para mucho, continuaremos en posteriores entradas sobre el tema. Mientras tanto, les recomiendo que se vean algún capítulo de la 7ª temporada de la serie How I Met Your Mother, que les ayudará a afianzar conceptos con este tema.

Cuídense.

Juan.

Actualizado 10/11/11: ya está disponible la segunda parte del artículo en este enlace.

viernes, 21 de octubre de 2011

Congreso en la U.A.M. Imprescindible.

Curso de Humanidades Contemporáneas (edición XXXIV): Cuerpo y mujer
Directora: María Jesús Zamora Calvo
Salón de Actos de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación
Del 21 al 25 de noviembre de 2011


Presentación

El cuerpo femenino se ha moldeado por las condiciones materiales y culturales que han ido cambiando a lo largo de los siglos. A través de la Historia se hace tan presente como inasequible, al estar continuamente sometido a tensiones, rupturas y transgresiones. Dispone de fuerza, se sabe con poder, irradia la energía que atrae y admira ante la unidad que lo sustenta. Queda configurado por un estatus singular que confirma su excepcionalidad. Su lugar en el mundo occidental ha ido evolucionando de la lentitud a la velocidad, del retrato pintado a la fotografía, de los cuidados individuales a la prevención colectiva, de la sexualidad vista desde la moral a la desarrollada desde la psicología.

Por ello, el objetivo principal de este Curso de Humanidades Contemporáneas se centra en el estudio del cuerpo femenino a lo largo de la Historia, examinando los diferentes cánones de belleza, las variaciones que ha experimentado, las mutaciones, el body art, las transgresiones a las que se le ha sometido… Se intentará analizar cómo se inscribe un cuerpo en el tiempo, cómo el tiempo ha podido moldear la conciencia, cómo se ha dejado marcar por las modas de cada momento... Y todo ello desde un ámbito multidisciplinar y transversal viendo el reflejo que el cuerpo femenino encuentra en la literatura, analizándolo desde el punto de vista de la antigüedad clásica, la teoría literaria, los estudios de género, la iconografía, el cine, la música, la publicidad, el arte, la medicina, el derecho, etc.

martes, 18 de octubre de 2011

Quiero publicar

La más que recomendable obra de Gabriel Zaid Los demasiados libros comienza así:

“Los libros se multiplican en proporción geométrica. Los lectores, en proporción aritmética. De no frenarse la pasión por publicar, vamos hacia un mundo con más autores que lectores.”

La editorial Lulu, que publica cien libros diarios pagados por sus autores, estima que en 2052 habrá en Estados Unidos 148 millones de autores y 129 millones de lectores.

Este es el panorama. Publicar es algo que a día de hoy hace cualquiera pero que te lean ya es arena de otro costal. Publicar ya no es el problema, sino hacerlo con criterio.

Muchos de los que hacemos carreras de Humanidades tenemos la ilusión de tener un día nuestro trabajo publicado. Aunque esta pretensión es lícita y buena puede llevarnos a precipitarnos en ello. Debemos ser conscientes de nuestras limitaciones. Yo no publicaría nada antes de acabar el máster por lo menos. Y aún así lo haría muy protegido por profesores que evaluaran mi trabajo antes de pensar en publicar.

La semana pasada leía esto en un libro:


Esta es una tarea (escribir una Historia de España) que ha tentado a no pocos historiadores nacionales y extranjeros; algunos incluso haciéndolo antes de que la senectud llamara a sus puertas. Aunque todo es lícito, yo bien creo que este es un trabajo para cuando los años, y más que los años, los lustros, se han ido acumulando y con ello se han ido decantando nuestras reflexiones sobre esta materia  a la que hemos dedicado toda la vida.



Esto lo escribía D. Manuel Fernández Álvarez poco antes de morir en su último libro España. Biografía de una nación. Tenía 88 años. A pesar de ser todo un señor catedrático con enorme experiencia, no olvida la prudencia.

Hay interesantes proyectos como http://www.ab-initio.es/ pero reitero que yo no me arriesgaría. El prestigio tardas años en conseguirlo y minutos en perderlo. Os van a juzgar por vuestro primer trabajo y como este sea malo ya puedes escribir luego el mejor estudio de todos los tiempos que no te valdrá de nada. Así de simple.

Mucho cuidado con las venas artísticas. Está bien tenerlas pero no publiquéis nada que no sea estrictamente histórico si queréis ser investigadores. Si lo hacéis siempre con pseudónimo. Si eres catedrático, y sólo en ése caso, como si te quieres hacer guionista/dibujante de El Jueves o ir al programa de Iker Jiménez. Es una regla no escrita del mundo académico. Ojos y oídos atentos para saber estas reglas y no perdamos el tiempo intentando luchar contra ellas. Es muy romántico pero poco efectivo. Como decía Marcial en uno de sus epigramas “No se puede ser independiente y tragón al mismo tiempo”.

¿Entonces dónde publicar? Preferentemente en revistas de impacto avaladas por la comunidad científica. Podemos saber todo sobre este tema leyendo el más que interesante artículo de la profesora M. Jesús Zamora Calvo “Índices de impacto en publicaciones científicas”. Este es el único camino válido y el único que reconoce la ANECA, que pese a tener sus detractores, sigue siendo la que nos calificará académicamente para futuros puestos. Su funcionamiento, dicho muy grosso modo, es como las ahora famosas agencias de calificación pero con la ventaja que no son juez y parte al ser un organismo del estado. Vuelta a lo mismo, nosotros a lo nuestro y a adaptarnos a lo que nos piden.

Me quedo con las ganas de explicaros un poco más sobre el funcionamiento del mundo editorial entre otras cosas pero no quiero alargar en demasía el post. Seguiremos hablando de esto. Por ahora recordad,  paciencia, trabajo y humildad y las publicaciones llegarán por sí sólas.

viernes, 7 de octubre de 2011

Desde el país de la nube blanca a la tierra de los más valientes galos

Ka mate! Ka mate! Ka ora! Ka ora! (¡Muero!¡Muero!¡Vivo!¡Vivo!)
Haka ejecutada por la selección neozelandesa de rugby antes de sus partidos

Estaba yo pendiente del inicio de un partido del, actualmente en curso,  mundial del noble deporte del balón oval, del cual me declaro seguidor irredento e impenitente, cuando un documental que veía mientras esperaba el comienzo del mismo me llamó la atención. Trataba sobre las trincheras en la Primera Guerra Mundial, y mencionaron la existencia de un regimiento británico de maoríes que construyó varios túneles y trincheras en la zona de Bélgica durante el conflicto.

Como buen aficionado al rugby estoy acostumbrado a la sonoridad de los nombres maoríes, así como a disfrutar en los partidos de su capacidad de entrega en el cuerpo a cuerpo y su rapidez. Impotentes a la larga contra las armas europeas y durante mucho tiempo condenados a la miseria de los pueblos conquistados, esta raza de guerreros indómitos ha cambiado la guerra ancestral por un deporte donde logran grandes éxitos usando las mismas virtudes que les convirtieron en temibles combatientes: valentía, fuerza, velocidad y orgullo. La sagrada tradición de las danzas bélicas antes de los partidos de rugby atestigua estas cualidades.

Sin embargo, al igual que me ocurrió con la presencia de nombres italianos en Escocia, me llamó poderosamente la atención el dato del documental. Sobre todo, porque me parece un desperdicio emplear a algunos de los mejores guerreros del mundo en el cuerpo a cuerpo en hacer trabajos de excavación. Por tanto, no he tenido más remedio que investigar un poco.

Efectivamente, los maoríes fueron reclutados por el ejército británico a partir de 1915. El hecho de que Nueva Zelanda fuese aun una colonia inglesa y la gran pérdida de vidas en las horrendas batallas de aquellos años indujo a ello a la metrópoli. Esto llegó a producir gran rechazo en la tierra de la gran nube blanca, puesto que tras soportar casi un genocidio y la dura represión tras la rebelión de 1860, se veían ahora obligados a luchar por los blancos en un conflicto que no les atañía en absoluto. El hecho de que, si bien los demás soldados neozelandeses sí les veían como personas y no sólo como soldados, el apelativo de “contingente nativo” dado por el ejército puede darnos una idea la percepción del mismo sobre los isleños; esta nomenclatura se mantuvo hasta 1947.

La gran curiosidad aquí es que fueron precisamente los maoríes, durante las guerras coloniales, quienes comenzaron a emplear las trincheras en la era moderna contra los británicos. Durante la década de 1840 construyeron complejas redes de trincheras y fortificaciones para protegerse de la eminentemente superior potencia de fuego británica, y llegaron a provocar porcentajes de bajas enemigas de más de un 33%, como en 1845 durante la batalla de Ohaeawai

Así pues, no es de extrañar que durante la guerra de trincheras del frente occidental los británicos decidiesen que los maoríes podían ser muy útiles en las tareas de construcción y optimización de las mismas. Resulta muy curioso ver, en excavaciones realizadas en la zona de Ypres, a 12 metros bajo tierra, letreros que bautizan con nombres de ciudades neozelandesas a los túneles excavados por estos soldados. En la tierra de los más valientes entre los galos, soldados llegados desde el otro lado del mundo llegaron a dar una lección de ingeniería práctica a sus conquistadores.

La cosa es que los británicos no tienen ni idea de gastronomía, pero de tontos no tienen nada, y menos en estas lides. Los soldados procedentes del Pacífico Sur no fueron empleados solamente en estas tareas, pues se ganaron la admiración de muchos de sus camaradas del hemisferio norte durante los combates en Galípoli, donde sufrieron duras bajas, y estuvieron presentes en el Somme, Messines, y Le Quesnoy. Junto a los gurkhas nepalíes, los maoríes han participado en grandes gestas del ejército británico, aunque los súbditos de Su Graciosa Majestad no den apenas publicidad a las hazañas de las tropas coloniales. De hecho ambos cuerpos participaron, durante la Segunda Guerra Mundial, en el asalto final a Montecassino, que resulto ser un combate cuerpo a cuerpo, a muerte y sin prisioneros.

Pueden obtener más información sobre estos hechos en ésta página neozelandesa. Espero hayan disfrutado de este pequeño pedazo de historia tanto como yo investigándolo… o viendo las victorias de los All Blacks y las águilas del mar sobre les bleus.

E haere rā!

Juan.