lunes, 13 de junio de 2011

Cómo redactar un trabajo de Historia IV. Redacción y maquetación.

Llegamos a lo verdaderamente complicado del trabajo. La redacción. Aquí es imprescindible tener un bagaje amplio como lector. No conozco mejor manera de aprender a redactar que habiendo leído mucho. Si no lo has hecho deja de leerme y empieza a leer como si de ello dependiera tu vida.

Aún así se pueden dar unas pautas generales y citar algunos ejemplos de buena redacción. Debemos partir de la base que no todos los trabajos deben o pueden redactarse de la misma manera. No es lo mismo hablar sobre la expulsión de los judíos que sobre el abastecimiento de los ejércitos españoles de Flandes. Por fuerza este último será más técnico y árido que el primero como lectura.

Consideraciones a tener en cuenta. No confundir buen estilo de redacción con literatura. Esta última está muy bien pero nosotros escribimos ensayos y estos no pueden ser literarios. Y ahora decimos lo contrario. No confundamos ensayo con aburrir a las ovejas y ser de un academicismo abrumador. Entiendo que sea complicado de entender, lo que pretendo decir es que debemos encontrar un justo medio entre ambos términos. De principio no os compliquéis la vida. Buscad un estilo academicista directo y sencillo y en los últimos años de carrera intentad buscar un estilo propio.

Utilizad frases cortas, párrafos cortos, ideas claras y concisas. Cuento mi experiencia como ejemplo de lo que NO debemos de hacer. El primer trabajo de DEA que hice se lo pasé a un compañero inglés que tenía y me dijo tras leerlo. ¿Por qué los españoles hacéis frases tan largas y párrafos enormes?. Y tenía toda la razón. Ese día comencé a redactar mi trabajo de nuevo. Los españoles tendemos a poner subordinada de la subordinada de la oración principal, que a su vez estará subordinada. Es una exageración, pero es para que me entendáis. Otra cosa, no confundamos academicismo con pedantería. La pedantería es la enfermedad más terrible que sufren algunos historiadores.

Leamos este fragmento;

“Por último, en cuanto a grados de credibilidad, el péndulo va a oscilar entre el firme asentamiento-conformidad y la credulidad, rozando a su paso de un extremo a otro toda una serie de discriminaciones semánticas intermedias como son el crédito que se da a algo que se tiene por muy seguro, la certeza en algo no demostrado o sin comprobar, la verosimilitud y la simple sospecha común y generalizada.”

El fragmento pertenece al excelente libro de Carmelo Lisón Tolosana “Demonios y exorcismos en los Siglos de Oro”. Lisón Tolosana es posiblemente el mejor antropólogo español a día de hoy, pero sus textos son muy oscuros y en ocasiones enrevesados precisamente por aquello que decíamos de no poner frases cortas. En cambio, Don Julio Caro Baroja es un excelente ejemplo de cómo tratar temas complicados con una prosa ágil.

Que nadie se piense que de principio nos van a salir trabajos increíbles y ya voy avisando que el mejor arranque de un libro de Historia ya lo hizo Johan Huizinga en El otoño de la Edad Media , “Cuando el mundo era medio milenio más joven…”. Tampoco pretendamos ser maestros a la primera.

Otro que no es manco es J. Elliot. Los ingleses suelen ser magníficos comunicadores. Ejemplo de ello es “El Conde-Duque de Olivares” del citado autor. Te lo lees de un tirón como si fuera una novela y el libro es de un academicismo rigurosísimo. Carlo Ginzburg, cualquiera de sus libros es una delicia leerlos y eso que son muy complicados. Cualquier texto de María Tausiet, ejemplo de escritura académica amena y ágil. Todos ellos, y muchos otros, son maestros en esto de escribir, leedlos y aprended de ellos. Luego, poco a poco, intentad crearos vuestro estilo.

Escribid releyendo lo escrito a la mañana siguiente. Escribid con calma, siguiendo el guión, si no tenemos las ideas claras se para y se piensa. Sed críticos con vosotros mismos. Corregid cuantas veces sea necesario. Si os atrancáis, dejadlo por media hora e iros a tomar algo (sin alcohol) al bar de abajo media horita. Y sobre todo paciencia y calma.

Cuando acabemos se relee el trabajo en su conjunto y luego se pasa el texto a una persona de tu confianza para que lo relea. No es necesario que sea historiador pero sí buen lector. Recordad aquello de que “yo me entiendo muy bien a mí mismo”, pero es necesario saber que otros también nos entienden. Y lo ideal para terminar es que os paséis los trabajos entre compañeros de confianza para que os critiquéis mutuamente. Las críticas se hacen de manera constructiva y seria. Se recogen sus consejos si lo creemos pertinente y le damos el repaso final a nuestro trabajo.

¿Hemos acabado?. Pues NO. Imaginad a un profesor que lee 150 trabajos de la expulsión de los judíos en una semana o a un agente editorial que lee manuscritos como churros. Vamos a darle a nuestro trabajo un acabado serio, diferenciador y elegante. De esta manera llamaremos la atención del profesor sin que este haya leído una línea aún. Cuidado con los sangrados, poned fotos si es pertinente, pies de página….en una palabra, maquetadlo. Es una manera muy eficiente de darle un valor añadido a vuestro trabajo. De todas maneras Juan Cabezas nos hablará más explícitamente de ello a lo largo de la semana.

Y lo más importante, SIEMPRE, SIEMPRE y SIEMPRE por lo menos una copia actualizada de seguridad. Ya hablaremos sobre copias de seguridad, discos duros externos, discos duros virtuales y control de versiones. Tened en cuenta que los ordenadores se estropean, lo borramos de manera accidental, la luz se va y los portátiles desaparecen mágicamente en algunas bibliotecas y eso que Harry Potter no anda cerca. No es la primera vez que leo un cartel que dice “Al que me robó el portátil por favor que al menos me dé una copia de mi tesis”. Dudo que lo haga….

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