sábado, 18 de junio de 2011

¿Por qué usar un buen procesador de texto?

Aprovecho esta nueva entrada de Juan Cabezas Alonso para anunciaros que ha aceptado colaborar conmigo a partir de septiembre en este proyecto que desde el principio quería que fuera coral. Los que siguen este blog ya sabrán que Juan es Ingeniero de Telecomunicaciones por la Universidad de Valladolid y si queréis saber algo más sobre él ya cuenta con su propio perfil a vuestra disposición.


Juan comenzó a colaborar conmigo en labores de asesoría desde el principio de este blog y casi desde el principio nos ha ofrecido post muy enriquecedores desde el punto de vista técnico. La línea editorial de LiceciaHistórica no va a cambiar un ápice por ello, pero como digo creo que se verá reforzada con su presencia y todos podremos ejercer de manera más eficiente nuestra labor de historiadores bien sea como estudiantes, como investigadores o como docentes.


Hoy mismo hemos introducido unos pequeños cambios que esperamos sean de vuestro agrado. Hemos tratado sobre todo simplificar y facilitar lo máximo posible. Os anuncio que en Septiembre realizaremos, en principio, cambios de mayor calado. Cambiar para seguir siendo los mismos, ésa es la premisa.


Os dejo ya con el texto de Juan, que son la continuación natural a mis post anteriores sobre cómo redactar un trabajo de Historia.

Los que escriben con claridad tienen lectores; los que escriben oscuramente tienen comentaristas.
Albert Camus


Bien, lo primero que voy a sugerirles hoy es esto. Vayan a su botón de inicio del sistema operativo. Busquen en los programas la carpeta accesorios. Una vez ahí busquen dos programas: Wordpad y Bloc de Notas. ¿Los tienen? Bien: pues, por favor, háganme el favor de olvidarlos. Maten a base de cerveza, vodka, whisky, ginebra, orujo de hierbas, absenta, o la bebida alcohólica que prefieran, las neuronas que contienen el recuerdo de su existencia.

De acuerdo, tal vez he exagerado un poco, porque su pequeña utilidad tienen. Pero imagino que casi ninguno de los asiduos a esta página se dedica a programar, y fuera de esto, dichos programas no sirven para mucho más que para guardar datos básicos en formato de texto plano (o casi). Cada vez que veo que alguien me pide consejo sobre su CV y me lo muestra creado con el Wordpad, ni me lo leo. En serio. Tal vez haya visto demasiados capítulos de House, pero yo no puedo perder mi tiempo con un documento que se supone que debe exponer los méritos de una persona y me demuestra en el primer instante que ni se ha tomado la molestia de aprender a usar un procesador de textos decente.

¿Y cuáles son los procesadores de texto decentes? Pues a día de hoy hay docenas, con distintas orientaciones y especialidades. Como casi todo en esta vida, se pueden dividir en distintas categorías. Nos centraremos en los más comunes, denominados WYSIWYG. No, no me he vuelto loco, y sí, los ingenieros tenemos la (buena o mala) costumbre de usar siglas para casi todo; esto es el acrónimo de What You See Is What You Get (en inglés, "lo que ves es lo que obtienes").

Antes de centrarme en este tipo de procesadores, les voy a hablar de algo denominado LaTeX. Sí, como la sustancia con la que se hacen los guantes quirúrgicos y ciertos adminículos para ocio adulto. LaTeX es un sistema de composición de textos muy utilizado para la composición de artículos académicos, tesis y libros técnicos, dado que la calidad tipográfica de los documentos obtenidos es digna de una editorial científica.

Realmente solo quiero que sepan de su existencia, ya que es complejo trabajar con él (aunque hay editores que simplifican el trabajo) y no creo que haya muchas ocasiones en la vida de un historiador en las que tengan necesidad de trabajar con material técnico. Pero en caso de que se encuentren en esta tesitura, ya saben por dónde moverse, y, en todo caso, puede ser usado en cualquier tipo de documento para obtener una alta calidad de edición. En la página del Proyecto LaTeX pueden encontrar todo lo necesario, incluido el propio programa. Es totalmente gratuito. En todo caso, lo más recomendable es usar LyX, el cual pertenece a la categoría de los WYSIWYM (sí, otra sigla: What You See Is What You Mean (en inglés, "lo que ves es lo que quieres decir"). Este programa lo que hace es, sobre el motor de LaTeX, ofrecernos una interfaz gráfica mucho más cómoda y reconocible por los usuarios no expertos (entre los que reconozco que me encuentro).

Una vez explicada la existencia de estas paranoias propias de “los de ciencias” y otras gentes de mal vivir, paso a centrarme en lo que creo más útil para los lectores de esta página. Como ya he mencionado, los procesadores más típicos son aquellos que te muestran en pantalla, mientras lo creas, aquello que vas a obtener impreso, lo cual es mucho más intuitivo. ¿Cuál es el más recomendable de ellos? Pues yo reconozco que uso los más típicos, porque a día de hoy no tengo excesivas necesidades al respecto ya que no tengo que presentar documentos de texto de forma editorial a ningún cliente, jefe o profesor. Para darles una respuesta honesta precisaría hacer el experimento debidamente, y no dispongo del tiempo al respecto, por lo que les emplazo a que revisen aquí los resultados ofrecidos por la web Donation Coder; es una página comunitaria para programadores y aficionados al software, especializada en comparativa, formación y la financiación de proyectos de creación de software.

Lo más importante es que sepan de la existencia de múltiples alternativas, tanto de pago como gratuitas. Las más típicas ya las conocen, supongo: Microsoft Word, OpenOffice, Wordperfect, Google Docs. Lo que les quiero transmitir realmente es que, una vez que hayan decidido usar uno u otro, les saquen todo el jugo posible. Estos programas traen un montón de opciones que pueden ayudarnos a editar documentos de forma realmente profesional a poco que “juguemos” con ellos.

La ayuda que traen todos los programas está para resolver nuestras dudas y permitirnos ir un paso más allá; aquí yo suelo hacer el inciso de que el creador del programa ya sabe usarlo y le resulta realmente engorroso crear una ayuda o manual incluso para un programa sencillo (créanme… es de lo más aburrido que me ha tocado hacer). Independientemente del estilo de escritura que tengamos y de nuestros gustos estéticos al respecto, todo quedará mejor si aprendemos a hacer las cosas con calidad. Cosas como la inclusión de distintos tipos de letra en el texto, usar bien las referencias, incluir imágenes, tablas, etc. son muy sencillas si nos tomamos la molestia de aprender, y les aseguro que incluso en cursos altos de ingenierías hay gente que presenta trabajos que visualmente aterran por no haber aprendido a hacer estas cosas.

Aunque el contenido sea impecable, no presentar correctamente los documentos no nos deja bien ante el lector, sea un profesor, un miembro del tribunal, un entrevistador, un posible cliente, etc. En el mundo en que nos movemos, desgraciadamente, lo que más pesa en casi todo es el marketing, y un curriculum vitae debidamente presentado es nuestro escaparate. Si no entra por los ojos lo más probable es que el de recursos humanos de la empresa en cuestión lo descarte mucho más fácilmente que otro que sí lo esté, aunque los contenidos sean similares.

Algunos consejos al respecto:

1. Hay que aprender a utilizar (casi) todas las opciones del programa. Algunas pueden resultar casi sorprendentes.

2. Es preciso usar versiones lo más actualizadas posibles de los programas. El desarrollo de nuevas versiones no se hace sólo para que el usuario tenga que gastarse el dinero, si no más bien a demanda del mismo, ya que resolverá los problemas que se hayan detectado en versiones previas, además de ofrecer nuevas funciones, formatos, etc.

3. Puede depender mucho de gustos y del tema que tratemos, pero normalmente menos es más. La sencillez, sobriedad y ausencia de estridencias visuales da una imagen mucho más profesional.

4. Ojo al tipo de letra, los tamaños, sangrados, etc. Que todo esté correctamente encajado, proporcionado, alineado, etc. resulta vital para el resultado final del documento.

5. Y lógicamente, el índice, la bibliografía, las tablas, imágenes, fórmulas, y cualquier otro elemento en el mismo deben respetar las mismas reglas y estar debidamente referenciados.

En otro momento les hablaré de los formatos en los que resulta más conveniente presentar las cosas, y, sobre todo, del famoso PDF. Les aconsejo encarecidamente que se familiaricen con él, y con las distintas opciones que permiten los documentos en este formato.

Juan Cabezas Alonso
Si lo puedo imaginar, lo puedo crear.

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