martes, 8 de noviembre de 2011

¿Cómo gestionar la identidad digital? – II

No es “tu” perfil de Facebook. Es el perfil de Facebook sobre ti.
Leif Harmsen

En la entrada anterior sobre este tema les hablé de los tres pilares de la llamada identidad digital: visibilidad, privacidad y reputación. Cada persona tendrá sus propios intereses en la red, y teniendo en cuenta estos parámetros tendrá objetivos distintos; tal vez a cambio de una máxima privacidad busque ser casi invisible, o buscando mayor prestigio renuncie a cierta privacidad. Como siempre, la respuesta vuela con el viento, y cada cual deberá, conociendo estos parámetros, buscar su propia solución. Sin embargo, es necesario tener en cuenta otros aspectos que influyen en nuestra identidad digital, y que les detallo a continuación. La lista no es exhaustiva, y posiblemente se les ocurran otros asuntos a considerar; en todo caso, me centro en los aspectos de la identidad individual, puesto que la corporativa requiere otros enfoques pese a que los problemas sean similares.

-       El nombre como “marca”: en esta pequeña bola azul llamada Tierra las combinaciones de nombres y apellidos no son tantas. Si buscan en Google, verán que aparecen varias personas que comparten los mismos (estadísticamente, debería haber multitud de Mohamed Li), lo cual puede ser un problema si intentamos ser conocidos de forma distintiva; como idea, siempre podemos intentar imitar a Prince o a Cher. Por otra parte, en una búsqueda intensiva aparecerá, tarde o temprano, toda la información disponible asociada a ese nombre, incluidas cosas que tal vez no nos gustaría que se vieran; el uso de perfiles alternativos en las redes sociales, uno de uso profesional con nuestro nombre real, y otro bajo pseudónimo para usos más privados, es una opción razonable; en todo caso, en la actualidad la tendencia es intentar combatir esta práctica, ya que es usada demasiado frecuentemente para conseguir impunidad.

Del ácido Mauro Entrialgo

-       Los datos indelebles: parte de la información seguirá ahí indefinidamente, sin que podamos hacer nada para evitarlo. Incluso tras dar de baja los perfiles correspondientes la información permanece en los servidores de la empresa correspondiente durante algún tiempo. Años después de algún hecho del que no nos gustaría que hubiera publicidad, la información seguirá ahí. Que se lo digan al protagonista del video de “contigo no, bicho”.

-       El robo de identidad: a día de hoy una de las actividades delictivas más frecuentes en la red es el phishing, lo cual afecta principalmente a la imagen de las marcas comerciales, pero cualquiera puede ser víctima de un robo de identidad si nuestra información cae en las manos inadecuadas. El mero hecho de tener una cuenta de correo o un perfil público con una contraseña débil puede implicar un problema importante.

-       La identidad generada por los demás: pese a que nosotros podamos ser muy escrupulosos con nuestra imagen y los datos que generemos, formamos parte de una red. Parte de nuestra identidad está distribuida y depende de la opinión de los demás, que pueden exponer en muchos sitios, así como de su manejo de los datos; al subir las fotos de la última reunión familiar donde nos tomamos una copa de más, nuestra tía la del pueblo puede estar afectando a nuestra imagen digital. Es importante insistir en que el tema de la identidad digital es cooperativo y todos hemos de tomar conciencia de lo que implica, tanto en lo profesional como en lo personal. El hecho de extender un hoax en Internet tarde o temprano deberá constituir un delito de difamación.

De Delize
Además de las precauciones lógicas con los datos más importantes, hay una sencilla regla general para evitar ver manchada su identidad digital: no cuelguen en Internet datos que no les gustaría que viesen su madre, su jefe, un profesor o un futuro empleador. Ni fotos en bañador haciendo posturitas, ni opiniones políticas vehementes, ni chistes de mal gusto. Y muy importante, de nuevo: hagan que sus amigos, familiares y cualquier otra persona que pudiera hacerlo tomen conciencia del problema y hagan lo propio. Si quieren colgar opiniones personales sobre la política fiscal del gobierno, poner a parir la empresa en la que trabajan o ejercer de troll en algún foro (si les da por esto último, la maldición del Walhalla entero caiga sobre ustedes) usen pseudónimos… claro que llegado el caso también es posible identificarles por la dirección IP. Tal vez piensen que exagero, pero yo que ustedes no me arriesgaría. Tengan en cuenta que a día de hoy, con la que está cayendo, hasta los bancos se dedican a hacer recopilación de datos en la red sobre aquellas personas que les piden un crédito para saber si concederlo o no.

No sé el autor, pero tiene gracia
Finalmente, una opinión personal sobre el uso de redes sociales. Si bien son el máximo exponente del problema que constituye la identidad digital, no son ni mucho menos el único medio; en todo caso, al compartir con el mundo de forma explícita los datos que proporcionamos, son, por lo tanto, los medios que podemos controlar de forma más sencilla. En mi caso, no soy demasiado partidario de las mismas, porque en general no acabo de encontrarles demasiada utilidad; sólo dispongo de una cuenta en la red para profesionales Linkedin, intentando precisamente cuidar los aspectos mencionados anteriormente. Sobre Facebook no soy tan radical como Leif Harmsen, ex usuaria de esta red social que a día de hoy aboga públicamente por su abolición, pero creo que tiene demasiados problemas de gestión de la privacidad, además de un, por lo general, pésimo uso por parte del público; de hecho, es el uso de esta red uno de los motivos de que estén saltando todas las alarmas entre los sociólogos con el tema que nos ocupa hoy. Twitter puede tener un enfoque más profesional (de hecho, generalmente lo tiene), y aunque 140 caracteres son casi siempre demasiado escasos para transmitir algo con cierta enjundia, es útil para propagar algunas ideas o enlaces con agilidad. De todos modos, hay demasiada gente que piensa que el universo en su conjunto está pendiente de que se vaya al cine o de que su cena tarde mucho en llegar. Finalmente, sobre Google+ no puedo opinar ya que no he invertido tiempo en él, aunque creo que puede ser un duro competidor para Facebook debido a que, al fin, parece tomarse mucho más en serio el tema de la privacidad. De su tendencia a organizar a la gente en círculos, al igual que Dante, mejor no opino.

Para gente interesada en este tema (espero que todos los asiduos a este blog, de ahora en adelante), les dejo algunas referencias. Totalmente imprescindible para empezar esta presentación, realizada con el mismo propósito que yo, de crear conciencia del problema. De manera menos informal, este trabajo también me parece de muy alta calidad; de hecho, me ha servido en muchos aspectos como guía para este humilde artículo. Finalmente, esta pequeña recopilación de consejos prácticos al respecto de otros aspectos de este tema, que puede interesar particularmente a los padres.

Me despido con una frase que espero que les dé que pensar; pueden intentar averiguar su autor, aunque buscarla en Google es tan fácil que no deberían ni considerarlo como un reto:

La mentira elegida pasaría a los registros permanentes y se convertiría en la verdad.

Cuídense.

Juan.

2 comentarios :

  1. Hola Juan, me gusta el enfoque que le has dado al tema. Realmente se trata de un tema que nos debería preocupar a todos mucho más de lo que nos preocupa porque puede traernos consecuencias serias...
    Un cordial saludo,

    Javier

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  2. Muchas gracias, caballero. Espero que el blog te haga compañía en las largas noches del invierno canadiense... Cuídate.

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