martes, 7 de junio de 2011

¿Cómo evitar el estrés del estudiante?

Hola a todos:

Juan Cabezas Alonso me proponía este post. Sinceramente sólo me queda darle las gracias y publicarlo sin tocar una coma. Como podemos comprobar se encuentra muy relacionado con mis últimos post, y aunque algo he dicho de pasada, este artículo lo complementa a las mil maravillas. El tema es realmente serio y en un futuro profundizaremos algo más en ello. Nada más que decir.

Espero os guste.

Fórmula antiestrés: primero no preocuparse por las cosas pequeñas y segundo recordar que casi todas las cosas en esta vida son pequeñas.
Adam J. Jackson

En este artículo realmente voy a hacer uso del castellano dicho de consejos vendo, que para mí no tengo. Lo que pretendo es transmitirles algunas recomendaciones para evitar que la tensión propia de sesiones de trabajo pegados a un escritorio nos pase factura; a mí ya me la ha pasado en alguna ocasión, y no es nada agradable. Como no soy médico ni nada que se le parezca no voy a entrar en ese campo; me voy a limitar a consejos generales o recomendaciones basadas en el sentido común, y que figuran (o debieran figurar) en cualquier oficina, mutua de seguros, etc.

Lo primero es recordar que, digan lo que digan algunos, estudiar puede generar mucho estrés. Siempre recuerdo un chiste que contaba un familiar, que hablaba de un cementerio donde había una tumba que ponía “aquí yace un hombre que nunca tembló”, y alguien escribió debajo “porque nunca se examinó”. Quien no se haya puesto de los nervios antes de ciertos exámenes, o no haya pasado épocas muy tensas preparándolos es un caso digno de estudio; o bien es una especie de Sheldon Cooper, o bien hace honor a la máxima de House. Por exámenes entiéndase también exposiciones en público, redacción de trabajos, preparación de proyectos fin de carrera, tesis o similares, etc. Es decir, someterse a cualquier situación académica donde alguien ha de evaluar nuestros conocimientos o trabajo, y donde podemos jugarnos mucho en ese campo.

Lógicamente, mucho de esto es extrapolable a un puesto de trabajo, pero mientras en el caso laboral la tensión suele tener origen exógeno (clientes gritando, jefes exigiendo, compañeros no colaborando, etc.), en el caso del estudiante la tensión tiene en buena medida origen endógeno. ¿Quién no ha tenido algún compañero (normalmente compañera) que dice que va a suspender, y luego saca un sobresaliente? Normalmente no lo hacen por fastidiar, es que realmente tienen momentos donde sienten esa tensión porque su nivel de autoexigencia es muy alto, y realmente lo pasan mal. Sí, ya se que dan rabia, pero también son criaturitas de Dios. Y no, yo no era de esos; mis pecados se purgarán en otros Círculos del Infierno.

Una ventaja que tiene uno normalmente como estudiante joven (lo matizo porque uno puede y debe serlo durante toda su vida) es que normalmente la condición física es al menos medio decente, con lo cual se tolera razonablemente bien algún exceso, y uno aún está a tiempo de modificar algunos hábitos que pueden ser perniciosos si se mantienen durante toda la vida. Y de adquirir algunos benificiosos también; si no lo tenemos ya, el primero que debemos adquirir es aprender a organizarnos debidamente. Cada persona tiene su propio desorden lógico, pero es importante, para evitarnos tensiones y prisas al final, el poner un poco de orden en el caos, ya que esto nos ayudará a gestionar el parámetro más importante: el tiempo.

Recuerden, un proyecto siempre tiene 3 parámetros: alcance (qué queremos hacer), coste (qué nos va a costar, aunque no sea monetariamente) y tiempo (cuánto nos va a llevar). Y Dios no va a crear más tiempo: el 31 de Agosto de 2011 lo es para todo el mundo a la vez, al menos dentro de nuestro huso horario. Este es casi siempre el parámetro realmente limitante, ya que los otros dos muchas veces pueden negociarse o ajustarse, y es el que nos va a generar el estrés, las prisas, los agobios, el llanto y el crujir de dientes.

Por tanto, para poder lograr nuestro objetivo (estudiar todo el temario, redactar el trabajo, montar la presentación, etc.) es básico organizarnos; al igual que, para minimizar el típico caos del final, estimar el tiempo que nos llevarán las tareas e intentar ceñirnos al mismo. Es importante tener en cuenta también la importancia o complejidad de la tarea; no es demasiado lógico dedicar más tiempo a una asignatura optativa de 6 créditos que a una obligatoria de 9. Ni dedicar más tiempo a escribir un buen prólogo del trabajo que al cuerpo principal del mismo. El mismo razonamiento podemos dedicarle al espacio; Roberto ha explicado muy bien como organizar la extensión de un trabajo.

Para estimar este tiempo, además de nuestra experiencia previa, o de la transmitida por otra gente, hay una sencilla regla que no está mal y les detallo a continuación


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Es decir: el tiempo estimado para una tarea es una media entre el tiempo mínimo que pensamos que puede llevar, el máximo, y 4 veces el que pensamos que es el normal. Para otros parámetros también nos puede ayudar para tener una idea del esfuerzo que requerirá, y sirve para no pecar de optimista ni de pesimista.


Tengan en cuenta, por ejemplo, que si estamos en la universidad, hay tres evaluaciones al año. A mí me empezó a ir mucho mejor cuando me di cuenta de la verdad del refrán que dice que quien mucho abarca poco aprieta, y empecé a ver Septiembre como evaluación normal y no de repesca. Esto es una mera referencia personal; el mensaje que quiero transmitir es que debemos tener todo en cuenta y organizarnos de la forma más eficaz para cada uno, pero teniendo en cuenta que cuanto mejor lo hagamos, menos tensiones sufriremos.

Supongamos que estamos bastante organizados para afrontar el reto que se nos plantea. Roberto ha hablado ya también sobre este tema, e, importante, sobre el lugar de trabajo. Como siempre, la capacidad de concentración varía entre personas, y cada casa es un mundo; pero es importante seguir esas pautas, e, importante, recordar que el resto del planeta no conspira contra nosotros. Si en la calle hay obras o el bebé de la casa de al lado llora no lo hacen por fastidiar. Lo que debemos hacer es buscar alternativas y no enfadarnos (o, al menos, no mucho). Podemos irnos a la biblioteca, buscar otra sala más aislada si podemos, o ponernos los cascos con música, si eso ayuda. Habrá gente que prefiera música clásica (aunque no garantizamos que el famoso efecto Mozart vaya a ayudar), gente que prefiera Marea, o incluso gente que ponga reggaeton. Aquí lo importante es que podamos aislarnos adecuadamente del mundanal ruido y no gruñir demasiado a la gente que nos rodea.

Un tema muy importante, pero en el que no me quiero meter mucho por aquello del intrusismo, es el tema de la alimentación y el descanso. Por mucho que estemos en plena vorágine y no tengamos mucho tiempo, una alimentación durante una semana basada en Coca Cola y hamburguesas muy bien no nos va a sentar, como ya vimos en aquél documental de Supersize Me. Una dieta estricta a base de chocolate y Panteras Rosas tampoco. El meternos cafeína (o cosas menos recomendables) en vena tampoco es que nos ayude a tranquilizarnos; he visto ya más de una taquicardia, y pasarnos varios días a medio dormir tampoco puede ser bueno. Sobre las horas de mejor rendimiento no opino, porque yo estudiaba mejor de noche, pero los profesionales recomiendan respetar los ciclos naturales.

Y llegamos a un tema estrella en esas épocas, y que además funciona como círculo vicioso: los dolores de espalda y hombros, y los ojos enrojecidos tras muchas horas pegados a la mesa, el ordenador y los libros. Esto se enclava dentro de la prevención de riesgos laborales para oficinas, y genera serios problemas a mucha gente y periodos de baja, no es cosa de tomarlo a broma. En muchas partes les podrán dar pautas concretas, como en esta web, pero cuidar la postura, tomarse pequeños descansos y hacer algo de ejercicio es de gran ayuda. Un buen masaje también alivia mucho; se puede plantear como recompensa al final del proceso. Además, sudar un poco ayuda a liberar las toxinas que contribuyen a aumentar el estrés. En todo caso, quien mejor les podrá orientar es un profesional de la salud.

Finalmente, está el tema de socializar y comprobar que el universo no gira en torno a nuestra mesa de trabajo. Además de no olvidar que uno tiene una pareja, una familia, unos amigos o incluso un perro del otro lado de la puerta, es importante apoyarse en ellos, y no gruñirles demasiado cuando estemos más frustrados o tensos. Para liberar tensiones se puede uno bajar al bar a tomar unas cañas viendo el futbol con los amigos o ir al cine con su pareja. Hablar con ellos, verbalizando las frustraciones o la tensión acumulada, incluso buscando unos mimitos, también ayuda. También podemos apoyarnos en ellos; esto no consiste necesariamente en pedirles que nos rellenen un documento o nos ayuden con algún tema que controlan; algo tan simple como que nos preparen también cena y compartirla con ellos nos ayudará a salir al mundo real un rato. Sobre todo, recordad que ellos no tienen la culpa de que nosotros estemos liados, y que relativizar ayuda mucho, como da a entender la cita del encabezamiento: hasta la fecha no se ha acabado el mundo porque alguien haya suspendido un examen o sacado menos nota en un trabajo.

A modo de resumen, en el fondo, el rendimiento se ciñe a la pirámide de Maslow: hay que tener cuidados la alimentación, el descanso, las relaciones sociales, etc. Y, cuanto mejor nos organicemos desde un principio, menos sufriremos los efectos del estrés, especialmente en los días previos al examen, entrega, presentación o pequeña tortura por nuestro bien que toque.

Juan Cabezas Alonso
Si lo puedo imaginar, lo puedo crear.

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